Almas de Papel de Lina Luna novela

Almas de Papel de Lina Luna novela

A compartir, a compartir! Que me borran los posts!!

***SOLO HOY Y ahora supera mi beso de Megan Maxwell 

Regresa Megan Maxwell con una novela romántico-erótica tan ardiente que se derretirá en tus manos.

Sexo. Familia. Diversión. Locura.Vuelve a soñar con la nueva novela de la autora nacional más vendida...

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Almas de Papel de Lina Luna novela pdf

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Poema, acción y un piedad de dispongo de prevés en almas de papel, zoe es una colegial facultativa cuya suceso aproximadamente letárgica no prometía sobremanera se lanza hasta que advirtió a max, joven apuesto y subrepticio que enmendaría su vida por inviolado revelándole su fiel semilla, y en un giro de su emisaria historia abrirá que puede seducir a más de una prójimo.

gesta impactante, habituada en la poblaciĂłn novĂ­simo y un humanidad repentino medioeval con episodio, poema, fantasĂ­a y un final de golpe y porrazo.

¡ven y transparenta esta hermoso historia de poema épico! Una novela agraciada que no te aburrirá.


CapĂ­tulo 1

CAPÍTULO 1 “Timor Domini principium scientiae sapientiam atque doctrinam stulti despiciunt” “El principio de la sabiduría es el temor del Señor los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.” Proverbios 1:7 “¿Habrá alguna idea que merezca no ser pensada de nuevo?” Elías Canetti
Algunos viven en una eterna inconformidad con sus vidas porque anhelaron ser algo más, la mayorĂ­a de las personas desean vivir vidas diferentes a las suyas, bueno ese no era mi caso, yo vivĂ­a la vida tranquila y normal de una chica de diecinueve años que se dedicaba a estudiar y a hacer lo que se supone hacemos las jĂłvenes de nuestra edad. No estaba deseando vivir de otra forma, no era que ahelaba tener una vida extraordinaria ni distinta de los comĂşn salvo forjarme un futuro como todo el mundo quiere hacerlo, estudiar una carrera uniersitaria, graduarme, ser independiente econĂ­micamente, encontrat el amor… todo el mundo quiere encontrar el amor, eso no es nada nuevo, casarme… algĂşn dĂ­a, ÂżPorque no? e incluso, tener hijos… lo normal… No habĂ­a siquiera hecho el esfuerzo por irme a vivir sola porque disfruto mucho de la compañía de mi padre, estaba feliz con mi vida y no querĂ­a otra, sin embargo hay cosas que uno no elige, que han sido asĂ­ desde siempre aunque no las sepamos y que en algĂşn momento han de salir a la luz para desequilibrar tu apacible existencia, eso es lo que me ocurriĂł a mĂ­, despuĂ©s de pensar que ciertas situaciones solo eran posibles en mundos imaginarios, vine a enterarme que la idea de “imaginario” es bastante discutible. ÂżQuĂ© es lo real?, Âżalguien puede definir con exactitud esa idea?, Âżno será que hay algo más que ver y conocer que solo lo que nuestros sentidos son capaces de captar? Y ÂżquĂ© es el ser, y el tiempo, y la materia, y la muerte, y la cosa, y lo que sea?, estas preguntas se han tratado de responder una y otra vez por los grandes genios del pensamiento pero, Âżrealmente alguien ha dado en el clavo con la respuesta? Nunca antes me vi en la necesidad de hacerme preguntas existenciales salvo en las clases de filosofĂ­a y eso porque tenĂ­a que aprobar, pero ahora despuĂ©s de todo lo que he pasado y lo que me falta por pelear no hay nada más claro en mi vida que el preguntarme a diario ÂżquiĂ©n soy, en donde estoy y que es lo que se espera que yo haga?, y para que puedan entenderme, voy a contarles parte de mi vida, aquella parte en donde todo en lo que yo creĂ­a dejĂł de ser, o mejor dicho, en donde creĂ­ en lo que siempre habĂ­a sido. *** *** *** *** *** *** *** *** *** *** *** *** *** *** *** *** *** *** *** *** *** *** *** *** *** *** *** En la mañana, cuando despertĂ© aĂşn podĂ­a recordar algunos detalles del sueño que tuve durante la noche, ese sueño recurrente que he tenido casi desde que tengo uso de razĂłn, en el que veo los personajes de una obra Shakespereana vistiendo llamativos atuendos, las damas van de vestido largo con mangas anchas y ajustados corpiños, y los caballeros suelen blandir relucientes espadas. En mi sueño estoy en una habitaciĂłn de techos altos y abovedados, unos monolitos de piedra superpuestos forman las gruesas paredes decoradas al estilo barroco. La chimenea calienta el interior lĂşgubre apenas iluminado por antorchas colocadas estratĂ©gicamente aquĂ­ y allá, la alfombra de piel de leopardo se derrama extendida por el suelo y en un extremo la pesada puerta de madera con cerrojos de hierro permanece entreabierta como esperando la salida fugitiva de quienes en el interior del salĂłn aguardan impacientes. Sentada en un sillĂłn una joven mujer de tez dulce y expresiĂłn angustiada me abraza y me susurra una tonada infantil con trĂ©mula voz: “…el amor y el perdĂłn son la fuerza más poderosa que existe…” tararea, es hermosa a pesar de lo abatida que se ve, sus largos cabellos caen en una cascada encendida como el fuego a uno y otro lado de su rostro, una exquisita piedra azul de agua marina engastada finamente en una pieza de plata pende de una cadena sobre su pecho, un medallĂłn, de hecho es mi medallĂłn, el que era de mi madre, a quiĂ©n no recuerdo por haber muerto cuando aĂşn yo era muy niña, la mente suele hacerte jugarretas mientras sueñas… Dos doncellas están atentas a los ruidos de afuera, al galopar de caballos desbocados, al chirriar de golpes metálicos seguidos de gritos y profundos lamentos, las brasas consumen la madera seca de las construcciones, los sollozos continĂşan al tiempo que el caos se incrementa, gente corre y grita algo en una lengua que no comprendo, pero que, sin embargo, sĂ© que he oĂ­do antes, el humo comienza a colarse cuál intruso sin permiso por entre las hendijas en el interior del vestĂ­bulo y las llamas suben sobre las paredes lamiendo todo a su paso, hasta llegar al techo, de donde se desprenden las vigas de madera que vienen a caer sobre la dama, un hombre cuyo rostro no puedo ver con una espada en la mano empuja la puerta, y entonces… despierto. Siempre he tenido una extraña fascinaciĂłn por ese perĂ­odo de la historia, no sĂ©, quizás por aquello del “oscurantismo” que da la impresiĂłn de algo oculto, misterioso, de historias que no fueron escritas, nombres no mencionados, fechas y eventos perdidos en el tiempo de los que no quedan registros, bueno, eso es al menos lo que dice mi padre, tal vez ese gusto lo heredĂ© de Ă©l quiĂ©n es un amante de lo antiguo, lo fabuloso y lo mĂ­tico como maestro de literatura que es. TodavĂ­a estaba en mi ensueño de caballeros con armaduras y princesas atrapadas en torres, cuándo sonĂł el despertador y me sobresaltĂł anunciándome que ya era hora de levantarme, otro lunes, otra semana que comenzaba, otra jornada más, mirĂ© el reloj: 05:30 am. Me puse de pie y respirĂ© hondo, casi podĂ­a oler el humo dentro de mi habitaciĂłn como si el fuego del castillo se hubiera filtrado desde la tierra de Morpheus hasta mi cuarto, era asĂ­ siempre que tenĂ­a ese sueño, a veces me despertaba gritando cosas inentendibles y en más de una ocasiĂłn le di sustos de muerte a mi padre que sabĂ­a de mis pesadillas desde chica; me dirigĂ­ directo a la ducha en donde estuve unos veinte minutos bajo el agua tibia para sacudirme la pereza. Me vestĂ­ de forma habitual, con unos jeans desteñidos, una camiseta sin mangas, botas de piel hasta media pierna y una chaqueta, por si llueve, en MĂ©rida nunca se sabe si estará soleado o si de pronto despuĂ©s del medio dĂ­a se desploma un chaparrĂłn, asĂ­ que hay que estar preparada. Ya iba de salida cuando recordĂ© mi marca de nacimiento, rebusquĂ© en un cajĂłn una bandana y la atĂ© a mi mano izquierda para ocultar la mancha rosa de la que todo el mundo quiere saber, y de la que siempre me pregunto por quĂ© si es un lunar parece más un leĂłn con sus patas delanteras levantadas y las fauces abiertas. ComĂ­ en la cafeterĂ­a de la facultad pastelitos con jugo de naranja y luego caminĂ© a travĂ©s de la plaza pasando junto a la estatua donde Don SimĂłn RodrĂ­guez permanece sentado en una banca de parque, inmĂłvil y eterno, con su mirada sabia y tres niños a sus pies escuchando la enseñanza de su maestro, unas chicas se retrataban paradas a un lado, sentadas en la misma banca y haciendo muecas, sonreĂ­ ante la escena, desde que instalaron esa pieza la gente no pierde oportunidad de hacerse fotografĂ­as con ella. SeguĂ­ escaleras abajo y doblĂ© hacia la derecha para entrar al edificio, atravesĂ© el pasillo hasta mi mesa preferida de la biblioteca, me gusta llegar temprano para disfrutar de la soledad y el silencio, y asĂ­ poder leer un poco antes de las clases, además ha sido una costumbre desde que estaba en el colegio, cuando era niña pasaba los ratos de descanso en la biblioteca, mi lugar favorito, siempre preferĂ­ la compañía de un libro a la de la gente y creo que sigue siendo asĂ­, he conocido a muchas personas, pero me cuesta mantener las relaciones sociales llamar por telĂ©fono o enviar mensajes, creo que me comunico mejor con los personajes de las historias que suelo leer que con los seres humanos comunes y corrientes. Hice tiempo hasta el primer bloque de mi nuevo horario, bueno hasta que divisĂ© al otro lado del salĂłn a una parejita en una situaciĂłn incĂłmoda, se trataba de Adriana, una joven con la que habĂ­a cursado buena parte de la carrera, estaba con un chico alto y musculoso de cabello negro, solo lo vi de espaldas por unos segundos y no creo que fuera estudiante de la escuela no me pareciĂł familiar, pero conociĂ©ndola supuse que serĂ­a su novio de turno, no quise quedarme a ver los detalles de su encuentro asĂ­ que me retirĂ© con prudencia. DespuĂ©s de haber recorrido las estanterĂ­as repletas de revistas en la hemeroteca, mire mi reloj y me di cuenta de que estaba sobre la hora, asĂ­ que me encamine a clase de literatura española, estamos comenzando semestre, mi cuarto semestre de letras, bueno para la mayorĂ­a de los que estamos en el curso, el grupo ha sido bastante compacto hasta ahora, están los come libros, que vienen a clase solo por el tĂ­tulo porque ya se han leĂ­do la biblioteca completa, los raros, que visten de negro y se hacen tatuajes aparentando ser algo que no son, los hippies, que traen el cabello pegado y oculto bajo un enorme gorro de lana tejido, los despreocupados que son esos que desde que comenzaron han manifestado que su objetivo no es estudiar letras, sino haber ingresado a la universidad para luego cambiar de carrera, pero que aun asĂ­ siguen aquĂ­, quizás porque muy en el fondo les agrada la literatura o porque no han podido realizar el cambio, quiĂ©n sabe… y los que no encajamos en ninguno de esos grupos, que somos… normales. LleguĂ© atenta a lo que irĂ­amos a leer esta vez, el profesor hablaba de los cantares de gesta, la epopeya española y El Cantar del MĂ­o Cid, aunque leĂ­ parte del poema en el bachillerato, me alegra poder releerlo, esta vez completo y con ojo más crĂ­tico. El ambiente en el salĂłn era como es en la mayorĂ­a de las clases, algunos de los chicos bostezaban aburridos, otros estaban pegados como siempre al telĂ©fono mĂłvil, sonriendo estĂşpidamente de cuando en cuando cada vez que sonaba un ¡ping!, Adriana a quiĂ©n ya habĂ­a visto hacĂ­a un rato, no dejaba de mirarse al espejo y depilarse las cejas con una pinza, por un momento pensĂ© que se sacarĂ­a un ojo haciendo un mal movimiento para evitar que el profesor viera su rutina de embellecimiento, una pareja sentada dos filas delante de mĂ­ se pasaba papelitos por debajo de la mesa cuándo los pillĂł el Sr. Torres y les hizo un gesto de desaprobaciĂłn, otros, tomaban apuntes de cada garabato que aparecĂ­a en la pizarra, asĂ­ que me dispuse a garabatear de buena gana la bibliografĂ­a recomendada para el curso. Al cabo de unos minutos la puerta se abriĂł y un aroma fresco a pino y a brisa se colĂł en el lugar, haciendo que algunos voltearan la mirada en su direcciĂłn mientras lentamente asomaba un rostro que nunca antes habĂ­a visto en clase, ni en la biblioteca, ni en el patio o la cafeterĂ­a de la escuela. —Buenos dĂ­as –Dijo una voz profundamente masculina— Permiso profesor Torres. ÂżPuedo pasar? Enseguida un palpitar como una corriente elĂ©ctrica en mi muñeca izquierda me sacĂł de mi concentraciĂłn, me llevĂ© la mano hasta la bandana tratando de aliviar la sensaciĂłn en la piel. —Creo que es un poco tarde ÂżSeñor…? –ContestĂł el profesor mirando al chico de arriba abajo y dando pequeños golpecitos con los dedos a su reloj. —Aquila… Máximo Aquila, SĂ­, disculpe profesor, es que… bueno… me perdĂ­, no encontraba el… —Está bien, adelante, ¡y que no se repita! —MascullĂł molesto. —Gracias –RespondiĂł en voz baja. El señor Torres parecĂ­a ser un buen tipo, de finos modales y extenso vocabulario, pero tambiĂ©n era uno de esos maestros que se tomaban muy en serio su trabajo de lograr que los estudiantes cumplieran con las normas y aprendieran algo al terminar el curso. El chico comenzĂł a caminar y los ojos de todas las fĂ©minas se posaron sobre Ă©l, pisaba con seguridad, avanzaba con aire despreocupado y casual, directo hacia la silla vacĂ­a junto a mi puesto, me lo quedĂ© viendo sin pensar, en cámara lenta desde que cruzĂł por la puerta hasta que se sentĂł, era uno de esos especĂ­menes que no se ven todos los dĂ­as y de pronto estaba detallando su atuendo de jeans rotos en las rodillas, camiseta blanca y chaqueta de piel. Pintaba unos veinte, era alto, de tez clara, cabello rubio y despeinado, hombros anchos, brazos fuertes… seguro practica algĂşn deporte porque solo con mucho ejercicio se pueden tener unos bĂ­ceps tan desarrollados; su bien formado cuerpo se mueve con gracia y despide un aroma fresco a pino y a brisa, y sus ojos, ah sus ojos… verdes surcados por largas pestañas y unas pobladas cejas hacĂ­an juego perfectamente con sus labios. Un ligero calor emanĂł de mi medallĂłn, llevĂ© mi mano hasta Ă©l y creĂ­ ver un resplandor en el centro de la piedra, a veces el cristal de agua marina parece cambiar de color para tornarse totalmente blanco, no le prestĂ© mucha atenciĂłn. ParĂ© de respirar cuándo notĂ© que se dirigĂ­a hacia mĂ­, y comencĂ© a tomar aire de nuevo antes de ponerme en evidencia. —Hola, buenos dĂ­as, ÂżPuedo? —SaludĂł —Hola, eh… —¿Puedo sentarme? —¡Oh sĂ­!, disculpa, claro. ¡Aush!, quĂ© horror, ÂżquĂ© debiĂł haber pensado de mĂ­?, ¡que soy una tonta deslumbrada!, debe estar acostumbrado, debe sucederle todo el tiempo, no soy el tipo de mujer fácilmente impresionable, pero Ă©l tenĂ­a algo además de su fĂ­sico que me habĂ­a atraĂ­do de inmediato, y para ser sincera nunca en mis cortos diecinueve años de vida habĂ­a visto tanta gracia junta en un hombre, salvo en mi padre que con sus treinta y nueve aĂşn despierta cualquier cantidad de comentarios en las chicas, especialmente en sus alumnas del colegio en donde trabaja e incluso en mi amiga Johanna que siempre tiene alguna flor que lanzarle, es que aparenta unos diez años menos además de tener una forma muy particular de ser, muy atento, caballeroso y con unos modales que ya la gente no se molesta en practicar. Suelo pensar en Ă©l como en un gran hombre, cariñoso y respetable, inteligente, muy divertido y protector, aunque siempre ha sabido darme mi espacio, pues tuvo que criarme y trabajar despuĂ©s de que mi madre muriĂł, Ă©l no habla de eso y jamás lo he visto en plan de conquistas, en ocasiones le he dicho que ya soy grande y que aĂşn puede rehacer su vida sentimental, pero me contesta que hay responsabilidades que no puede eludir.

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