Desaparecida : La historia de Hugo de Dylan Martins y Janis Sandgrouse

Desaparecida : La historia de Hugo de Dylan Martins y Janis Sandgrouse

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***SOLO HOY ¿Un último baile, milady? de Megan Maxwell 

Regresa Megan Maxwell con una novela romántico-erótica tan ardiente que se derretirá en tus manos.

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Desaparecida de Dylan Martins y Janis Sandgrouse pdf

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Nota de los autores:

Para que disfrutéis de esta historia, y sepáis de donde viene cada personaje, así como sus pasados, es necesario que antes leáis la «Trilogía Cautiva» de la pluma de Ariadna Baker.

Aunque esta es una novela independiente a ellas, si no queréis tener algunos spoilers, no os perdáis su trilogía.

Sinopsis

El amor a primera vista existe, y no siempre se siente con quien será nuestra pareja.

Cuando Hugo conoció a la pequeña Laia, la conexión entre ambos fue tan fuerte, que él supo que siempre estaría ahí para ella.

Poco a poco y sin que lo esperase, Hugo se fue enamorando de Alicia, la madre de Laia, y juntos formaron esa familia que ambos deseaban tener.

Pero el pasado no se lo pone fácil, y la peor de las desgracias llega para ponerlos al límite de sus fuerzas, y su resistencia, tensando tanto la cuerda que ambos temen que se rompa.

Un amor incondicional, mentiras, secretos, amistad y giros inesperados, dan forma a esta historia que os llegará al corazón.

»cap1″

CapĂ­tulo 1: Hugo
 
—Hola, Hugo.
—Hola, Andrew, te necesito —murmuré agobiado echándome el pelo hacia atrás.
—¿Qué pasó?
—La pequeña Laia ha desaparecido…
Seis meses habĂ­an pasado desde la boda de Andrew con Laia, de ahĂ­ a que Alicia le pusiera el nombre a su hija, ya nuestra hija, porque la amaba como si fuera mĂ­a.
A Alicia la conocí gracias a Andrew, cuando intervenimos en liberar en Marruecos a Laia, en aquel entonces una española que se casó con un marroquí que la sometió a una cautividad por dos años, de ahí que la escritora Ariadna Baker, contara su historia y por ende el principio de la mía en una trilogía llamada Laia, además de Cautiva.
Hoy en día Andrew y Laia, vivían felices en las Highlands de donde era él, además había pedido una excedencia para disfrutar de ella y los hijos que ya tenían, tres, Dylan, Hugo y Janis. La niña fruto del amor entre ellos y los niños frutos del corazón tan grande que poseían, ya que eran adoptados.
A Andrew lo conocí en varias cooperaciones conjuntas, ya que él era inspector en Escocia y yo en España, así que nos vimos siguiendo a las mismas bandas de narcotraficantes que intervenían, tanto en su país como en el mío, pero lo que realmente nos unió fue su historia con Laia, hoy su mujer y amiga de mi pareja Alicia.
A Alicia la conocí y poco después la dejó el marido, renunciando a la pequeña Laia por irse con una mujer a algún lugar de Europa, donde se quedó con ella. poco después supimos que esta lo dejó y él no regresó a España, pero, consciente de todo lo que dejó aquí, comenzó a amenazar a Alicia hasta que yo me puse serio.
Fue en las Navidades antes de la boda de Andrew, cuando Alicia y yo nos comenzamos a dejar llevar por eso que nos dimos cuenta que sentíamos el uno por el otro, hace un año, pero no lo confirmamos hasta el enlace de estos, ahí donde sellamos nuestro amor con un beso.
La verdad es que esa boda fue la confirmación de un amor que se había ido engrandeciendo en medio de un cautiverio y problemas que se sucedieron por un largo tiempo y en el que nos vimos en una espiral de acontecimientos. Al final ese caso se convirtió en mucho más que algo laboral, Andrew se enamoró de ella y yo la amé como a una hermana, esa que sé que tiene los mismos sentimientos hacia mí.
Y a pocos días de hacer un año con Alicia y esa preciosa niña a la que amo como si fuera mía, desaparece…
Ni veinticuatro horas de la llamada y ya tenĂ­a a Andrew y su familia en Huelva, en el piso que estos tenĂ­an allĂ­ de Laia y de donde era Alicia, la mujer de mi vida.
Además, yo estaba con ella y la niña afincado en mi tierra, Cádiz, en donde ejercía mi profesión de policía en cubierto y donde escribía mis novelas, ya que publicaba en una plataforma enorme y que, para sorpresa mía, tenía muchas lectoras.
Pero un día antes de esa llamada a Andrew, nuestra pequeña Laia desapareció, sí, por arte de magia. Estaba en el salón jugando con sus muñecas en una manta en el suelo y Alicia preparando la comida, solo se despistó unos minutos para ir a mover la pasta y cuando regresó al salón, ni rastro de la pequeña, eso sí, la puerta de la terraza estaba abierta, alguien había entrado…
En mi trabajo cambié todo el rumbo y dije que ahora la prioridad era encontrar a mi niña sana y a salva, no podía soportar el dolor de saber que le podría estar pasando y no podía mirar a la cara a Alicia, que estaba desgarrada de dolor, sin dejar de llorar y gritando de impotencia.
Laia y Andrew iban a dejar en Huelva a sus hijos con los padres de ella, asĂ­ que lo hicieron todo rápido y se vinieron a Cádiz, ella para arropar a su mejor amiga y Ă©l, para ayudarme a encontrar a la pequeña Laia…
Andrew se acercĂł a mĂ­ mientras Laia, corrĂ­a a los brazos de Alicia.
—La vamos a encontrar, lo vamos a hacer —dijo dándome un abrazo.
—Te necesito, aunque sé que ahora no tienes competencia, te quiero a mi lado, tu cabeza es una de las mejores para desenredar los casos.
—Aquí me tienes, no me hace falta tenerla, solo la lealtad que siento por ti, Hugo ¿Crees al igual que yo quién es?
—Sí, Pedro, el padre biológico de la niña, seguro que se la llevó a algún lugar de Europa.
—Le tuvo mucha inquina a Alicia cuando le salió mal la otra relación y se dio cuenta de que lo había perdido todo, actuó con mal sentimiento contra ella pagando toda su ira, así que hay que abrir la línea por esa parte, sin dejar otras abiertas, nunca se sabe.
—En eso estamos, hemos pedido las cámaras de seguridad de todo el perímetro de nuestra casa, para ver los coches que se movieron en esas horas antes de su desaparición y a los minutos después, queremos ver todas las coincidencias.
—Eso está perfecto.
Alicia estaba derrumbada, daba pena mirarla y eso me estaba poniendo mucho peor.
Nos metimos en mi despacho, ahí podíamos hablar tranquilos, lo bueno es que Laia estaba con ella, eran como hermanas y cuando pasó lo de ella en Marruecos, Alicia hizo todo lo habido y por haber por recuperarla, así que ahora contaba con ella, esa mujer que estaría dispuesta a estar ahí para todo…
—Amo a esa niña más que a su madre y eso que Alicia es el amor más grande que sentí por una mujer, pero esa niña… —Se me saltaron las lágrimas.
—Lo sé, había mucha química entre ustedes…
—Solo tiene cuatro años y me miraba como si fuera Dios, se le iluminaba la cara con solo sacarle la lengua o hacerle una gracia.
—Hugo, la vamos a encontrar —me apretó el hombro.
—¿Sabes?
—Dime.
—Las cosas no estaban marchando bien el último mes con Alicia.
—¿Y eso? —preguntó cambiando el gesto de su cara.
—Se que me ama como yo a ella, pero algo pasaba que nunca conseguí averiguar, sé que algo había, no te digo que estuviera con otro hombre ni mucho menos, eso jamás se me pasó por la cabeza, pero había algo, le pregunté muchas veces y siempre me decía que no le pasaba nada o que estaba cansada. Quiero recuperar a nuestra hija y a ella, necesito a las dos en mi vida, no podría vivir sin ellas, me volvería loco.
—¿Ella dijo en algún momento que la desaparición iba por parte de Pedro?
—No, es más dice que no, que él no vendría a por ella.
—Esto me está oliendo raro.
—¿Por qué dices eso?
—Sabes que tenemos un sexto sentido, pero siempre me dijiste que yo tengo un séptimo, ese que no lo tiene cualquier policía.
—¿Y qué piensas?
—Aquí está pasando algo más, déjame avanzar un poco más y te digo, pero creo que aquí hay algo que se nos está escapando de las manos.
—Vamos a hacer lo que quieras, tiramos por donde digas, tengo toda la fe puesta en ti, pero tenemos que traer de vuelta a Laia, de lo contrario…
—La traeremos.

»cap2″

CapĂ­tulo 2: Alicia
 
Me la había quitado, Pedro me la había quitado…
No podía ni nombrarlo, llevaba un mes recibiendo amenazas que no le pude contar a Hugo, si lo hacía, la iba a matar, me lo había advertido mil veces desde unas semanas atrás y es que cuando mi pareja se metió por medio y le contestó a los mensajes, lo enfureció mucho más y desde ahí me lo tuve que tragar todo sola.
Sabía que ropa llevaba mi hija, si habíamos ido a una farmacia, al colegio, a comprar pan, lo sabía todo y me lo advirtió, iba a matarla si le contaba algo a él. Solo quería una cosa… recuperarnos a las dos.
Estaba en Irlanda, pero esa información solo la sabía yo, así que, si era el artífice y lo era de la desaparición de Laia, ya se la había llevado allí y yo, yo tenía que ir a por ella, no podía ponerla en riesgo, no podía contárselo a Hugo.
Lo tenĂ­a todo preparado, solo tenĂ­a que buscar la excusa perfecta, ya tenĂ­a en el maletero de mi coche una bolsa con ropas, solo tenĂ­a que salir sola de aquella casa e irme al aeropuerto de Jerez, coger un vuelo y luego hacer una escala para Irlanda, no podĂ­a ir directa, sabĂ­a que, si lo hacĂ­a, Hugo darĂ­a con mi rastro.
—Laia ¿Confías en mí? —Le dije a mi amiga, cogiéndole las manos.
—A estás alturas de mi vida y me preguntas eso —dijo ella, negando.
—Sé donde está mi hija, pero si está la policía por medio, la va a matar, él lo tiene todo perdido y la niña le importa una mierda. Por favor no puedes hablar de esto con ellos.
—No Alicia, no me pidas eso —se le saltaron las lágrimas —. Sabes que ellos me liberaron, y eran más peligrosos, era una banda. Por Dios Alicia, tenemos que contárselo.
—Si le cuentas algo, o si le llega a suceder cualquier cosa a mi hija por haberle dicho algo, te juro que no te lo perdonaré jamás —le dije, apretando los dientes —. Sácame de aquí, vamos a inventar una excusa, pero sácame de aquí sin que sospechen nada, si no lo haces, vas a salir de esta casa y de mi vida por poner a mi hija en riesgo —la miré en tono amenazante, me dolía, pero tenía que conseguir que me ayudara a salir —Demuéstrame que quieres a mí hija y confía en mí.
—Lo haré, a pesar de saber que me estoy equivocando, pero lo haré.
Ella se fue al despacho a buscar a los chicos y les dijo que me iba a llevar a dar una vuelta en el coche para que me diera el aire y querĂ­a hablar conmigo fuera de esas cuatro paredes, que luego volverĂ­amos.
Y así fue, salimos de allí, ni pasé a despedirme de Hugo, no quería que me viera, no quería que notara algo en mi rostro.
Nos dirigimos al aeropuerto de Jerez, a cuarenta minutos, con la suerte que abordé un vuelo que compré de última hora y al que me subí, después de dejar a Laia llorando y temblando.
Ella se pensaba que mi destino estaba en Londres y eso era lo que quería, despistarlos a todos. Si algo tenía claro es que no iba a poner en riesgo la vida de la persona que más amaba en este mundo junto a Hugo, a mi pequeña Laia, el motor de mi vida.
El vuelo lo pasé entre nervios, llorando, apagué el móvil para siempre, había comprado una tarjeta de prepago en el aeropuerto y yo tenía el número nuevo de Pedro, ese que no tenía Hugo, así que me pondría en contacto nada más llegar.
Y eso hice, aterricé en Londres y llamé a Pedro.
—Ya estoy en Londres, en dos horas vuelo a Irlanda.
—Te espero en el aeropuerto.
—Vale.
—No le hagas nada a Laia, por favor, no le hagas nada, estoy dispuesta a quedarme contigo.
—Bien, así me gusta, recuperar lo que me pertenece —murmuró y colgó.
En ese momento sentí que el mundo se me terminaba de caer encima y por completo. Jamás imaginé que Pedro fuera capaz de tener tanta maldad y sangre fría para abandonarnos renunciando a su hija, luego secuestrarla y ahora querer formar junto a nosotros esa familia que él destruyó, lo peor de todo, sin importarle nada, a costa de todo y todos.
Durante el siguiente vuelo lo pasé llorando, hasta tal punto que una de las azafatas vino dos veces a preguntarme si estaba bien o necesitaba algo.
Tenía una ansiedad que me estaba matando, no había comido nada desde que la niña desapareció y lo peor de todo, no me había dado tiempo a darle la sorpresa a Hugo, estaba embarazada de él y eso, eso iba a sumir en un caos todo. Pedro iba a enloquecer cuando se enterara.
Así estaba yo, en una situación más que alarmante y desesperante, así estaba yo, queriendo salvar a mi hija y poniendo en peligro al que venía en camino, así estaba yo, en un callejón sin salida del que no tenía ni idea de lo que hacer, pero con algo claro, tenía que recuperar a mi hija sana y salva.
Aterricé en Dublín y allí estaba Pedro, con esa sonrisa y una cara de loco de lo más demacrado.
—¿Dónde esta mi hija? —pregunté, derramando lágrimas que no podía evitar.
—Ahora la verás, está bien —me abrió la puerta de una camioneta para que me montara y echó mi bolsa atrás como si fuera una bolsa de basura que arrojan a un vertedero.
—Pedro, dime que no le has hecho nada.
—No, claro que no cariño —murmuró sonriendo y mirándome con esa cara de loco, parecía que había bebido, ese olor era inconfundible.
Dos horas de camino, por valles, por carreteras alejadas de todo, por ahí fuimos hasta que llegamos a una casa en medio de la nada, aquello más que una casa parecía un establo.
Entramos y abriĂł la puerta de una habitaciĂłn que parecĂ­a un pasillo.
—Entra, ahí está.
Fue entrar y cerró, pude escuchar como la cerraba con llave, entré a mirar y ahí no había nada, comencé a gritar como loca, encima me había quitado mi móvil nada más subir a la camioneta.
—¡No grites, bienvenida a tu nuevo hogar!
No había ventana, no había nada, solo una luz y una cama a un lado, no había nada, absolutamente nada, aquello fue el momento más desgarrador de mi vida ¿Dónde estaba mi niña?

»cap3″

CapĂ­tulo 3: Hugo
 
SalĂ­ con Andrew al jardĂ­n al ver el coche entrar, querĂ­a abrazar a Alicia, sabĂ­a que estaba sobrepasada, desgarrada y muy mal.
Miré a Laia al verla salir del coche, ni rastro de Alicia. Andrew no tardó en preguntarle.
—¿Dónde esta Alicia?
—No lo sé, llevo una hora buscándola, no lo sé —lloraba constantemente.
—¿Cómo que no lo sabes? ¿Dónde estabais? —le pregunté nervioso y echándome el pelo hacia atrás.
—Me dijo que parase en la puerta de atrás del centro comercial Plaza, porque iba a entrar a comprar una cosa. Esperé y esperé, pero nunca salió. Tiene el móvil apagado. Entré y la busqué por todas partes.
—Vale, quédate aquí —murmuró Andrew y me hizo un gesto para que nos fuéramos.
—No puede estar pasando —le di un golpe al salpicadero.
—Relájate ¿Tienes mano allí?
—Sí.
—Vamos a ver todas las cámaras de seguridad.
—Lo estaba pensando.
Y eso hicimos, nos fuimos al centro comercial y no dudaron en enseñarnos todas las cámaras de la puerta de atrás, pero ni rastro de su entrada en todo el tiempo, ni rastro.
Nos pusimos a ver las de los pasillos y en ninguna aparecĂ­a tampoco, pero vamos, viendo que por la entrada que decĂ­a no habĂ­a pasado, algo me sonaba mal.
Regresamos junto a Laia, que estaba llorando en el sofá.
—Vida, dijiste que entró ¿Tú la viste hacerlo?
—Sí —murmuró en voz baja y sin mirarnos a la cara, algo me decía que no estaba diciendo la verdad, pero siendo quien era no podía ponerme de una manera más alterada.
—No hay ni rastro de su entrada, cariño ¿Puedes explicármelo?
—No lo sé, yo la vi entrar.
—Laia, esto es más grave de lo que piensas, ya no estamos buscando solo a la niña, también estamos buscando a Alicia —le dije en un tono no muy bajo —. Si sabes algo…
—¿Sabes algo? —le preguntó Andrew, ya en un tono no tan amigable.
—No se nada.
—Laia, te conozco, si estás encubriéndola en algo, que sepas que no le estás haciendo ningún favor, todo lo contrario, la estás dejando al pie de los caballos.
—¡Laia! —levanté la voz desesperado.
—Se fue a Londres —rompió a llorar.
—¿¿¿A Londres??? —preguntamos los dos al unísono y con casi un grito.
Y ahí fue cuando se desmoronó y nos lo contó todo, en ese momento no le di una hostia por ser quién era y por lo que la quería.
—Laia, lo que has hecho no me lo esperaba de ti, creí que confiabas más en mí, pensé que…
—¡Iba a matar a la niña! —gritó llorando.
—¡¿Y quién te dice que ahora no lo hará con las dos?! —preguntó Andrew muy enfadado y negando, mirándola desafiante —Me lo deberías de haber dicho a mí al menos ¡Joder!
—No me hables así —murmuró entre lágrimas.
—¿Te aplaudo? ¿Te felicito?
—Me voy para Huelva con mis hijos, os dejo aquí a ustedes, creo que no me necesitáis.
—Mejor, vete y si tienes noticias de ellas mejor que nos lo digas, Laia, mejor —Andrew estaba muy enfadado.
Llamé para pedir un extracto de vuelos con su nombre a través de la comisaría. No me lo podía creer, se había ido para reunirse con Pedro, pero si era listo, lo de Londres sería solo una vía intermedia para irse a otro país ¿Qué estás haciendo, Alicia? Me pregunté una y mil veces ¿Por qué no había confiado en mí? ¿Por qué no me había dicho nada?
Laia saliĂł con su maleta y se despidiĂł de nosotros con un gesto, ni siquiera le dio un beso a Andrew, este estaba muy enfadado con ella, y no hizo el intento de acercarse.
Se marchĂł para Huelva y nosotros nos fuimos a mi departamento de comisaria, donde tenĂ­a a todos los chicos en esa lĂ­nea de investigaciĂłn, conocĂ­an de oĂ­das a Andrew y otros personalmente, asĂ­ que lo recibieron con mucho respeto por la trayectoria que sabĂ­an que tenĂ­a y porque yo estaba al mando.
Ya estábamos en contacto con la policía londinense donde también teníamos contactos, así que iban a colaborar con nosotros en esa línea de investigación para llegar cuanto antes a ellas.
Laia mandĂł un mensaje diciendo que ya habĂ­a llegado a Huelva, se lo mandĂł a Andrew de forma seca, en el fondo sabĂ­a que debĂ­a tener un peso de conciencia bastante grande, de esos que no la iban a dejar vivir como les pasara algo a las dos.

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