Antes de ti de M. Luisa Lozano

Antes de ti de M. Luisa Lozano

A compartir, a compartir! Que me borran los posts!!

***SOLO HOY ¿Un último baile, milady? de Megan Maxwell 

Regresa Megan Maxwell con una novela romántico-erótica tan ardiente que se derretirá en tus manos.

Sexo. Familia. Diversión. Locura.Vuelve a soñar con la nueva novela de la autora nacional más vendida...

DESCARGAR AQUĂŤ


Libros A Descargar Gratis

Antes de ti de M. Luisa Lozano pdf

Antes de ti de M. Luisa Lozano pdf descargar gratis leer online

Alicia Vega es una joven y brillante doctora cuya vida discurre con tranquilidad. Trabaja en una unidad móvil de emergencias. Una mañana atiende a Noelia y a su esposo tras sufrir un aparatoso accidente de tráfico. A partir de ese momento, la joven doctora comienza una relación de confianza y amistad con Noelia, involucrándose en su mundo y en sus problemas, despertando en ella un sentimiento de protección que hará que se implique cada día un poco más.

Noelia se verá envuelta en una vorágine de sentimientos, dudas, miedos e incertidumbres; ella es una mujer decidida a olvidarse del amor y de su pasado, pero los sentimientos que crecen en su interior la harán replantearse toda su existencia… Sin embargo en ocasiones hay que pasar por el dolor y el sufrimiento para llegar a la felicidad. ÂżConseguirá Noelia sanar las heridas de su alma? ÂżPodrá superar un pasado doloroso aĂşn sin resolver, y volver a confiar?

Una historia llena de dolor, lágrimas, sangre e injusticias… pero tambiĂ©n llena de superaciĂłn y de amor. Un amor tan puro que amenazará con derribar todas las barreras que Noelia ha levantado a su alrededor durante años, todos sus miedos, todos sus argumentos, los sinsentidos de su vida y su lucha interior…

»cap1″

CAPĂŤTULO 1
La mañana amaneció preciosa, el cielo lucia completamente despejado. A pesar de que ya se rozaba el final del verano, el calor en las horas centrales del día aún se hacía notar. Un sol impúdico y rutilante caía de lleno sobre sus cabezas. La ambulancia circulaba despacio, la carretera era sinuosa y estaba mal pavimentada. De vez en cuando había que amortiguar el acelerador por culpa de las obras, el paso se estrechaba en algunos tramos y los vehículos circulaban en fila india.
—¡Malditas obras!, voy a salir de esta carretera, chicos. Esto es un embudo —exclamó el conductor.
—Hazlo, Ismael. No podemos quedarnos aquí atascados —contestó la doctora.
Apenas hacĂ­a unos pocos minutos que habĂ­an conseguido salir de ese atolladero, cuando la emisora comenzĂł a sonar:
—¡Central a unidad 29, responda!
—Sí, central, aquí unidad 29…
—Tenemos un aviso. Accidente de tráfico en Nacional 302, dirección Las Fuentes, a la altura del kilómetro 17. Se trata de un choque frontal entre dos vehículos… con varias víctimas graves. Unidad 29, ¿cuál es su posición?
—Estamos a unos veinte minutos del lugar central, ¡vamos para allá!
El conductor encendió las luces y conectó las sirenas. La ambulancia se dirigió a gran velocidad hacia el lugar donde la central de emergencias les había indicado…
—Ten cuidado, Ismael, hay demasiado tráfico, pero trata de darte prisa, tenemos que llegar cuanto antes.
—¡Sí, doctora Vega!
La radio emitió un pitido agudo…
—¡Unidad 29, responda!
—Al habla unidad 29, les escucho —habló la doctora.
—Nos comunican la presencia de Guardia Civil en el lugar del accidente. Nos han informado de la presencia de tres víctimas, dos de ellas en estado grave, la tercera víctima no responde a estímulos.
—Mira, Alicia… ¡es allí! —dijo el enfermero señalando el lugar con la mano.
—De acuerdo chicos, evaluamos, estabilizamos y trasladamos… nos encontramos a casi una hora del hospital.
Ismael aparcó la ambulancia lo más próxima posible. En el lugar había dos patrullas de la Guardia Civil, un camión de bomberos y un coche de Protección Civil.
—Unidad 29 a central, estamos en el lugar…
—¡Recibido!
Un sargento de la guardia civil se aproximĂł a la doctora para informarle mientras corrĂ­an a toda prisa.
—Soy el sargento Ibáñez. Le informo: se trata de un choque frontal; el impacto provocó que uno de los vehículos se saliera de la calzada, dando varias vueltas de campana. Hay dos ocupantes atrapados en el interior; los bomberos están tratando de sacarlos lo más rápido posible.
—De acuerdo, sargento. Soy la doctora Alicia Vega, necesito evaluar a los heridos in situ, ¿es seguro aproximarse al vehículo?
—¡Afirmativo, doctora! Las puertas ya han sido cortadas y retiradas, en cuanto eliminen la parte superior y el salpicadero podremos sacarlos de ahí… el conductor tiene las piernas atrapadas y está inconsciente, liberarlo será un poco más laborioso. Sacaremos primero a la mujer.
La doctora indicĂł a su equipo las prioridades antes de dirigirse a las vĂ­ctimas.
—Raúl, comprueba el estado de la víctima del otro coche, Ismael y yo atenderemos a estos dos.
El enfermero corriĂł hacia el segundo vehĂ­culo, cargado con una mochila con todo el material necesario.
—Ismael, ¡ayúdame! tenemos que inmovilizarles el cuello con un collarín, quiero sacarlos lo más rápidamente posible, pero debemos de tener mucho cuidado, las lesiones pueden ser muy graves…
La doctora evaluó el estado de las víctimas. Había que actuar rápidamente; por suerte, Alicia Vega era una de las mejores médicos de emergencias, se había graduado en una prestigiosa facultad con matrícula de honor. Podría haber escogido cualquier especialidad, pero a ella le gustaba trabajar en la calle, y lo hacía como nadie. Había nacido para eso. Con tan solo treinta y un años había atendido multitud de servicios de diferente gravedad. Poseía lo que en su trabajo se consideraba como “ojo clínico”, y contaba con una destreza técnica digna de cualquier cirujano.
—¿Cómo están? —preguntó el agente.
—El conductor está inconsciente, me preocupa su estado, mientras esté atrapado no puedo evaluarlo por completo, ¡necesito que se den toda la prisa posible para liberarlo, sargento!
—Lo sé, doctora. Los bomberos están trabajando lo más rápido que pueden —aseguró.
—Hay que tener mucho cuidado con las piernas ¿de acuerdo?, tiene una fractura en el fémur derecho con deformidad importante y es muy posible que tenga más lesiones.
—No se preocupe, lo haremos como usted diga.
—¡De acuerdo!, el paciente está grave e inestable. Presenta traumatismo craneal severo, está en shock… su pulso es débil y el abdomen está rígido, lo que indica la presencia de una hemorragia interna. Haré todo lo que pueda para mantener sus constantes, pero hay que sacarlo ya…
—¿Y la mujer que va en el asiento del copiloto?
—Ella está consciente, presenta un traumatismo torácico, es posible que tenga algunas fracturas costales, pero el tórax parece estable. Su saturación de oxígeno es normal y de momento ventila bien… tiene la ceja derecha lacerada, pero hay que sacarla de ahí para explorarla completamente, es posible que tenga más lesiones. Hay que trasladarlos a un hospital cuanto antes… ¡Ismael, solicita a la central otra unidad!
—El conductor del otro vehículo no tiene pulso, está muerto, Alicia. El coche es demasiado antiguo, ni siquiera tiene airbags, tiene la cara destrozada… ¡ha sido un impacto craneofacial brutal! —exclamó Raúl.
—¡Mierda! Tampoco creo que los airbags hubieran servido de mucho, Raúl, el choque ha sido tremendo. En cualquier caso, ya no podemos hacer nada por él. He solicitado otra unidad, las víctimas están estabilizadas de momento, tenemos que sacarlos pronto. El conductor es el que está más grave, pero tiene las piernas atrapadas. Nos llevaremos a la chica a la ambulancia para evaluarla mientras llegan más unidades.
—De acuerdo, jefa.
—Necesito que le pongas un suero salino y fentanilo para el dolor antes de que la movamos.
—¡Enseguida! —contestó Raúl abriendo su maletín.
Colocaron a la mujer en la camilla con toda la seguridad que pudieron, para no aumentar más las posibles lesiones internas, y la condujeron al interior de la ambulancia para evaluarla…
—Raúl, ve monitorizando sus constantes vitales y avísame de cualquier empeoramiento, tengo que ocuparme del conductor.
El doctor Salcedo fue el primero de su unidad en llegar hasta ella repentinamente.
—¡Ali!
—¡Rober! Gracias a Dios.
—¿Qué tenemos?
—Acaban de liberar a la mujer, Raúl está con ella… el conductor continúa atrapado en el vehículo. Se trata de un varón de treinta y dos años en estado crítico. Traumatismo craneal severo, pupilas reactivas aunque un poco lentas, esta inconsciente. Le he puesto dos vías, salinos y expansores, pero su tensión está cayendo, vamos a necesitar noradrenalina para mantenerla. Lo estoy ventilando mecánicamente a través de un dispositivo supraglótico, es imposible intubarlo hasta que no lo saquen de ahí. No podemos acceder al interior del vehículo, está destrozado. ¡Hay que aislar esa vía aérea inmediatamente! ¡Si no lo sacan pronto, se nos va!
—¡Me ocupo yo! deja que sustituya el respirador —dijo cambiando las conexiones de un aparato a otro con habilidad —la mujer ya está en tu unidad, ve con ella —añadió colocándose el fonendoscopio para comprobar el estado del paciente.
Alicia dudo un segundo, sabía que tenía razón, pero quería ocuparse del conductor personalmente, le había costado mucho mantenerlo estabilizado y no quería dejarlo sin más. Comprendía que la mujer podría empeorar en cualquier momento y había que trasladarla al hospital.
—De acuerdo, Rober, mantenme informada en lo posible por favor.
—Tranquila… ¡no te preocupes, ve!
Alicia sonrió y se marchó corriendo. No era muy alta, pero tenía un cuerpo atlético y bien entrenado, hacía deporte varias veces a la semana para relajarse, sobre todo después de un día duro y estresante de trabajo. Era una mujer inteligente y guapa. Tenía el pelo negro y largo, recogido en una cola, sus ojos eran tan oscuros como su pelo. Poseía un carácter noble con el que se ganaba a todo el mundo, era admirada y respetada por profesionales y pacientes. Había salvado muchas vidas.
Volvió a comprobar el estado de la paciente nada más llegar, sus constantes continuaban normales, pero su respiración comenzaba a agitarse.
—Tranquila ¿cómo te llamas?
—Noe… Noelia —dijo.
—Noelia, soy Alicia Vega, médico de urgencias de ésta unidad, habéis tenido un accidente de tráfico ¿recuerdas lo que ha pasado?
—Ese coche, no lo vimos. Nosotros… ¡Dios mío! —comenzó a llorar.
—Cálmate, Noelia. Dime, el conductor ¿Es tu novio? ¿Tu marido?
—Es Carlos, mi marido… ¿cómo está?
—Tranquila, mi compañero el doctor Salcedo está con él, le están atendiendo —dijo mientras comprimía una herida en su ceja que no dejaba de sangrar —escúchame, Noelia, vamos a evaluar mejor tu estado, dime ¿te duele en algún sitio?
—La cabeza.
—De acuerdo —la doctora comprobó el estado y la reacción de sus pupilas a la luz. La paciente estaba algo aturdida, pero neurológicamente no parecía haber ninguna alteración evidente. Permanecía consciente, orientada y colaboradora.
—Noelia, tienes un traumatismo muy importante en el tórax, voy a examinarte, intentaré hacerlo con mucho cuidado ¿sí?
Noelia asintió con la cabeza, y la doctora comenzó a palpar la zona con delicadeza. Una solitaria lágrima escapó de su ojo izquierdo. Alicia se enterneció al verla y la limpió con sus dedos.
—Me duele muchísimo.
—Lo sé, tranquila. Ya termino ¿de acuerdo? lo estás haciendo muy bien —le dijo con cariño.
Alicia comenzĂł a retirar la ropa con cuidado para examinarla. CortĂł la tela con ayuda de unas tijeras para movilizarla lo menos posible. ObservĂł una marca del cinturĂłn de seguridad y varios golpes que no parecĂ­an tener relaciĂłn con el accidente. ExplorĂł el abdomen, y la pelvis. Cuando comenzĂł a examinar los miembros inferiores, Noelia volviĂł a quejarse de dolor.
—¿Te duele?
—Mucho…
—Vale, tranquila. Noelia, es posible que tengas una fractura en la pierna izquierda, pero no observo ninguna deformidad, por lo que quizás no sea una lesión ósea completa, aun así, no podremos saberlo con certeza hasta hacer radiografías ¿de acuerdo? De momento vamos a ponerte una férula neumática para inmovilizar la extremidad y fármacos para el dolor.
La paciente asintiĂł de nuevo con los ojos cerrados.
—Raúl, ponle otro centímetro de fentanilo.
—Muchas gracias —susurró Noelia.
—¿Te duele en algún otro sitio?
—No lo sé, lo que más me duele es el pecho.
Su respiración comenzó a ser cada vez más dificultosa, apenas le salían las palabras. De pronto, la alarma del monitor comenzó a sonar.
—¡Noelia! ¿Noelia, me oyes?
Sus pulsaciones aumentaron y su nivel de oxígeno en sangre comenzó a descender peligrosamente, la doctora la auscultó…
—¡Joder! ¡Rápido Raúl! el pulmón izquierdo no ventila, parece un neumotórax, ¡hay que ponerle un tubo o se nos va a chocar!
Tras desinfectar la zona, extrajo el kit. Con rapidez y una precisión asombrosa Alicia descomprimió el tórax estabilizando a la paciente rápidamente.
—Está estabilizada, pero tardaremos al menos cuarenta minutos en llegar al hospital, no quiero arriesgarme a que empeore durante el traslado, aún tiene demasiado trabajo respiratorio. Vamos a sedarla e intubarla.
Raúl preparo el material y en unos minutos estaba conectada a un respirador automático y lista para ser trasladada de forma inmediata.
—¿Qué hacemos con esa herida? —preguntó Raúl.
—El corte de la ceja necesitará puntos, lo cubriré y nos vamos —les dijo a ambos.
—¡De acuerdo!, iré informando a la central para que avisen al hospital —añadió Ismael, cerrando el portón trasero de la ambulancia.
El traslado se realizó sin incidencias, al llegar, el equipo médico de guardia los esperaba en la puerta de urgencias del hospital.
—¡Doctora Vega!, nos han informado de su llegada, ¿cómo está la paciente?
—Se trata de una mujer, veintinueve años, víctima de accidente de tráfico. Traumatismo craneal, y múltiples contusiones, posible fractura en extremidad inferior y laceración en ceja derecha. Dolor a la palpación a nivel costal con neumotórax a tensión en hemitórax izquierdo, viene intubada y estable.
—Bien ¡al box de trauma! —gritó.
Varios médicos y enfermeras comenzaron a preparar a la paciente para explorarla y realizarle un estudio más completo. Analíticas, radiografías y otras pruebas. El equipo se retiró para dejarles trabajar.
Mientras rellenaba el papeleo, Alicia se dio cuenta, de que no le habĂ­a dado tiempo a preguntar a Noelia por el origen de los diferentes hematomas que habĂ­a visto por su cuerpo.
Transcurridos unos minutos, se reunió con sus compañeros que la esperaban en la ambulancia.
—Enhorabuena, equipo. Hoy lo hemos hecho bien —levantó su mano para chocar en el aire la de sus compañeros.
—Es muy fácil trabajar contigo, Ali. Eres una máquina, lo sabes ¿no? —dijo Ismael.
La doctora sonriĂł agradecida ante sus palabras.
—¿Se sabe algo del conductor? —preguntó Alicia.
—Aún no… —contestó Raúl.
—Estoy preocupada, están tardando mucho ¿no creéis?
—Es cierto, cada minuto que pasa disminuyen las posibilidades de ese hombre. Espero que vaya todo bien y llegue pronto —contestó el enfermero.
—Yo también. En fin… —continuó Alicia —informemos a la central que volvemos a estar operativos y aprovechemos para comer algo, deberíamos tratar de descansar un poco, este servicio me ha resultado agotador y aún nos queda mucha guardia por delante. Media hora de siesta sería un regalo del cielo.
—¡Cierto! En cuanto te relajas unos minutos después de una emergencia como ésta, es como si te viniera todo el cansancio de golpe. ¡Me apunto a esa siesta! —exclamó sonriente.
Tras reponer todo el material utilizado, y dejar el recurso nuevamente disponible para otro servicio, se apresuraron a comer en la cafeterĂ­a del hospital.
—Es increíble cómo ha quedado el coche ¿no creéis? —dijo Ismael con la boca llena.
—Es cierto —exclamó Alicia— el estado del vehículo daba miedo. Ese tramo de carretera tiene buena visibilidad, no comprendo como inició una maniobra de adelantamiento tan precipitada.
—Seguramente, el conductor creyó que no le daba tiempo y aceleró aún más —dijo Raúl.
—Sí, probablemente fue eso. Suele ser la reacción más lógica si nos pasara a cualquiera ¿no? —continuó Ismael.
Alicia estaba pensativa, apenas pudo acabar su ensalada. Su experiencia le decĂ­a que ese accidente se podrĂ­a haber evitado. Un choque frontal, en una recta y con buena visibilidad, era muy raro. Estaba segura de que habĂ­a sido una grave imprudencia. PensĂł en el conductor y en su mujer, y aunque no solĂ­a emitir juicios, no pudo evitar culparles de la muerte del otro conductor.
Cuando caminaban hacia el cuarto de descanso, situado en una de las habitaciones de la planta baja, la puerta acristalada del área de urgencias se abrió. Roberto Salcedo y su equipo entraron a toda prisa con el conductor. La guardia civil les había escoltado desde el lugar del accidente.
—¡Rober! ¿Cómo está?
—Está muy grave. He conseguido mantener sus constantes con sueroterapia y medicación, pero tiene una hemorragia interna, hay que operarle inmediatamente y llevarlo a la unidad de cuidados intensivos ¿y la mujer?
—Le están haciendo un TAC, hizo un neumotórax izquierdo antes del traslado, tuve que sedarla e intubarla para trasladarla con seguridad.
—Hoy has hecho un gran trabajo Alicia, si no hubieras actuado tan rápido este hombre estaría muerto.
Alicia sonriĂł con desgana, agradeciĂł sus palabras, pero no estaba satisfecha del todo. Un hombre habĂ­a muerto en el lugar del accidente, y una familia quedarĂ­a destrozada por una situaciĂłn sin sentido.
Rober desapareció tras las puertas del ascensor que conducía a los quirófanos de urgencias. La doctora se quedó de pie, absorta durante un minuto…
—¡Doctora Vega!
—Ah, hola sargento. Enhorabuena, han hecho ustedes una gran labor.
—No me las de, cumplimos con nuestro deber. Doctora, necesito algunos datos para el atestado. Al parecer, el vehículo con los dos ocupantes invadió el sentido contrario, probablemente al realizar una maniobra de adelantamiento prohibida en ese tramo de la vía, también parece que circulaban por encima de la velocidad permitida, y el resultado de esa imprudencia, se salda con un fallecido.
—Lo sé, sargento, no he dejado de pensar en ello.
—¿Podemos hablar un segundo?
—¡Por supuesto! —ambos se alejaron unos pasos.
—Necesitaremos el resultado de las pruebas de tóxicos y alcohol en sangre en cuanto sea posible para abrir diligencias.
Alicia caminó unos metros con el agente bajo la mirada preocupada de sus compañeros.
—¿Qué crees que pasará? —exclamó Ismael.
—Pues, si el conductor sale de ésta, probablemente, será acusado de un delito de homicidio imprudente, si además, ha consumido algún tipo de sustancia ilegal se considerará como agravante, ese hombre está bien jodido.
—¿Y la mujer?
—Ella no conducía, será considerada una víctima más…
Tras unos minutos, Alicia se acercĂł hasta ellos mientras charlaban.
Una nueva emergencia los obligĂł a detenerse antes de llegar al cuarto de descanso.
—¡Vaya! —bufó Raúl —se nos jodió la siesta…
—¡No seas protestón!, ya dormiremos luego.
Continuaron trabajando sin descanso durante el resto de la tarde. Al regresar de nuevo a la base tras la cena, estaban tan agotados que se fueron a dormir.

»cap2″

CAPĂŤTULO 2
Al despertar por la mañana, todo el equipo se sorprendió. No hubo ningún servicio urgente durante la noche, ni una sola llamada, parecía un milagro. Normalmente las noches eran horribles y tenían que acudir a diferentes emergencias, a menudo incluso encadenaban un servicio con otro, sin que les diera tiempo a regresar de nuevo a su base. Por fortuna esa noche había sido una de las mejores en semanas y amanecieron completamente descansados.
—¡No me lo puedo creer!, qué noche más buena —dijo Raúl mientras se lavaba la cara.
—Menos mal, ¿verdad? No podemos decir lo mismo del día. De haber salido esta noche, ahora estaría acabada —afirmó Alicia.
—Hace falta algo más que una mala noche para acabar contigo, Alicia —sonrió el enfermero.
—Lo sé…
—¿Un café antes de salir? —exclamó Jorge.
—Por favor ¡mi reino por un café! —dijo la doctora sonriendo.
Al llegar a la cafeterĂ­a se situaron en la barra para pedir sus consumiciones. Una rubia y jovencĂ­sima camarera de ojos claros se acercĂł casi inmediatamente al verlos.
—¡Hola, Alicia! ¿Qué quieres tomar? —preguntó mirando a la doctora sonriente.
—Buenos días, Laura. Tomaré un café largo con leche del tiempo, y una tostada de pan integral con mantequilla por favor.
—¡Enseguida! —se giró para prepararlo.
—Estooo…, Ali —susurró Jorge —¿los demás no desayunamos?
La camarera se alejĂł un poco para colocar el pan en la tostadora, y Alicia se rio por lo bajo. RaĂşl se acercĂł a su oĂ­do discreto.
—A esa camarera maciza, le molas Ali —se rio.
—No digas chorradas, Raúl.
—Esa tía, te tiene en su punto de mira… ¡pareces tonta! ¿No lo ves?
—¡Pues no, Raúl! —clavó sobre él una mirada severa.
—¡Flipo contigo, Ali! Tienes a una rubia cañón, que te desnuda con los ojos y dispuesta a darte sexo salvaje con solo chasquear tus dedos ¿y no te das ni cuenta? ¡Es acojonante!
—¡Oh, vamos! ¡Cállate! ¡Te va a oír! A veces me pregunto qué demonios tienes en la sesera.
El enfermero se detuvo un segundo para tomar aire.
—Sí, si… yo me callo, pero tengo razón y lo sabes. Se muere por tener algo contigo Al.
La joven y atractiva camarera se acercó para servirle el café. Acto seguido, colocó sobre la barra un plato con una perfecta rebanada de pan tostado, un cuchillo y una pequeña porción individual de mantequilla.
—¿Quieres un poco de mermelada?
—Sí, por favor ¿Tienes de naranja amarga?
—¡Claro! Aquí tienes. Que lo disfrutes —la sonrisa de la rubia se hizo aún mayor.
—Gracias, Laura.
—De nada, guapísima —le dedicó una bonita sonrisa a la vez que le guiñaba un ojo.
Alicia le devolvió la sonrisa educada, mientras sus compañeros observaban la escena con la boca abierta y sin pestañear.
—¿¡Lo ves!? Te lo dije…esa rubia acaba de rendirse ante tus ojos.
—Eres cansino ¿eh?
—La tienes en el bote pequeña —guiño un ojo.
—Menudo cupido estas echo.
—Deberías invitarla a salir —insistió.
—¿Estás de coña? No haré tal cosa y deja ya el tema Raúl —contestó seria.
—Eres decididamente obtusa.
—Raúl —interrumpió Jorge —no la cabrees o tendremos que tomar el café de una de las máquinas del hall de la primera planta —bromeó.
—¡Tú misma!, pero a esa tía le gustas y mucho, te lo digo yo. No hay más que ver cómo te sonríe cada vez que venimos. ¡Oh, sí! Se le iluminan los ojos nena.
—¡Es una cría, Raúl!
—Una cría de casi metro ochenta, rubia, con unos ojos de un azul imposible y con un cuerpo digno de una diosa griega —añadió Jorge mirando a la chica con cara de tonto —¿no es suficiente para ti?
—Si tanto te gusta Jorge, ¿por qué no la invitas a salir tú?
—Pues, porque mi mujer me cortaría las pelotas, básicamente…
—Love is in the air. Everywhere i look around. —Raúl comenzó a cantar con voz grabe.
—Love is in the air. Every sight and every sound. —coreó Jorge.
—Sois un puñetero grano en el culo ¿lo sabíais?
La doctora no pudo evitar sonreír, a la vez que negaba con la cabeza, restándole importancia a las tonterías e insinuaciones de sus compañeros. Tenía que reconocer que ciertamente la chica era guapísima, pero a Alicia no le interesaba en absoluto. Aunque le resultaba agradable que alguien se fijara en ella, en su fuero interno sabía que tenían razón: Vaya par de dos.
—Ali ya tiene su desayuno, pero yo estoy muerto de hambre ¿acaso hay que ser mujer para que nos hagan caso? —exclamó Jorge mientras el enfermero tenía sus ojos clavados en algo —¿¡Qué miras con esa cara!?
—¡Mmm, torrijas!
—¡Que goloso eres! ¿Cuántas te comiste ayer?—sonrió Alicia.
—Demasiadas —dijo poniendo cara de pena.
— ¡Pues finge no haberlas visto!
—Eso intento… —se tapó los ojos con las manos.
—Si ves que te apetece una torrija, pero ya te has comido muchas y te entra “regordimiento” pues cómete un donut ¿no? —las carcajadas de Alicia y Jorge resonaron en la cafetería.
—¡Claro! Son pequeños trucos que no cuestan nada y que te ayudan a llevar mejor la ansiedad, Raulito —se mofó Jorge.
—¡Idiotas! Tenéis envidia porque la báscula me adora —bufó.
—Debo reconocer, que no sé dónde demonios metes lo que comes Raúl —dijo la doctora mientras buscaba una mesa con la mirada.
—Tengo buena naturaleza…
—Lo que tienes es el estómago en modo agujero negro activado —bromeó Jorge.
—Sois un par de capullos, pero os quiero igual —aceptó, después de reírse —ahora ¿podemos seguir hablando de la camarera buenorra? Es más divertido. —Raúl, burlón, hizo una mueca sonriendo irónicamente.
Además de compañeros de trabajo, Alicia y Raúl eran buenos amigos. Él era un gran profesional, y mejor persona, desde el principio habían congeniado, muchas veces quedaban fuera del horario de trabajo para ver una película o tomar una copa. Hablaban mucho sobre temas de todo tipo, y Alicia le adoraba. Los tres se encaminaron juntos buscando una mesa libre, se sentaron y charlaron amigablemente durante el desayuno, mientras esperaban al equipo que los relevaría en la guardia. El equipo sanitario trabajaba veinticuatro horas seguidas, mientras que los técnicos-conductores solo hacían doce, por lo que Ismael se había marchado a las ocho de la tarde, y Jorge lo había relevado para el turno de noche.
—Bien chicos, ha sido un placer como siempre, nos veremos en la próxima guardia —dijo levantándose de la silla.
—¿Ya te vas? —preguntó el enfermero.
—Me quedaré un rato más en el hospital, quiero ver cómo está la paciente que atendimos ayer en el accidente. El sargento me dijo que quería hablar con ella lo antes posible.
—¡De acuerdo, jefa! Nos vemos el jueves —sonrió con la boca llena.
—¡Ah! Y procura no comerte todos los dulces de la cafetería ¿quieres?, no pienso pasarme la tarde en urgencias contigo por uno de tus atracones —dijo alborotando su pelo con los dedos.
—¡Sí, mamá! —contestó poniendo los ojos en blanco.
Se despidieron con un abrazo y Alicia se dirigió a uno de los ascensores del hall. Pulsó el botón de llamada y esperó. Las puertas de acero se abrieron y salieron dos personas, a Alicia, el ascensor siempre le pareció un espacio interesante, un recorrido, que a pesar de durar unos pocos segundos, solía resultar ligeramente incómodo. Siempre se preguntó el motivo del curioso comportamiento de la gente en los ascensores. Era como si de repente, todos se encerraran en sí mismos, entraban, pulsaban el botón y se quedaban ahí, perfectamente quietos. El elevador se convertía entonces en un espacio, donde las normas de comportamiento se volvían extrañas, eran ámbitos socialmente curiosos a la vez que muy raros. Las conversaciones que se iniciaban en el hall, en su mayoría, solían extinguirse por completo en la densa atmósfera del ascensor. Por lo general, la gente entraba y se daba la vuelta para ponerse frente a la puerta. En algún lugar de sus mentes, todos se sentían ligeramente ansiosos, y reinaba el silencio, nadie hablaba con nadie. Todos los usuarios de ascensores del mundo, actuaban de la misma forma, incluida ella.
Alicia sonrió para sí misma, al recordar algunos de los momentos vividos entre esas mismas cuatro paredes, cuando ella aún era residente, y soñaba con enamorarse locamente… Qué lejos estaban aquellos tiempos de arrebatos de pasión, de ojos que asomaban por encima de las mascarillas quirúrgicas y que decían cosas que los labios no podían expresar, tiempos de caricias en escaleras desiertas y de besos furtivos en ascensores vacíos, como ese…
Fueron buenos tiempos, en los que Alicia Vega y Sara Ribero, residente de cuarto año de neurocirugía, habían compartido casi dos años de locura transitoria, ninguna de las dos llegó a enamorarse de verdad, pero la atracción física entre ellas, hacía que saltaran chispas. A Alicia le pilló por sorpresa, cuando Sara acabó con su extraña relación, de un día para otro, para perseguir su sueño de convertirse en la mejor doctora, en el campo de la neurocirugía. Se marchó a Estados Unidos y no regresó, de aquello hacía ya, cuatro largos años, y aunque Alicia nunca se lo reprochó, pues ella también era médico y lo comprendía, le dolió, y terminó sufriendo más de lo esperado.
Cuando se recuperĂł por completo de aquel golpe, decidiĂł mantener sus sentimientos en una especie de hibernaciĂłn y no querĂ­a que nadie bajo ningĂşn concepto, intentara reanimarlos. Ni siquiera la hermosa joven de la cafeterĂ­a. Estaba bien asĂ­, centrada en la medicina y con el corazĂłn en estado vegetativo.
En cuanto se abrieron las puertas del ascensor, sus pensamientos se desvanecieron con la misma rapidez que el recuerdo de Sara Ribero. Tras abandonar el pequeño cubículo, cruzó decidida el pasillo de la tercera planta, algunas enfermeras y médicos la entretuvieron, preguntándole por los detalles del accidente. La gente a veces era indiscreta y chismosa. Al llegar al control de enfermeras, saludó:
—Hola, Marta.
—Hola, Ali. Perdón… doctora Vega ¿a qué debo el honor de ésta visita?
—Pues…
—¿No me digas que por fin vas a acceder a cenar conmigo? —exclamó de modo sensual bajando el tono de la voz.
—Alicia sonrió —no pierdes una oportunidad ¿eh?
—Bueno, ya sabes lo que dicen, quien la sigue…
—En realidad, vengo por la paciente que traje ayer por la mañana, me han dicho que ya está ingresada en esta planta.
—¿Y cómo se llama la afortunada?
—Se llama Noelia, Noelia Fuentes.
—¿Y qué gano yo si te doy esa información? ¿Una cita quizás? —exclamó sonriendo con simpatía.
—Marta… ¿Podrías decirme en qué habitación está por favor? —murmuró suavemente sin hacer caso de ese último comentario.
Marta hizo una mueca al darse cuenta de la indiferencia de la doctora hacia su proposición. Llevaba meses detrás de conseguir una cita con ella, y no estaba acostumbrada a que la rechazaran. Sobre todo, después de haber tenido un “rollo” de una noche, durante una de esas cenas del hospital previas a la Navidad, en las que mucha gente se terminaba desmadrando, pero Alicia no sintió nada más allá de la pasión del momento, donde el alcohol había sido protagonista, y no quiso continuar algo que para ella, no tenía ningún sentido.
Marta era caprichosa. Su físico de impresión y su carácter dominante alimentaban su ego de tal forma, que no tardó mucho tiempo en ser conocida por sus escarceos amorosos en el hospital, sin importarle demasiado el género.
Era una mujer extremadamente atractiva, y con una vida social y sexual tan intensa, que resultaba abrumadora. Su cabello pelirrojo, sus labios gruesos, una mirada turquesa cargada de erotismo, y un cuerpo con curvas generosas, la hacían destacar poderosamente por encima del resto, ella lo sabía, y lo utilizaba a placer. Esa mujer era un derroche de sexualidad, y cuando quería algo, casi nunca se le resistía, por lo que Alicia Vega sin quererlo, se había convertido en un reto para ella, en un divertido juego que ansiaba ganar, y las reiteradas negativas por parte de la doctora, no habían hecho más que incrementar ese deseo.
—Habitación 310 —exclamó seria, y se dio la vuelta molesta para rebuscar entre los historiales.
—Bien, muchas gracias, Marta, ya nos veremos ¿de acuerdo?
—Cuenta con ello —sentenció dando por zanjado su encuentro.
La habitación estaba situada en el pasillo de la izquierda, cuando llegó, se detuvo unos segundos, giró el pomo suavemente y abrió la puerta despacio. Era algo temprano y la paciente aún estaba dormida. Parecía estar mucho mejor, le habían retirado la sedación y el tubo que la ayudaba a respirar, llevaba una mascarilla de oxígeno y sus constantes estaban estabilizadas. Junto a su cama, había diferentes bombas de infusión, para administrarle sueros y fármacos para el dolor. Un vendaje circular cubría su pecho, y llevaba una escayola hasta la rodilla en su pierna izquierda.
La doctora contempló su situación clínica en silencio, tratando de no despertarla. Se acercó despacio y comprobó el estado del tubo de tórax que salía del vendaje por su costado izquierdo. Todo parecía estar en orden, levantó la vista y se fijó un poco más detenidamente en ella, tenía la cara hinchada y la herida de su ceja estaba suturada y cubierta por un apósito. Aún con ese lamentable aspecto, le pareció que era una mujer muy atractiva. Era esbelta, de labios finos y nariz recta, tenía el cabello largo y ondulado de color castaño claro y su piel estaba un poco bronceada. Se fijó en sus manos, de aspecto delicado y finos dedos.
Una de las maquinas emitiĂł un pitido agudo, y la paciente se despertĂł.
—Buenos días, Noelia —dijo la doctora tomándole la mano con una sonrisa.
—Buenos días —contestó un poco confusa.
—Soy Alicia Vega, la doctora de la unidad que te atendió ayer en el accidente ¿me recuerdas?
—Hola doctora, claro que sí.
—Acabo de terminar mi guardia y quería pasar a verte antes de marcharme a casa.
—Es usted muy amable, no tendría que haberse molestado.
—No es molestia —sonrió.
—Quiero aprovechar para darle las gracias por todo, si estoy viva es gracias a usted.
—Bueno, es mi trabajo, pero dime ¿cómo te sientes? —preguntó mientras sacaba una pequeña linterna del bolsillo de su uniforme.
—¿La verdad? Me duele todo —contestó mientras la doctora inspeccionaba sus ojos a la luz.
Pudo observarlos durante un segundo con detenimiento, tenía los ojos color avellana, de un tono extrañamente claro, casi, como el ámbar. Era un color tan complejo como magnífico. A Alicia le pareció que esos ojos incluían la dinámica de diferentes elementos unidos, para crear la original obra de arte que se representaba en cada uno de ellos. El color de sus ojos, era único, fascinante y misterioso, era difícil apartar la vista de unos ojos así de cristalinos y con ese toque ámbar tan bello. Dios, qué ojazos.
De repente, se dio cuenta de que esa forma de mirar a su paciente no resultaba apropiada y se retirĂł.
—Es normal que estés dolorida, el impacto fue tremendo, vuestro vehículo se salió de la calzada dando varias vueltas de campana, podría haber sido mucho peor, has tenido mucha suerte ¿sabes?
En lugar de contestar, Noelia se quedó durante unos segundos con la mente en blanco, y con la mirada perdida en un punto fijo. Como si estuviera inconscientemente buscando un equilibrio mental que no terminaba de encontrar, lejos de cualquier estímulo, ensimismada, abstraída…
—¿Estás bien?
—Sí, disculpe.
—Te has ido durante un instante.
—Lo sé, lo siento.
—No importa —respondió la doctora suavemente.
—Por desgracia, las cosas siempre pueden ser peores ¿no?—murmuró.
—Sufriste un traumatismo torácico importante, tienes varias costillas rotas, una de ellas perforó tu pulmón izquierdo y tuve que ponerte ese drenaje que llevas en el costado, me hiciste correr un poco ¿sabes?
— Lo siento.
—No te disculpes, es mi trabajo.
—¿Y Carlos?
—Verás… tu marido sufrió una rotura de bazo que le provocó una hemorragia importante, por suerte le operaron rápidamente y de momento está estable, permanece intubado en la unidad de cuidados intensivos.
—¿Se va a recuperar? —preguntó en un susurro lleno de desconcierto.
—No te voy a mentir, su estado es grave, el TAC muestra un derrame cerebral y tiene varias fracturas; de momento hay que esperar a ver cómo evoluciona, pero es un hombre joven y fuerte, estoy segura de que seguirá luchando… cuando estés mejor podrás subir a verle.
—Preferiría no hacerlo de momento.
Su voz sonó fría, la doctora pensó que dado el estado clínico de ambos, quizás era mejor esperar un poco.
—Lo comprendo, es mejor que te recuperes primero.
—No puedo creer lo que ha pasado —se lamentó.
—Noelia, ¿quieres que avisemos a alguien? La guardia civil no ha podido contactar con tu familia, aunque sí con la de tu esposo, están de camino.
—¿Mis suegros están aquí? —dijo con la cara desencajada.
—Aún no han llegado, pero lo harán pronto.
Noelia apartĂł los ojos de la doctora y por un momento sus manos comenzaron a temblar y tanto su voz, como su mirada, se tornaron tristes. La reacciĂłn no pasĂł desapercibida para Alicia, pero no dijo nada al respecto.
_Veras Noelia, los agentes quieren hacerte algunas preguntas, al parecer tu marido cometió un adelantamiento prohibido y…
—El conductor del otro vehículo… ha muerto ¿verdad? —la interrumpió.
—Así es… —confirmó la doctora con tristeza.
—Le vi…
—¿Cómo dices?
—Fue una milésima de segundo, justo antes de chocar. Le vi, vi al conductor del otro coche…se cubrió la cara con los brazos en un intento de protegerse del impacto, Dios mío… —una lágrima se deslizó por su mejilla.
—No te atormentes, no te hace ningún bien, créeme.
—Hablaré con ellos —dijo bajando la mirada.
—Hay otra cosa —dudó antes de hablar —mientras te examinaba, observé unas lesiones en tu cuerpo, unos hematomas, no parece nada grave, pero no creo que estén relacionados con el accidente ¿podrías decirme a qué son debidos?
La paciente se quedĂł en silencio y transcurridos unos segundos levantĂł la mirada de nuevo hacia la doctora y contestĂł.
—Me caí con la bicicleta hace unos días.
—¿En la bicicleta? Has debido caerte de una forma muy extraña, tienes hematomas en ambos brazos y en la espalda.
Noelia la miró con gesto duro —¡ya le he dicho que me caí! No tengo mucho equilibrio —su respiración se agitó ligeramente y comenzó a toser, activándose la alarma del monitor.
—De acuerdo, tranquila, respira…no pasa nada ¿vale?, descansa un poco, les diré a los agentes que pasen mañana, si te parece bien.
—Perdóneme, doctora, no quería ser irrespetuosa, he pasado muy mala noche y estoy un poco cansada.
—No te preocupes, Noelia, lo comprendo perfectamente, será mejor que me vaya y te deje descansar.
Alicia caminĂł hacia la puerta y antes de que pudiera salir de la habitaciĂłn, Noelia le pregunto:
—¡Doctora Vega!
—¿Sí?
—¿Vendrá otro día?
La doctora se quedĂł tan sorprendida por su peticiĂłn, que en un primer momento no supo que contestar. Se produjo un silencio breve hasta que Noelia lo rompiĂł:
—Yo… verá no tengo familia, mis padres murieron hace años, casualmente en otro accidente de tráfico y me criaron mis abuelos, viven lejos, son muy mayores y prefiero no contarles nada de momento, solo tengo a Carlos y bueno… es igual, no me haga caso, seguramente estará muy ocupada como para perder el tiempo con alguien a quien ni siquiera conoce.
—¡No…! ¡Bueno, sí! Estoy ocupada, pero me encantaría pasar a ver cómo estás. No te preocupes ¿vale?, si hay algo que pueda hacer por ti, por favor, díselo a las enfermeras ¿de acuerdo?, ellas me lo comunicarán…
Noelia se las ingenió para mantener una débil sonrisa a flote e inspiró con fuerza. Su voz sonó dulce…
—Gracias.
—No tienes porqué darlas, ahora descansa un poco, volveré mañana.
Abandonó la habitación preguntándose porqué se había puesto nerviosa. No era la primera vez que visitaba a alguno de los pacientes que había atendido durante su turno, pero no entendía por qué, aquella joven le resultaba distinta a los demás… había algo en ella, que provocaba en Alicia la necesidad de ayudarla. Ese pensamiento daba vueltas en su mente, mientras caminaba por el parking del hospital hacia su coche. Cuando arrancó su vehículo, se sorprendió a sí misma escudriñando las ventanas del tercer piso, en busca de la que correspondía a la habitación 310. ¿Qué estás haciendo Ali?, se preguntó al darse cuenta.

»cap3″

CAPĂŤTULO 3
Había transcurrido algo más de una semana, durante la cual Alicia había visitado a Noelia regularmente en el hospital, iba a verla casi a diario, pasaba con ella todo el tiempo que podía. Poco a poco fueron entablando una relación de confianza mutua.
Esa mañana al llegar, Alicia tomó el ascensor, tenía la mente en blanco mientras observaba como cambiaban los números en el panel digital. El ascensor paró en la tercera planta y se abrieron las puertas de acero. Miró a su alrededor, pero no encontró ninguna enfermera en ese momento, entró en el control y revisó la historia de la paciente de la 310.
Sonrió al ver que su evolución era adecuada, Noelia mejoraba poco a poco, le habían cambiado la mascarilla de oxígeno por un dispositivo más cómodo, ya no necesitaba suero y tomaba los calmantes por vía oral. Nada más llegar a la habitación y antes de poder llamar, la puerta se abrió de pronto y apareció Marta, junto a una auxiliar, la habían aseado y ayudado a levantarse, las fracturas de sus costillas estaban consolidando bien, pero aún le costaba mucho moverse sola.
—¿Otra vez por aquí, doctora Vega?
—Buenos días, Marta, venía a ver a la paciente.
—¡Vaya!, qué suerte tienen algunas ¿debo empezar a ponerme celosa? —dijo descaradamente mientras salía de la habitación.
—Marta, por favor…no empieces.
—¿Qué quieres que haga? No se puede olvidar a la reina, jugando a las damas…
Alicia puso los ojos en blanco. Marta era una mujer muy obstinada y no se rendía con facilidad a pesar de un palpable desinterés por parte de la doctora.
—Si necesitas algo, puedes llamar al timbre, estaré encantada de atenderte personalmente —dijo rozando su mano con disimulo mientras se alejaba contoneándose.
Ésta mujer es incansable, pensó mientras la veía alejarse por el pasillo.
EchĂł un vistazo al interior de la habitaciĂłn antes de entrar. Noelia estaba sentada en una butaca mirando por la ventana, llevaba un camisĂłn del hospital anudado a la nuca, los monitores habĂ­an desaparecido, sus constantes se habĂ­an normalizado definitivamente. Su pierna izquierda estaba elevada descansando sobre una silla. Por suerte, la otra cama estaba desocupada y podĂ­a tener la habitaciĂłn para ella sola.
—Buenos días —dijo la doctora con voz dulce.
—¡Doctora Vega! —La alegría se reflejó en el rostro de Noelia—. ¡Pase por favor!, tenía ganas de verla, quisiera preguntarle algo.
—Me alegra verte por fin fuera de esa cama, Noelia.
—Por favor, llámame Noe.
—De acuerdo, Noe, pero solo si tú dejas de llamarme doctora Vega ¿vale? Mi nombre es Alicia.
—De acuerdo, Alicia —exclamó sonriendo.
—Bueno, cuéntame… ¿qué tal te encuentras?
—Estoy bastante mejor, deseando darme una ducha como Dios manda, el aseo en la cama es un asco. Aunque hoy me han ayudado a levantarme y me han lavado el pelo.
—Ten paciencia, pronto te retirarán los vendajes y estarás en condiciones de darte una ducha caliente, con cuidado de no mojar esa escayola por supuesto —sonrió.
—Me han dicho que me van a proporcionar unas muletas, por fin podré pasear un poco, ir al baño yo sola y salir de esta habitación ¿te lo puedes creer? Nunca pensé que unas actividades tan cotidianas pudieran proporcionar tal satisfacción.
Ambas mujeres rieron durante un rato, Alicia no paraba de hablar y de sonreĂ­r y Noelia la observaba completamente entusiasmada.
—La herida de tu ceja está cicatrizando muy bien, creo que apenas te quedará marca —exclamó Alicia mientras pasaba sus dedos delicadamente por el contorno de la herida.
Al tocarla tuvo una extraña sensación, su estómago se contrajo y su corazón comenzó a latir más rápido. Sus dedos acariciaron su piel de forma tímida, asustadiza, como si se hubieran lanzado a hacerlo a pesar suyo. Se puso nerviosa y cuando Noelia la miró, tuvo que desviar la vista.
—En un par de días te retirarán los puntos.
—¿Podrías hacerlo tú?
—¿Yo? —musitó.
—Confío en ti más que en nadie en este hospital.

ÂżTe ha gustado esta muestra?

Descarga el libro para seguir leyendo

ENLACES DE DESCARGA EN PDF

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cĂłmo se procesan los datos de tus comentarios.