Déjame Sentirte (Almas perdidas nº 2) de Vanny Ferrufino

Déjame Sentirte (Almas perdidas nº 2) de Vanny Ferrufino

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***SOLO HOY ¿Un último baile, milady? de Megan Maxwell 

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Déjame Sentirte de Vanny Ferrufino pdf

Déjame Sentirte (Almas perdidas nº 2) de Vanny Ferrufino pdf descargar gratis leer online

Hope Smith ya ha perdido mucho, por lo que ahora sólo le queda recuperar todo el tiempo perdido y empezar a vivir su vida como corresponde.

Después de haber causado un gran daño en la vida de Hope, Cedric nunca consideró que sus caminos pudieran juntarse de nuevo ni mucho menos que su corazón seguiría latiendo de la misma manera cada vez que la tuviera tan cerca o sus ojos se posaran en la impresionante mujer en la que se había convertido.

Ya no son marido y mujer, ella ha rehecho su vida y tiene a alguien más a su lado, por lo que Cedric haría bien en recordar que ahora es un hombre comprometido.

»VannyFerrufino»

Déjame Sentirte (Almas perdidas nº 2)

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Prólogo
Manhattan, Nueva York.
Cedric observó los documentos que el abogado de Hope deslizó sobre el escritorio y las manos empezaron a temblarle al darse cuenta que eso en verdad estaba sucediendo y no se trataba de un mal sueño.
Llevaba veintidós meses sin saber absolutamente nada de su esposa y le era difícil asimilar el hecho de que se encontraba ahí, en el despacho de Guillermo Reagan, su abogado y padrino, lidiando con la demanda de divorcio que ella le envió.
—Creí que mi esposa estaría presente —espetó con voz tensa, arrastrando sus palabras, no muy feliz por la ausencia de Hope.
—La señorita Smith prefiere mantener distancia.
¿Por qué? ¿Temía qué pudiera hacerle daño?
Presionó las manos en dos puños al recordar lo malnacido que fue al golpearla durante su última discusión y un escalofrío recorrió su espina dorsal al darse cuenta, otra vez, que lo que hizo no tenía perdón.
«Déjala ir, ella no es para ti», se dijo a sí mismo y la garganta se le cerró cuando Guillermo comenzó a revisar los documentos.
Había pensado que podría verla, que podría hablar con ella y pedirle perdón por todo el daño que le hizo, pero todo indicaba que había pecado de iluso porque Hope no se mostraría, no cuando tenía tanta desventaja debido a su ceguera y él actuó como un salvaje en su último encuentro.
—¿Qué sucede? —Enderezó aún más la espalda al ver que Guillermo fruncía el ceño.
Sabía que tenía mucho que perder ese día; se habían casado por bienes mancomunados y por derecho Hope era dueña de toda la mitad de sus bienes y fortuna.
—¿Su clienta está segura de esta decisión? —inquirió su padrino, ignorándolo, y el abogado de Hope asintió.
—Ella no quiere nada del señor Collins y renuncia a todo lo que él pueda ofrecerle. La intención de mi clienta es cortar todos los lazos que pudieran llevarlos a tener algún tipo de relación o interacción en un futuro muy cercano o lejano.
Decir que se sentía sorprendido era poco y lo menos que quería era sacar conclusiones precipitadas y pensar lo peor de Hope —como que detrás de todo este acuerdo había un vil engaño—, por lo que intercambió una significativa mirada con Guillermo y este asintió, deslizando los documentos en su dirección para que los firmara.
—¿No menciona nada de la herencia de mi padre?
En unos meses sería la segunda lectura del testamento y el estar divorciados sería algo bastante perjudicial para sus hermanos. Sin boda ni hijo en camino, Hope era la única dueña de todos los bienes y dinero de su difunto padre.
—Me temo que no —decretó Guillermo—, pero renunció a tu dinero, está claro que eso es lo que menos le importa. Estoy seguro que encontraremos la manera de que devuelva la fortuna de Eugene. —Él también quería creer que Hope no se apropiaría de algo que no le pertenecía—. Es una mujer honrada, será fácil lidiar con ella.
Ciertamente Hope era una mujer honrada y bondadosa que tuvo la desdicha de encontrarse con su familia. Esa era la principal razón por la que le estaba brindando su libertad, ella no merecía seguir atada en matrimonio a un hombre como él. Cedric ya se había resignado a que sus caminos no estaban destinados a seguir el mismo rumbo y lo mejor para todos era que él soltara aquello que nunca podría ser posible.
Firmó los papeles sin titubear, más listo que nunca para regresar a ser un hombre soltero y nuevamente lamentó no haber podido ver a Hope ese día.
Le urgía hablar con ella y disculparse por todo el daño que le había hecho en el pasado.
El abogado de Hope se retiró bastante satisfecho por el cómo habían llegado a un agradable acuerdo —dejando a Cedric tan bien parado como había estado antes de estar casado— y una vez que estuvieron a solas en el despacho de Guillermo, Cedric decidió tocar un tema que aún era bastante delicado para todos ellos.
—¿De verdad crees que nos entregará el dinero de mi padre? —Sonaba tenso y la rigidez de sus hombros era la clara señal de que se sentía muy intranquilo en cuanto al tema—. Su madre está viva y posiblemente su consejo sea aferrarse a la herencia de mi padre tanto como sea posible, ambos sabemos que Gena ama quedarse con lo que no es suyo y es mucho dinero el que está en juego.
Si bien con los años había entendido que su madre tampoco fue una santa en todo el problema que unía a sus familias, él seguía sin fiarse de Gena Smith.
—Me temo que la respuesta que te dé será muy incierta y no deseo generarte ningún tipo de falsa esperanza, todo lo que quieres saber lo sabremos después de la lectura del testamento y por ahora sólo puedo enviarles las citaciones correspondientes para que asistan al mismo. Sin Hope aquí será imposible hacer la lectura.
En dos meses volvería a verla.
En dos meses enfrentaría a su ex esposa.
En dos meses ella le recordaría que al final del camino no pudo hacer nada por su ceguera y seguía siendo el único culpable de todas sus desgracias.
Cuando llegó a su oficina, esbozó una sonrisa al ver a Sophia tras de su escritorio con el celular en mano. Se veía nerviosa y ansiosa, no podía dejar de alborotar su oscura cabellera y de vez en cuando se llevaba una de sus largas uñas a la boca para mordisquearla.
Se cruzó de brazos y decidió acabar con su sufrimiento.
—Llegas temprano.
La hermosa morena de ojos oscuros abandonó su lugar y lo observó con ansiedad desmedida, esperando que dijera algo de suma importancia. Ella deseaba escuchar aquello que llevaba meses anhelando oír.
Cedric asintió.
—Soy un hombre libre, ya podemos casarnos.
Hizo una mueca cuando Sophia chilló con emoción contenida y extendió los brazos para recibirla y permitir que se colgara de su cuello de la misma manera que solía hacerlo hace más de trece años.
Cuando hace más de un año se reunió con sus compañeros de la preparatoria, nunca se imaginó que se reencontraría con su primera novia y que ella regresaría a su vida de una manera tan abrupta, brindándole días de paz y felicidad, demostrándole todo su amor y paciencia durante su evolución como persona.
Su abrazo se hizo más fuerte al recordar todas las razones que tenía para aferrarse a su novia y enterró la nariz en su coronilla. Ese era su presente y ahora debía mirar hacia adelante porque al final del camino estaba Sophia, la mujer que realmente era para él.
No Hope, nunca sería Hope, y lo más sensato sería aceptar esa dura verdad de una vez por todas.
Capítulo 1
Un año después.
Londres, Inglaterra.
Cedric le dio un sorbo a su chocolatada mientras observaba el ardiente fuego de la chimenea y nuevamente clavó la vista en la pantalla de su laptop. Muy pronto entrarían a Julio y llevaba medio año viviendo en Londres junto a Sophia —aunque su prometida solía regresar por breves temporadas a Manhattan para visitar a sus padres y amigas— e incluso así no había forma de que pudiera dejar de pensar en Hope, su exesposa, quien llevaba más de tres años desaparecida y su ausencia no hacía más que dilatar la lectura del testamento de su padre.
«Y preocuparme».
¿Su ausencia era por todo el odio que seguramente sentía hacia él o porque no se encontraba bien?, ¿podría ser que su intención fuera perjudicar a sus hermanos de alguna u otra manera?
De ser así, Hope sólo estaba perdiendo el tiempo porque sus hermanos nunca pasarían un mal momento en cuanto al ámbito económico; al menos no mientras Cedric estuviera vivo y tuviera los medios necesarios para cuidar de ellos. No obstante, eso no quería decir que no quisiera que sus hermanos recuperaran lo que por derecho les pertenecía.
Felicity estaba estudiando contabilidad y finanza en la universidad de Manchester, una carrera que, si bien él consideraba bastante útil, dudaba mucho que fuera el fuerte de su hermana. Sin embargo, no quería meterse en las decisiones de la rubia y en esta ocasión le permitió probar suerte y poner a prueba sus propias capacidades.
En cuanto a William… él seguía en Manhattan y Guillermo estaba tratando de prepararlo para que pudiera guiar el bufete de abogados de su familia sin ningún inconveniente, pero lastimosamente su hermano no le ponía mucho interés a su trabajo y por ende sus ingresos estaban por debajo de sus gastos, por lo que Cedric aún debía velar por el caprichoso e inmaduro rubio que llevaba perdiendo el tiempo en juergas y vicios desde hace dos años.
Si William no mostraba una mejora en los próximos meses, Cedric tendría que optar por quitarle su ayuda económica.
Tamborileó los dedos sobre su regazo y muy cautamente miró por encima de su hombro, encontrando la sala en total silencio y penumbras, y aprovechando la ausencia de Sophia sujetó su laptop y se conectó a internet con la esperanza de encontrar alguna señal de Hope. Como de costumbre no encontró nada de ella, ni de Joy, ni de su madre y ni de ninguno de sus amigos.
Se pasó una mano por el cabello con frustración, ¿es que esa mujer nunca dejaría de atormentarlo?
—¿Qué sucede? —La melodiosa voz de Sophia lo hizo cerrar rápidamente su laptop y girar el rostro en su dirección—. ¿Por qué no subes a dormir? —Se acercó al sofá y Cedric forzó una sonrisa al ver que observaba su laptop con recelo.
Odiaba haber sido atrapado de infraganti haciendo algo que no debía.
¿Acaso podía tener peor suerte?
Su gesto se tornó oscuro al ver que tenía una copa de whisky en mano.
—¿Por qué bebes a esta hora? —inquirió con voz ronca y sujetó su muñeca para que se sentara a su lado—. Me prometiste que ya no lo harías.
Sophia se ruborizó y dejó su copa junto a su chocolatada.
—No lo sé, me sentí un poco ansiosa. —Al parecer ella tenía que retomar sus sesiones con la psicóloga, en los últimos meses la había notado bastante bien y no entendía por qué repentinamente mostraba esos cambios—. Últimamente estás actuando muy extraño.
—¿Te parece? —Enarcó una ceja, entretenido.
—¿Es por el nuevo videojuego?
Ese era otro de los muchos asuntos que debía manejar y la verdadera razón por la que se habían mudado a Londres hace medio año.
—¿Aún no ha sido aprobado? Tengo entendido que el lanzamiento está preparado para agosto y no puede pasar de ese mes si quieres que esté disponible para las fiestas navideñas. En menos de dos semanas será julio, Cedric, ¿por qué no pueden terminarlo?
Suspiró.
—Samuel sigue en busca de un ilustrador que se adapte a las exigencias de nuestros inversores y socios, me temo que nos está tomando más tiempo de lo esperado.
Durante años sus videojuegos habían ido dirigidos a un público adulto, pero ahora que había desarrollado uno específicamente para niños, sus ilustradores se habían quedado atrás con sus propuestas.
Ninguno podía acoplarse a lo que ellos querían y por ende estaban buscando a alguien cuyo trabajo estuviera dirigido a un público infantil y entendiera mejor la mentalidad de los niños.
—Pronto encontrarán a alguien adecuado para el trabajo. —Lo abrazó por el vientre—. Y así serás todo mío a partir de septiembre y podremos planificar los últimos detalles de nuestra boda. Noviembre está muy cerca y no veo la hora de que te conviertas en mi hombre.
Cedric carcajeó roncamente y acarició su brazo desnudo, admitiendo que él también quería casarse con ella. La relación que formó con Sophia era muy diferente a la que alguna vez tuvo con Hope, puesto que con la rubia se había dado la oportunidad de formar un vínculo más fuerte y maduro al darse el tiempo necesario para conocerse mejor y tomar la decisión de formar una familia con ella.
Nadie se la impuso, nadie los obligó a pasar tiempo juntos.
Sophia estuvo con él en el momento más duro de su vida, cuando con ayuda de su psicóloga tuvo que aceptar que Hope no era la mujer de su vida y él le había generado un gran daño a la joven al querer mantenerla a su lado a base de mentiras y engaños. Hope lo había llevado al límite y todo porque durante muchos años fue un fantasma en su vida y el saberla viva lo convirtió en un ser egoísta y posesivo.
Ladeó el rostro, no quería recordar lo excesivo que había sido cuando se casó con Hope.
Sophia fue muy valiente y paciente al quedarse a su lado, primero como amiga y luego como mujer. Ahora Cedric se sentía bien, bastante satisfecho con su vida y su novia, sólo que suponía que hasta que no se leyera el testamento y Hope saliera completamente de su vida no podría sentirse realmente tranquilo, porque no había día que no pudiera pensar en su exesposa.
—¿Sigues preocupado por la ausencia de las hermanas Smith?
Su novia lo conocía muy bien.
—Es mucho dinero el que está en juego, las propiedades de mi padre y la casa de Manhattan son muy importantes para mis hermanos.
—Pero no entiendo ¿por qué no impugnan el testamento? Legalmente ella no puede heredar nada, no tiene el derecho.
Cedric suspiró.
—Estamos hablando del testamento del hombre que fue el mejor abogado de Manhattan y el más tramposo de todos. —Por eso él nunca fue a la cárcel después del accidente de Hope, porque su padre cubrió todo su crimen junto al de su madre—. Sé que recibiremos una nueva sorpresa, pero tengo la fe de que no será nada que no podamos negociar con Hope. A ella nunca le importó el dinero.
—Al parecer nunca dejó de ser la mojigata que conocí en la preparatoria.
El músculo de su mandíbula palpitó, pero no hizo comentario alguno al respecto. Sophia odiaba a Hope y no era para menos; él la había dejado por la becada, porque eligió a una donnadie antes que a la hija de un productor de cine y no dudó ni un segundo en hacerlo saber ante toda la escuela.
—No, no es la misma chica que conociste.
Porque él apagó su luz el día que le robó la vista.
—Puede ser —musitó Sophia—. El haber quedado ciega tuvo que cambiarle la vida de muchas maneras.
Ciega, huérfana y en el olvido.
Nunca entendería por qué Hope perdonó a Gena y la eligió a ella por encima de él. Gena la había abandonado, la había dejado a su suerte con tres hombres que bien podrían haberle hecho mucho daño, pero incluso así ella siguió ciegamente a su madre.
«¿No hiciste tú lo mismo hace trece años?», le preguntó una vocecilla y tragó con fuerza.
Él siguió ciegamente a su madre y la protegió incluso sabiendo lo peligrosa e inestable que era, socapó el hecho de que intentó asesinar a su novia e incluso llegó a odiar a Hope al creerla una de las principales culpables de la muerte de su madre cuando fue ella misma quien decidió quitarse la vida.
Inhaló profundamente y decidió darles un fin a esos desagradables pensamientos.
Él debía dejar todo en el pasado porque ahora las cosas eran muy diferentes y era un nuevo hombre, alguien mucho mejor que estaba dispuesto a recompensar a Hope por todo el daño que le hizo.
Quería que ella se operara, quería que recuperara la vista, pero el que siguiera escondida sólo hacía que perdieran tiempo muy valioso.
—Tengo miedo —soltó Sophia, captando su atención.
—¿Y eso?
Ella hizo un tierno mohín.
—Tengo miedo que cuando ella regrese a tu vida tú decidas cambiar de parecer.
—Es imposible —respondió sin dudarlo.
—Cuando vi las noticias de tu boda hace tres años me fue imposible no notar lo hermosa que es. La detesto, es demasiado perfecta y siempre fue tu punto débil. —Abrió la boca para responderle—. No lo niegues, desde la primera vez que la viste en la salida de clases no pudiste quitarle los ojos de encima y a veces llegué a pensar que ustedes se vieron incluso antes de ese momento, puesto que a los días terminaste lo nuestro sin remordimiento alguno.
El año escolar apenas y estaba dando inicio y Cedric ya quería que concluyera.
¿Por qué sus vacaciones tuvieron que finalizar? Estuvo muy a gusto en Cancún y Albert Meyer School no era en lo absoluto parecido a todo ese paraíso.
Como era de esperarse, todo el mundo estaba en sus salones de clases, sólo alguien como él podía darse el lujo de llegar una semana tarde a la preparatoria y llegar a media mañana en vez de a primera hora como correspondía.
—Qué mierda —susurró y cerró su casillero con disgusto, listo para dirigirse a su salón de clases, pero paró en seco al oír un quejido seguido de un ruido demasiado tosco en el cuarto de limpieza.
Cedric no solía meter las narices donde nadie lo llamaba, pero nada sucedía en esa escuela sin que él lo supiera, por lo que siendo muy silencioso se acercó al cuarto y abrió suavemente la puerta, tensándose en el instante al oír el llanto de una chica.
—Suéltame, por favor.
Maldición, ¿desde cuándo los estudiantes de su preparatoria forzaban a una mujer?
—Ya te lo dije, debes poner de tu parte si quieres que te proteja. Cedric es mucho peor de lo que te imaginas y pronto estará aquí, soy el único que podrá ayudarte a lidiar con él.
Al reconocer esa voz, la rabia que Cedric sintió fue inmensa, por lo que sin dudarlo abrió la puerta con brusquedad y ahogó una maldición al ver como su hermano besaba el cuello de la joven en contra de su voluntad.
—¿Te divierte ocupar mi lugar en mi ausencia, William?
Como era de esperarse, su hermano se apartó de la castaña con rapidez y esta se acuclilló y abrazó a sí misma para cerrar su camisa con movimientos torpes e inciertos.
—Cedric. —Clavó la vista en William, quien se veía ruborizado y bastante ansioso. Ladeó el rostro, disconforme. Con la cara que su hermano tenía no necesitaba forzar a nadie—. Es la becada de la que te hablé.
La chica ni siquiera levantó el rostro, pero siguió temblando.
Hope Smith, tanto William como Sophia le habían hablado de la muchacha y tenía entendido que todo el mundo la quería fuera de la escuela. A nadie le gustaba relacionarse con gente de tan baja calidad como la de la castaña, pero suponía que había formas más creativas y decentes para sacarla de la escuela.
—Es algo insolente y decidí darle un castigo.
Un castigo que podría generarle muchos problemas.
—Déjame hablar con ella a solas.
Su hermano sonrió con malicia y la chiquilla sollozó con pesar, todo indicaba que ya le habían hablado de él, puesto que le fue imposible no reparar en como su cuerpo se sacudió con violencia.
—Es toda tuya —decretó su hermano con crueldad y cuando se quedaron a solas en el cuarto de limpieza, Cedric prendió la luz y cerró con pestillo para tener un mejor panorama de la castaña.
—Will es un poco difícil —comentó con fría indiferencia, avanzando hacia ella—. Levántate.
No le obedeció y se encogió todavía más.
—Yo no he hecho nada malo —musitó con una voz encantadora y Cedric enarcó una ceja—. Déjenme tranquila, por favor.
Se acuclilló y lamentó que su larga cabellera color miel no le permitiera ver su rostro.
—No suelo ser violento con las mujeres, pero si no me obedeces puede irte muy mal —mintió, en realidad él nunca se metía con las chicas de la escuela, ese era el trabajo de Sophia.
Su amenaza tuvo efecto porque muy lentamente ella se incorporó y Cedric siguió sus movimientos. Era alta y tenía un cuerpo bonito, ahora entendía por qué William decidió molestarla.
—Mejor —susurró con una sonrisa retorcida en el rostro y se acercó a ella, invadiendo su espacio personal para retirar los tirabuzones de su rostro y posarlos tras una pequeña oreja.
Decir que era bonita era poco, sólo mirando su perfil y unas largas pestañas Cedric podía darse cuenta del por qué Sophia la odiaba tanto. Con una mano rodeó su delicado cuello por detrás y con la otra acogió su mejilla para girar su rostro en su dirección.
Cuando los ojos femeninos se abrieron por el miedo, Cedric sintió como las piernas le temblaban al encontrarse con el cielo más claro y hermoso de un día de primavera y unos labios llenos y rosados que lo invitaban a besarlos por horas.
Maldición, la becada era simplemente hermosa.
Ahora entendía por qué William había actuado de esa manera, pero incluso así era inevitable no sentir una rabia insuperable hacia su hermano.
Unas lágrimas se deslizaron por las pálidas mejillas y con mucho cuidado las retiró con los pulgares de sus dedos, perdido en esos labios que temblaban a la espera de un asalto.
—Ya paren —pidió con un hilo de voz, obligándolo a mirarla a los ojos.
—¿Qué?
Ella sollozó con amargura.
—¿Me harás lo mismo que tus amigos y hermano?
La sangre empezó a bullirle por dentro y notando que los botones de su camisa no estaban bien cerrados, pasó el dedo con mucho cuidado por la hilera para abrirlos uno a uno y descubrir una piel lechosa llena de…
Su visión se tornó rojiza.
—¿Por qué te toc…?
—Sophia dijo que podían hacerlo.
Por todos los santos, ¿es que su novia había perdido la cabeza?
El jamás sería capaz de permitir que tocaran el cuerpo de una mujer sin su consentimiento. Maldición, por mucho que fuera una becada ella no merecía ese tipo de trato.
Ensimismado en el enojo e impotencia estudió su piel y se dijo a sí mismo que eso no se quedaría así. Empezó a cerrar correctamente los botones de la camisa femenina, evitando reparar en los pechos que estaban cubiertos con un lindo sujetador de encaje.
—Haré que paren —espetó con voz tensa, conectando sus miradas.
—¿De verdad? —Ella sollozó con amargura y Cedric la acogió en sus brazos, tratando de mermar sus temblores. No quería ni imaginarse el miedo que Smith sentía cada mañana de camino a la preparatoria—. Ellos quieren que me vayan.
—Es una lástima que yo quiera que te quedes —decretó con voz tensa y rompió el abrazo, dejando que ella lo empujara muy suavemente por el pecho para implementar distancia—. Yo te protegeré, pero a cambio nos veremos en los recesos en la terraza del edificio 4D.
¿Por qué estaba haciendo un trato de ese calibre? No tenía la menor idea, pero esa chica llamaba mucho su atención.
—¿Y por qué lo harías? —inquirió con preocupación, abrazándose a sí misma.
—Porque yo no te robaré ningún beso —decretó con firmeza, acorralándola contra la pared—. Yo haré que me los des gustosa, Smith. —Acarició su mejilla y ella abrió los ojos con sorpresa.
—Sophia…
Después de lo que se enteró lo más probable era que su relación con la morena terminara muy pronto. Él no apoyaba los abusos y menos si iban dirigidos a un ser tan bello y delicado como Hope Smith, su nuevo juguete personal.
—¿O te robo un beso? —le cortó con voz ronca, juntando sus cuerpos y el aire se disipó entre ellos, llevándolos a mirarse fijamente en lo que Hope decidía qué era lo que quería.
Esbozó una sonrisa triunfante al sentir como los brazos femeninos lo abrazaban por la cintura y ella enterraba el rostro en su pecho.
—Quiero confiar —confesó con pesar—. Ayúdame a que mi estadía aquí sea más soportable, por favor.
Le devolvió el abrazo, por el momento se conformaría sólo con eso.
Sabía que sólo era cuestión de tiempo para tener a esa niña a sus pies.
Nada sucedió como Cedric lo había planeado porque en cuestión de días fue él quien estuvo a los pies de Hope, protegiéndola de todos los imbéciles e incluso llegando a una pelea de puños con su hermano.
Sí, sabía que William llegó a sentirse atraído por Hope y posiblemente eso lo llevó a involucrarse con Joy, dado que ambas eran muy parecidas.
—Es pasado, en aquel entonces fuiste muy mala con ella.
—Estaba celosa y créeme que me arrepiento de muchas cosas que hice en la preparatoria.
—Lo sé.
Sophia estiró el rostro para unir sus labios con oscura seducción y Cedric gimió cuando su mano acarició su muslo y subió hacia su erección.
—Eso fue rápido.
No quiso decirle que ese era el efecto que el recuerdo de Hope provocaba en él, ni que aún podía recordar cómo fue su primer beso y la primera vez que la dejó en ropa interior bajo la luz del sol en aquella azotea la vez que ella estuvo a punto de ser suya.
Rodeó su cintura y la subió a horcajadas de su cuerpo, profundizando el beso con saña. Necesitaba una liberación cuanto antes.
—¿Y si alguien viene? —gimió contra su boca, levantando la cadera para que pudiera bajarle la falda y Cedric respiró con dificultad al ver el hermoso cuerpo de su novia envuelto en lencería de encaje blanco.
Su intención nunca fue llegar tan lejos, pero los besos de Hope lo estaban cegando y haciendo perder la cordura.
—No vendrán —susurró con voz ronca y la buscó con la mirada—. ¿Puedo tocarte? Te necesito tanto, pececito.
Ella se mordió el labio inferior con nerviosismo y asintió, permitiéndole deslizar la mano bajo su pequeña braga y acariciar su tierna humedad.
«Te necesito», confesó en silencio, acariciando la espalda desnuda de Sophia y se cubrió los ojos con el brazo, odiándose a sí mismo por haberlo hecho de nuevo.
Debía dejar de pensar en su exesposa mientras le hacía el amor a su prometida.
Una llamada entrante lo obligó a despabilarse y estiró el cuerpo para sujetar su celular, su corazón empezó a bombear con fuerza al ver que era Guillermo.
—¿Bueno?
—Perdón por la hora.
—No pasa nada, ¿sucedió algo?
—Las hermanas Smith aparecieron. ¿Crees que puedas llegar junto a Felicity para el viernes? Es el único día que tienen disponible.
Si por un momento pensó que podría sentirse en paz al saber nuevamente de Hope y así ponerle un fin a lo único que los conectaba, se equivocó.
Los siguientes tres días fueron todo un suplicio.
Capítulo 2
Manhattan, Nueva York.
Sophia no tenía la menor idea de que la razón por la que se encontraban en Manhattan era la lectura del testamento de su padre, de haberle dicho que se reuniría con Hope ese día ni su reunión con sus amigas habría sido tan importante como para dejarlo ir solo junto a sus hermanos.
Como cualquier mujer o persona con sentido común, era de lo más normal que Sophia sintiera algo de celos por su exesposa, algo absurdo porque para él Hope era algo del pasado y sabía perfectamente que entre ellos no volvería a existir un punto de retorno.
Su relación había acabado hace mucho.
Por supuesto Sophia no estaba en Manhattan solo porque lo hubiera acompañado, sino porque había recibido una invitación para efectuar una audición para el papel de antagonista para una nueva miniserie que se filmaría el siguiente mes.
Sí, al final ella siguió los pasos de su madre, quien fue una talentosa actriz mexicana que se mudó a Estados Unidos para triunfar y terminó casándose con un talentoso productor de cine.
Si bien su novia todavía no era tan famosa y popular, poco a poco se estaba abriendo paso en el mundo de la actuación y con la ayuda de sus padres eso estaba resultando una tarea menos complicada.
En caso de que Sophia recibiera el papel, lo más probable era que ella tuviera que quedarse un tiempo en Manhattan y mentiría si dijera que esa idea no le gustaba, últimamente estaban pasando mucho tiempo juntos y eso resultaba algo asfixiante.
Estaba seguro que la morena se sentía exactamente igual y un poco de libertad e independencia no les vendría nada mal.
Observó de reojo a su hermano, quien iba manejando su coche con más cuidado del acostumbrado y no supo cómo disminuir la tensión que se había cernido entre ellos mientras se dirigían al bufete de abogados.
William estaba tan nervioso como él y no era para menos, ya habían pasado tres años desde la última vez que vieron a las hermanas Smith y de alguna manera ambas castañas los habían dejado marcados. No quería creer que su hermano seguía pensando en Joy de manera romántica, siempre se inclinaría a que la culpabilidad de haberla corrompido habitaba en él, dado que hace dos años sí hubo una mujer que destrozó su corazón y lo llevó a hundirse en el alcohol.
—¿Qué haremos, hermano? —Felicity captó su atención desde el asiento trasero—. No están casados y no hay ningún bebé en camino, ¿de verdad permitiremos que Hope se quede con todo?
Sonaba abatida, pero en su voz no existía odio ni resentimiento. Estaba claro que los años de terapia, nuevos amigos y hogar en Manchester le habían sentado muy bien. Ahora ella se comportaba como una joven madura que comprendía todo lo que estaba en juego y lejos de ser un dolor de cabeza le estaba resultando alguien que le brindaba el coraje necesario para afrontar la situación con mayor calma.
—Negociaremos.
Todavía quedaba saber cómo proseguía todo ahora que no cumplieron con las cláusulas del testamento de su padre, quien sabe y Eugene salía con una nueva sorpresa.
—Creo que estás siendo algo optimista —comentó William con sequedad—. No sabemos cuál es la predisposición de ellas de negociar, se escondieron adrede durante un año dilatando todo este proceso y no tengo muchas expectativas.
—Aún no sabemos si fue adrede —reconoció Felicity con voz suave—, pero de ser así creo que las cosas se complicarán un poco.
—Hope renunció a todo lo que por derecho le correspondía en nuestro divorcio y déjenme decirles que era bastante dinero, ¿qué les hace pensar que ahora se quedará con la herencia de nuestro padre?
—La herencia de nuestro padre es mucho más cuantiosa que la mitad que tú le ofrecías.
Se rehusaba a creer que Hope era ese tipo de persona, ella jamás se quedaría con algo que no fuera suyo.
—No seamos pesimistas, veamos si nuestro padre no nos sale con otra gran sorpresa.
Ansiaba conocer el contenido del video que verían esa tarde, necesitaba comprender las razones que llevaron a su padre a meter a Hope en su vida de una manera tan abrupta; es decir, por más que analizara las cosas una y otra vez no lograba entender sus razones.
¿Qué era lo que había pretendido al unirlo a Hope de por vida con un matrimonio y un hijo forzado?
William empuñó el volante con más fuerza de la requerida y Cedric suspiró larga y llanamente. Era el que más tenía para perder, su hermano mostraba muy poco interés en ejercer su carrera y ser uno de los mejores abogados; por lo que, si Hope llegaba a quedarse con todo, él no tendría más remedio que ponerse las pilas y ser un buen empleado si no quería perder su trabajo.
Felicity también estaba muy nerviosa, pero a diferencia de su hermano su hermana se había convertido en el tipo de joven que buscaba trabajos de medio tiempo para tener sus propios ingresos y no estar dependiendo todo el tiempo de su generosidad.
La vida en Manchester le había sentado bastante bien.
Llegaron al bufete de abogados y las piernas empezaron a temblarle mientras el ascensor subía en un pulcro silencio.
¿Ella ya estaría ahí?
¿Qué sentiría al saberlo tan cerca?
¿Sabría de su nueva relación con Sophia?
A diferencia de ella, su vida solía ser un poco más pública y el que su prometida fuera actriz hacia que muchas notas sobre ellos se publicaran mediante distintas redes sociales.
«Tengo todo el derecho a rehacer mi vida».
No debería importarle lo que Hope pudiera pensar al respecto, no había razón alguna para que se sintiera avergonzado cuando fue ella misma quien lo dejó y salió de su vida de una manera tan contundente.
Guillermo los estaba esperando afuera del salón donde se leería el testamente junto al abogado que contrató su padre para asegurarse que todo marchara como él deseaba —según Guillermo: Eugene temía que el amor que sentía por ellos lo llevara a jugar sucio y él se pusiera únicamente a su favor, dejando a las castañas en el olvido— y al parecer las Smith ya estaban en el lugar porque les hizo una seña para que detuvieran su marcha.
Intercambió un par de palabras con su colega y se acercó a ellos con paso apresurado.
—¿Qué sucede?
—Su madre estará presente —les informó con voz tensa y Cedric sintió como la piel se le ponía de gallina, pero mantuvo la calma—. Deben ser cautelosos, recuerden que hasta no ver el segundo video es Hope quien tiene todas las de ganar, por lo que sean respetuosos y manténganla de su lado. Con suerte y habrá una manera de recuperar el dinero de su padre.
Tragó con fuerza.
¿Era una forma de decirle que realmente perderían todo?
—Reagan —lo llamó el abogado Lee—. Es hora.
Guillermo les hizo una seña para que lo siguieran y todo su cuerpo tiritó al ingresar a la estancia y ver a las tres castañas sentadas en primera fila frente a la pantalla y la mesa en la que se encontraba el señor Lee sacando unos documentos.
Como era de esperarse, ninguna de las mujeres giró el rostro y él apenas y pudo ver a Hope porque Guillermo le señaló otras tres sillas que estaban junto a las suyas a unos metros de distancia.
Hubiese preferido estar atrás, buscar su perfil y deleitarse con sus hermosos ojos, pero con lo único que se encontró fue con la penetrante mirada de Gena, quien de pronto parecía una leona muy dispuesta a proteger a sus cachorras.
Y hacía bien, porque, a fin de cuentas, Will y él se habían aprovechado en exceso de sus hijas.
—Podemos dar inicio a la segunda lectura del testamento —espetó Guillermo, prendiendo la televisión con tensos movimientos—. Hay dos videos que ni mi colega ni yo vimos —explicó rápidamente, mostrando los documentos en pantalla—. El primero fue grabado en caso de que se cumpliera la voluntad de Eugene Collins y el segundo en caso contrario.
—El día de hoy proseguiremos a ver el segundo video y luego observaremos todos los documentos que dejó el señor Collins antes de su partida. —El abogado Lee enseñó una carpeta amarilla, la cual estaba sellada—. Pediré total calma y si alguien tiene una duda podrá levantar la mano una vez que el video concluya.
La garganta se le cerró y no se atrevió a mirar por el rabillo del ojo a Hope, ella estaba en medio de su madre y Joy, por lo que no sería sencillo encontrarse con su perfil y de nada le serviría mostrarse tan nervioso.
Entregó toda su atención a la pantalla y la sangre se le congeló al oír como iniciaba el video.
—Es una verdadera lástima. —Eugene suspiró quedamente y juntó sus manos sobre su regazo. Se lo veía como un hombre apuesto y saludable—. No sé qué situación impidió que se cumplieran mis deseos, pero puedo imaginarme unas cuantas causas: Gena no lo permitió porque odia mucho a Cedric como para querer entregar a su amada hija o quizá Cedric decidió quedarse con su propia fortuna y cuidar a sus hermanos en vez de enfocarse en las Smith, mujeres por las cuales siente muy poco afecto.
Cedric se removió con inquietud, no le gustaba que su padre se viera tan decepcionado. ¿Qué tipo de semblante tendría en el primer video?, ¿qué tan feliz lo habría hecho si se hubiera casado con Hope?
—Supongo que William y Felicity también pudieron tener mucho que ver, lastimosamente son unos jóvenes algo egoístas y caprichosos, por lo que es probable que no pensaran en la felicidad de su hermano mayor.
Felicidad… eso era lo que un matrimonio con Hope significaba para su padre porque en el fondo él siempre supo cuánto amó a la castaña y lo mucho que le dolió la muerte que inventó para mantenerlo alejado de Manhattan.
—Vaya… me siento algo decepcionado de no haberme salido con la mía —reconoció su padre con congoja, pero finalmente ladeó el rostro—. Amo a todos mis hijos por igual, siempre he querido lo mejor para ellos.
Felicity tiritó en su lugar y Cedric la abrazó por los hombros al ver como rompía en un llanto silencioso.
—Pero soy un hombre de palabra y espero no estar cometiendo un error al confiar en ti, Hope. —Los ojos azules de su padre se posaron en la cámara—. Lamento mucho no haber podido hacer mucho por ti, no sabía de tu existencia hasta que me reencontré con tu madre muchos años después.
¿Qué?, ¿de qué estaba hablando? No entendía nada.
William se mostró preocupado y Cedric negó con la cabeza. Buscó a Guillermo con la mirada y al ver la sorpresa en su semblante supuso que él tampoco sabía nada al respecto.
—Antes de seguir con lo que tengo planeado decir, quiero que mis hijos: Cedric, William y Felicity, descubran algo que nunca les comenté por su propio bien, aunque creo que fue un terrible error. Su madre y yo nunca nos casamos por amor, fue un matrimonio por conveniencia que se me impuso como modo de alejarme de la mujer que amaba.
Gena… ¿Por eso su madre enloqueció cuando le habló de Gena Smith hace trece años?
—Hubiese preferido llevarme este secreto a la tumba, pero no puedo hacerlo; no si quiero que ustedes respeten y entiendan mi decisión. —Su padre jugó con el anillo de boda que tenía puesto y sonrió con ternura—. Cuando me casé con Wendy, ella tenía un hijo ilegitimo de un año al cual recibí, adopté y amé como propio porque él no tenía la culpa de nada.
Cedric sintió como el aire se atoraba en sus pulmones y todo su cuerpo empezó a temblar sin control alguno.
¿Eugene no era su padre biológico?
—Y dieciséis años más tarde descubrí que abandoné a Gena embarazada y que la familia de Wendy la obligó a casarse con un hombre que no amaba y el cual, lastimosamente, no fue una buena persona.
¿Gena era una víctima más de la obsesión de su madre?
¿Hope era hija de su padre?
—No pude soportarlo y tampoco pude negar todo lo que seguía sintiendo por ella, por lo que hice hasta lo imposible por acomodar a Hope en una buena escuela y llevar a la familia de Gena a un lugar más cómodo y seguro en lo que intentaba idear un plan para llevar a cabo un divorcio que no los afectara tanto.
Empuñó las manos con rabia, ¿por qué nunca les habló de esa parte de su historia?
Su madre siempre se mostró muy enamorada de su padre.
—Por supuesto, después del accidente las cosas terminaron muy mal; descubrí que Wendy tenía una obsesión conmigo y Gena, y decidí sacarla de mi vida y la de mis hijos, sobre todo de la de Hope, quien corría mucho peligro en aquel entonces y ya se encontraba muy delicada de salud.
Por eso la escondieron diez años, ¡por eso su padre prefirió decirle que estaba muerta! Porque de no haberlo hecho, su madre no habría descansado hasta matar a la hija que él tuvo con Gena.
Abrió los ojos al descubrir que ahora muchas cosas tenían sentido y se pasó una mano por el cabello con frustración, viendo que sus hermanos estaban tan abatidos como él. En esta ocasión no dudó ni un segundo y abandonó su lugar para ver a las Smith, las tres bastante tranquilas, todo indicaba que Gena ya les había contado esa verdad hace mucho.
—Cedric, regresa a tu lugar —ordenó Guillermo con voz tensa, pausando el video.
—No puedo, necesito que alguien me explique qué está ocurriendo.
Por todos los santos, acababa de enterarse que el hombre que creyó su padre no lo era y ¿le pedían que mantuviera la calma?
¡Eso era imposible!
—Estoy seguro que su padre lo hará si dejamos que el video continúe. —Lee fue más severo y Cedric no tuvo más remedio que sellar los labios en una fina línea mientras Felicity sujetaba su mano con firmeza.
—Me apena mucho saber que no quisiste cuidar de Hope, Cedric, creí que su ceguera no sería un impedimento para ti.
Nunca lo fue.
—Y como tú no pudiste protegerla, lo único que puedo hacer por mi hija es dejarle los medios para que se cuide por sí misma. Dejo todos mis bienes y dinero a nombre de Hope Smith, mi única heredera y quien espero sepa cuidar de sus dos medios hermanos. Como ustedes deben imaginarlo, tengo todos los documentos listos y las pruebas de ADN en caso de cualquier proceso que quieran iniciar contra mi testamento. Sugeriría que no pierdan el tiempo y se lleven bien con su hermana mayor, William y Felicity, a partir de ahora ustedes dependen de su bondad.
»Lo que hago no es por falta de amor, ustedes me han tenido a su lado desde un principio, Hope no contó con esa suerte y necesito reivindicarme. Cedric, solo quiero decirte que para mí siempre fuiste y serás mi amado hijo, no me guardes rencor, estoy seguro que entiendes mejor que nadie mi situación. Y Hope… siento mucho no haber sido un buen padre para ti.
El video concluyó, dejando el lugar en un pulcro silencio, y Cedric no fue capaz de digerir todas las noticias y el cómo había terminado toda esa situación. Ni en sus más locos sueños se habría imaginado que Hope era hija del hombre que siempre creyó su padre.
Eugene no era su padre…
E incluso así él lo amó como un hijo propio para que al final lo defraudara.
Inhaló profundamente y fue la voz de Guillermo la que lo obligó a salir de su letargo y clavar la vista en la mesa que estaba llena de documentos.
—Estas son las pruebas de ADN —Mostró el documento con la mano temblorosa y Cedric tragó con fuerza—. Tanto de Cedric como la de Hope. —Su tío apenas y podía creer lo que estaba viendo, al parecer su padre mantuvo muy bien guardado su secreto.
—Y todas las propiedades del señor Eugene Collins se encuentran a nombre de la señorita Hope Smith —decretó Lee, mirando a la susodicha—. Necesitaré de su firma para dar fin a la lectura del testamento.
William tomó la palabra.
—¿Y en qué quedamos nosotros? —inquirió con voz tensa—. También somos sus hijos y por derecho nos corresponde una parte de todas las propiedades de mi padre.
—En caso de querer impugnar el testamento —comentó el señor Lee con despreocupación—. La única que tiene el derecho sobre las propiedades de su padre es la señora Collins; sin embargo, en esta ocasión el señor Collins, en paz descanse, generó documentos de compra y venta dejando como única propietaria a la señorita Smith, por lo que me temo que ustedes no tienen acceso alguno a la herencia de su padre y tal y como él lo dijo en su video, todo dependerá de la decisión que tome la señorita Smith.
—¡¿Cómo una invidente se puede hacer cargo de un bufete de abogados?! —explotó, abandonando su lugar y Cedric hizo lo mismo para sujetar a su hermano del brazo, quedando como piedra al ver que Hope se incorporaba, mostrándose más bella y arreglada que nunca con un pantalón de tela de color rosa pastel y una camisa amarilla.
Llevaba unas gafas de sol y suponía que su cambio de estilo se debía a la influencia de su madre, quien siempre fue bastante glamurosa y ostentosa en sus prendas.
—¿Dónde debo firmar?
—Creo que aún hay mucho de qué hablar —trató de hacerle entrar en razón, ella no podía dejar a sus hermanos sin nada.
Sus ojos se abrieron de par en par al ver como Hope avanzaba hacia la mesa sin ayuda de nadie ni de un bastón y manejaba sus stilettos con una elegancia majestuosa. Sus hermanos y Guillermo se tensaron al ver sus movimientos y Hope no aceptó la pluma que Lee le tendía, sino que se quitó las gafas de sol con elegancia y sujetó el documento que debía firmar para leer el contenido.
Podía ver…
¡Hope había recuperado la vista!
«¿En qué estuviste pensando al creer que eras el único que podía hacer algo por ella?»
—Mi abogado dijo que todo está en orden —comentó de pronto, dejando el documento sobre la mesa y se volvió hacia ellos, generándole un cúmulo de emociones cuando sus miradas se encontraron.
Lo estaba viendo… después de tantos años ella lo estaba viendo a los ojos.
La garganta se le cerró.
—Ciertamente, no sé qué haría con un bufete de abogados, hermano —espetó con sorna y William se puso tan rígido como una vara ante aquel comentario—. Por lo que la mesa directiva y yo decidimos darte una oportunidad.
¿Qué? ¿La mesa directiva?
Todo indicaba que Hope se estuvo preparando bastante bien para ese día.
—Demuéstrame que puedes ser un abogado capaz de hacerte cargo del bufete en el siguiente año y será todo tuyo, por supuesto sólo las acciones que te corresponderían, que son mayoritarias —aclaró—, junto a un treinta por ciento de toda la herencia de nuestro padre.
La miró atónito, ¿de verdad entregaría tanto a cambio de que William demostrara todas sus capacidades y potencial?
—¿Qué pasará si no quiero hacerlo? —gruñó William y Hope se encogió de hombros, evitando hacer un nuevo contacto visual con él.
—Siempre habrá alguien mejor dispuesto a tomar tu lugar, William, ¿verdad, Joy? —Cedric palideció—. No me molestaría regalarle un bufete de abogados a mi hermana el día que se gradúe como abogada.
—¡No puedes hacerlo!
—¡William! —bramó al ver que estaba perdiendo el buen juicio y lo siguiente que ocurrió lo dejó petrificado en su lugar.
—¡Si quieres algo lucha por ello y demuéstrame que cederte el negocio de nuestro padre no será un gran error! —decretó Hope con enojo—. Todo este tiempo no has sido más que un inútil y no dejaré que el trabajo de mi padre se vaya al demonio por un irresponsable como tú. ¿Quieres el bufete? Gánatelo, William —aseveró y nuevamente sus miradas se encontraron—. Deja que yo hable con ellos, este asunto no te concierne.
Enderezó la espalda.
—Son mis hermanos.
—Y están bastante grandecitos como para que sigas tratándolos como unos niños, ¿no te parece?
La vergüenza lo golpeó con fuerza al darse cuenta que ella tenía razón, había dejado pasar muchas cosas por alto y por eso William estaba como estaba.
—Felicity. —Se tensó, ¿qué pensaba pedirle a su hermana?—. Yo pagaré tus estudios y te daré una mesada a partir de ahora, dejemos que Cedric se enfoque en su boda. —La sangre se le congeló, ella sí estaba al tanto de su relación con Sophia—. Y cuando termines tu carrera te montaré el negocio que tú quieras y te cederé tres propiedades de nuestro padre, las acciones del bufete que te corresponden y el treinta por ciento de la herencia.
—Estás siendo equitativa —reconoció de pronto, percatándose de que ella ya había venido preparada para hacer esas ofertas—. ¿Y qué harás con el diez por ciento restante?, ¿me lo darás a mí?
Hope sonrió con sorna y se llevó uno de sus largos tirabuzones tras de su oreja, permitiéndole admirar el lindo pendiente que llevaba puesto y el maquillaje natural que hacía su rostro aún más hermoso.
—Tú ya tienes mucho, Cedric. —Retiró una pelusa imaginaria de su camisa en tono pastel—. Y yo permití que te quedaras con todo tu cien por ciento, así que deja el diez por ciento para mi hermana, quien espero pueda ser una excelente abogada y llegue a trabajar con mi medio hermano algún día, ¿verdad, Will? —El tono meloso que empleó fue simplemente aterrorizante—. Mi hermana será tu socia en un futuro muy cercano si empiezas a trabajar como corresponde.
En pocas palabras: si no se ponía las pilas, iba a ser despedido.
—Se nota que eres su hija —comentó de pronto, viendo el gran parecido que Eugene y Hope poseían—. Al parecer te crees con el derecho de manejar la vida de los demás a tu antojo.
—Beneficios de tener dinero. —Se encogió de hombros, importándole muy poco su observación y le dio la espalda al tiempo que sujetaba la pluma y firmaba el documento que la hacía la única heredera de su padre.
Cedric no podía decir que le doliera perder la herencia de su padre, tenía su propio dinero y era una suma bastante estrafalaria; por lo que estaba claro que su dolor se resumía en cómo Hope lo pasó de largo y junto a su madre y hermana abandonó el salón con paso altanero, dejando claro que él no era más que un simple pasado que no quería recordar.
Lo más sensato habría sido quedarse en su lugar para hablar con su tío de la situación y así él pudiera asesorar a sus hermanos; no obstante, su cuerpo se movió por sí solo y salió tras la mujer que, sin importar a cuantas terapias fuera, lo tenía loco de amor.

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