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***SOLO HOY ¬ŅUn √ļltimo baile, milady? de Megan Maxwell¬†

Regresa Megan Maxwell con una novela romántico-erótica tan ardiente que se derretirá en tus manos.

Sexo. Familia. Diversi√≥n. Locura.Vuelve a so√Īar con la nueva novela de la autora nacional m√°s vendida...

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Urbano
Mundo de los negocios
Oficina
Amor destinado
Amor de la infancia
Tri√°ngulo amoroso
Doloroso
Ricos
Heredero / Heredera
Belleza inusual
Arrogante
Posesivo
Dominador
Maquinador

La novela Desafío al destino es una historia romántica, los protagonistas son Jenifer Quintana y Luciano Salas

Cap√≠tulo 1 Otra vez t√ļ

  • Mi mejor amiga me hab√≠a embriagado. En mi estado de ebriedad, tropec√© y me tambale√© cuando dej√© que me llevara a casa. Sent√≠ que no nos hab√≠amos demorado mucho en llegar, quiz√° fue debido a mi estado de ebriedad. Me di la vuelta y me acurruqu√© en las mantas mientras murmuraba:
  • ‚ÄĒMe duele la cabeza…
  • En medio de mi confusi√≥n, sent√≠, sin lugar a duda, que unos dedos delgados me rozaban el cuerpo antes de desabotonar la blusa.
  • ‚ÄĒYa basta, Sabrina…
  • Mi voz se oy√≥ apagada, ya que hab√≠a enterrado la cabeza en las suaves mantas. Sin embargo, los dedos no se detuvieron. De hecho, incluso bajaron hasta mi cintura. Tras unos segundos de jugueteo, o√≠ el tintineo de la hebilla de mi cintur√≥n antes de que una r√°faga de aire fr√≠o circulara por la parte inferior de mi cuerpo.
  • En ese estado de ebriedad, no me importaba que mi mejor amiga me viera desnuda. Aun as√≠, Sabrina se estaba pasando de la raya. Antes de que pudiera decir algo, sent√≠ de repente un terrible dolor que ven√≠a de cierta parte de mi cuerpo. Era como si algo se estuviera rasgando dentro de m√≠, y me desgarraba. De hecho, el dolor era tan intenso que comenc√© a llorar.
  • El estado de ebriedad se me pas√≥ al instante, gir√© la cabeza para mirar detr√°s de m√≠ y abr√≠ los ojos de par en par ante lo que vi. Al contrario de lo que esperaba, no era Sabrina quien estaba de pie junto a la cama. Era un hombre alto y bien fornido. De espaldas a √©l, le result√≥ f√°cil apuntar y empujar hacia delante. ¬°Zas! Todo mi cuerpo se estremeci√≥.
  • ‚ÄĒ¬ŅQu√© est√°s haciendo? ‚ÄĒgrit√©.
  • Luego, me escabull√≠ hacia delante tan r√°pido como pude y me escond√≠ bajo las mantas. El dolor punzante que proven√≠a de la parte inferior de mi cuerpo me dijo lo que necesitaba saber: ya no era virgen.
  • Sin embargo, el hombre no ten√≠a miedo para nada. Por el contrario, su mirada se ensombreci√≥ y dijo entre dientes:
  • ‚ÄĒJenifer, ¬Ņno es esto lo que quer√≠as?
  • ¬ŅEh? ¬ŅMe conoc√≠a? Lo examin√© con atenci√≥n, observando los rasgos duros de su rostro y los ojos profundos y oscuros. Ten√≠a su cuerpo envuelto con una toalla que dejaba al descubierto el resto de su piel suave y tersa, mientras presum√≠a sus abdominales bien definidos. Espera un momento… Cuando por fin me di cuenta de qui√©n era, grit√© a todo pulm√≥n:
  • ‚ÄĒ¬°Luciano Salas! ¬ŅQu√© demonios est√°s haciendo en mi casa?
  • Era el hombre con quien ten√≠a un acuerdo prenupcial, un acuerdo que se firm√≥ cuando a√ļn √©ramos muy j√≥venes. Sin embargo, despu√©s de que la familia Quintana se declarara en quiebra, el acuerdo nunca se volvi√≥ a mencionar.
  • ‚ÄĒ¬Ņ¬ęTu¬Ľ casa? ¬ŅEst√°s segura de que esta es tu casa? ‚ÄĒLuciano rio sin gracia. Mientras sub√≠a a la cama, alarg√≥ la mano para agarrarme el ment√≥n con un chasquido de lengua‚ÄĒ: Pf… Jenifer, de verdad eres una desvergonzada, ¬Ņno? Incluso apareciste por tu propia voluntad ante m√≠ para poder asociarte con la familia Salas.
  • Apart√© su mano de un manotazo y le contest√© furiosa:
  • ‚ÄĒLuciano, ¬Ņde qu√© demonios est√°s hablando? ¬ŅQu√© es esa tonter√≠a de que quiero asociarme con la familia Salas?
  • Un instante despu√©s, me di cuenta de lo que hab√≠a dicho. Ech√© un vistazo r√°pido a la habitaci√≥n antes de quedar estupefacta; no era mi casa; ¬°era una suite de hotel!
  • ‚ÄĒ¬ŅQu√©…? ¬ŅQu√© sucede? ‚ÄĒNo pod√≠a entender lo que suced√≠a.
  • Antes, Sabrina me hab√≠a dicho que me llevar√≠a a casa, as√≠ que ¬Ņpor qu√© me llev√≥ a un hotel? Sin embargo, cualquier explicaci√≥n que se me ocurriera me parec√≠a poco razonable y no era suficiente en ese momento. Adem√°s, era probable que Luciano se negara a escuchar lo que le dijera ya que √©l pensaba que yo lo hac√≠a para congraciarme con su familia.
  • Arrastr√© la ropa bajo la manta, y me prepar√© para vestirme y marcharme. Luch√© violentamente, ara√Īando y golpe√°ndolo con todas mis fuerzas. A pesar de eso, mis esfuerzos fueron en vano. Al final, lo √ļnico que pude hacer fue quedarme acostada sin poder hacer nada mientras jadeaba para respirar, como una liebre salvaje perseguida por un depredador salvaje.
  • ‚ÄĒ¬°Luciano Salas, te voy a demandar por esto! ‚ÄĒgru√Ī√≠ con los dientes apretados.
  • Frustrada y furiosa, le ara√Ī√© el brazo con toda la fuerza que pude juntar.
  • ‚ÄĒ¬ŅTe enfadas ahora que desenmascar√© tu plan? ¬°Eh! ¬ŅQu√© derecho tienes a demandarme? ¬°T√ļ eres la que ha venido a mi habitaci√≥n! ‚ÄĒLlev√≥ la mano a su traje con desprecio antes de sacar la cartera. Luego de tantear un poco, sac√≥ un fajo de dinero en efectivo y me lo arroj√≥ al rostro‚ÄĒ. Quieres dinero, ¬Ņverdad? Aqu√≠ lo tienes. ¬ŅEs suficiente?
  • Las constantes humillaciones hac√≠an que se me llenaran los ojos de l√°grimas. Gir√© la cabeza hacia otro lado y parpadeaba furiosa para forzarlas a volver. Una Quintana no debe llorar; y menos delante de un maldito Salas.
  • Estuve a su merced durante el resto de la noche, y no me tuvo piedad. Al amanecer, me despert√≥ un dolor punzante en el cuerpo y, cuando me mir√©, vi que mi piel estaba llena de moretones de color violeta; parec√≠a que hab√≠a sido torturada. En efecto, as√≠ fue: √©l se comport√≥ como un animal y me mordi√≥ innumerables veces.
  • Despu√©s de eso, me vest√≠ en tiempo r√©cord antes de huir de la habitaci√≥n.
  • ‚ÄĒ¬°Espera! ‚ÄĒLuciano sali√≥ de la habitaci√≥n, me agarr√≥ la mano y me dio una tarjeta de d√©bito. Su voz era distante cuando dijo‚ÄĒ: No quiero volver a verte nunca m√°s. Este es el pago por tus servicios de anoche.
  • Ni siquiera esper√© a que terminara de hablar y ya hab√≠a doblado la tarjeta en dos. La furia emanaba desde mi interior mientras le lanzaba las dos mitades en el rostro.
  • ‚ÄĒ¬°Luciano Salas! No seas arrogante conmigo. Alg√ļn d√≠a me vengar√© de esto. Cuando llegue ese d√≠a, me asegurar√© de que me pagues con intereses.
  • ‚ÄĒEstar√© esperando ‚ÄĒrespondi√≥ con una sonrisa.
  • Lo mir√© por √ļltima vez y me di la vuelta para marcharme. No sab√≠a que ese hombre se convertir√≠a en la persona con la que vivir√≠a el resto de mis d√≠as.
  • Despu√©s de salir del hotel, r√°pido tom√© un taxi para ir al trabajo, pero, por desgracia, aun as√≠, llegaba tarde.
  • Trabajaba en una empresa financiera. Aunque no era muy grande, √©ramos bastante conocidos. Debido a mi excelente rendimiento en ese √ļltimo tiempo, en el que hab√≠a conseguido varios casos sobresalientes para la empresa, mi jefa incluso estaba considerando ascenderme a gerente.
  • Cuando llegu√©, ya estaban todos en el despacho de la jefa para la reuni√≥n de la ma√Īana. Busqu√© entre la multitud con cuidado y por fin cruc√© la mirada con Sabrina. Como de costumbre, me dirigi√≥ una dulce sonrisa antes de hacerme un gesto para que me sentara a su lado. Aunque ten√≠a muchas ganas de pedirle respuestas en ese momento, sab√≠a que ten√≠a que esperar hasta despu√©s de la reuni√≥n.
  • Nuestra jefa, Isabela S√°ez, estaba vestida con un traje verde p√°lido ese d√≠a. Se encontraba sentada en su silla de oficina y nos miraba a todos con severidad as√≠ que, al ver su mirada, nadie se atrevi√≥ a moverse. ¬ęAlguien debe estar en un gran aprieto¬Ľ. Eso pens√© mientras trataba de evitar hacer contacto visual con ella. Despu√©s de todo, no estaba de buen humor precisamente.
  • Justo entonces, la mujer grit√≥ de golpe y rompi√≥ el silencio:
  • ‚ÄĒEsta ma√Īana se filtraron algunos documentos clasificados de nuestra empresa. Estoy segura de que sabes qui√©n eres, as√≠ que por favor da un paso al frente de inmediato.
  • El ambiente se volvi√≥ a√ļn m√°s tenso cuando todos nos enteramos de un asunto tan grave y nos miramos unos a otros con curiosidad, pero nadie admiti√≥ el hecho.
  • Enfurecida porque nadie hab√≠a confesado nada, Isabela sonri√≥ con maldad antes de se√Īalarme. Luego, golpe√≥ su mano sobre la mesa y grit√≥:
  • ‚ÄĒ¬°Jenifer! ¬ŅQu√© diablos pasa entre t√ļ y el presidente ejecutivo de la Financiera Toluc? ¬ŅLe filtraste nuestros documentos clasificados?
  • ‚ÄĒ¬ŅEl presidente ejecutivo de la Financiera Toluc? ‚ÄĒSacud√≠ la cabeza aterrorizada. ‚ÄĒIsabela, ni siquiera s√© qui√©n es. ¬ŅPor qu√© piensa que yo lo hice?
  • ‚ÄĒSigues negando todo, ¬°eh!
  • Isabela recogi√≥ una pila de fotos que ten√≠a sobre la mesa y me las lanz√≥. Me agach√© para recogerlas y las hoje√© con prisa antes de que mi mente se quedara en blanco; eran fotos en las que aparec√≠amos Luciano y yo en el pasillo del hotel. Lo peor era que en las fotos solo aparec√≠a √©l entreg√°ndome aquella maldita tarjeta de d√©bito que recordaba haber roto en dos.
  • Cuando los dem√°s empleados vieron las fotos, clavaron sus miradas en m√≠ como cuchillos afilados. Aunque no dijeron ni una sola palabra, sab√≠a lo que pensaban en ese momento y era la palabra que m√°s odiaba: traidora.
  • Yo, Jenifer Quintana, me hab√≠a convertido en una ¬ętraidora¬Ľ.
  • Sin embargo, no hab√≠a tiempo para pensar en lo que los dem√°s pensaran de m√≠, ya que mi jefa me miraba con las cejas levantadas, esperando una respuesta. Muy confundida, los engranajes de mi cerebro se agitaron mientras levantaba la cabeza para mirarla.
  • ‚ÄĒIsabela, ¬Ņest√° diciendo que el presidente ejecutivo de la Financiera Toluc es Luciano Salas?
  • ‚ÄĒ¬°Como si no lo supieras! Anoche estuviste con √©l, ¬Ņverdad? ¬ŅTienes idea de qui√©n es? ¬°Es el presidente ejecutivo de la mayor financiera de Ciudad Gema! Este hombre es nuestro mayor competidor. ‚ÄĒLa expresi√≥n de Isabela era glacial mientras se acercaba a m√≠‚ÄĒ. Dime, ¬Ņcu√°nto te pag√≥?
  • Aunque lo hubiera intentado, mis ojos no podr√≠an haberse agrandado m√°s: estaban casi a un mil√≠metro de salirse de sus √≥rbitas. En ese momento, solo una frase resonaba en mi mente: ¬ę¬°Luciano Salas es el presidente ejecutivo de la Financiera Toluc!¬Ľ
  • En comparaci√≥n con su empresa, nosotros √©ramos m√°s bien insignificantes. Sin embargo, eso no cambiaba el hecho de que estuvi√©ramos en el mismo √°mbito empresarial. Adem√°s, la forma en la que se tomaron esas fotos solo sirvi√≥ para profundizar el malentendido. ¬ŅC√≥mo podr√≠a siquiera empezar a demostrar mi inocencia?

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