Desde las cenizas novela

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***SOLO HOY Y ahora supera mi beso de Megan Maxwell 

Regresa Megan Maxwell con una novela romántico-erótica tan ardiente que se derretirá en tus manos.

Sexo. Familia. Diversi√≥n. Locura.Vuelve a so√Īar con la nueva novela de la autora nacional m√°s vendida...

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Despu√©s de la ag√≥nica muerte de su prometido, Emma Davies es deslizada por la ca√≠da hacia la m√°s oscura bajura del calvario, cabo en el que no parece haber ning√ļn tipo de salida. Sin embargo, la extra√Īa √ļltima volici√≥n de su pretendiente le obliga a reencontrarse con viejos amigos y ayuntarse con ellos en una chabola lejos de la cultura, adonde sentimentalismos abortados ser√°n temerarios. Es all√≠ cuando Emma descubrir√° que la defunci√≥n solo es un incisivo preludio para la vivacidad y que, tambi√©n, del disgusto m√°s profundo puede actualizar el respeto.


Capítulo 1

Emma Davies llevaba poco m√°s de media hora de pie frente al espejo, mir√°ndose, tratando de fingir una sonrisa; pero en su lugar solo hab√≠a una mueca horrenda. Exhal√≥ con pesadez, intentando contener el llanto. Los recuerdos del pasado no la dejaban en paz. Se vio las manos por un momento y finalmente, despu√©s de haber estado batallando por d√≠as, se dej√≥ vencer. Llor√≥. Afuera, el cielo estaba nublado, casi oscuro. Daba la impresi√≥n de que, en lugar de ser las dos de la tarde, eran las siete de la noche. Aunque tambi√©n le imprim√≠a cierto aire de tristeza, como si en ese reino invisible al que todos pretend√≠an llegar estuvieran de luto y lamentara la partida de alguien importante. La brisa mec√≠a con suavidad las ramas de los manzanos del jard√≠n. Parec√≠a que iba a llover, lo cual resultaba refrescante en pleno verano. Con los cambios clim√°ticos nunca se sab√≠a. Sin embargo, el fr√≠o y la lluvia casi nunca resultan ventajosos cuando se est√° a punto de sepultar a un ser querido. Le dan cierto aire de tristeza. Hacen que el d√≠a parezca salido de una pel√≠cula antigua y melodram√°tica; pero la verdad es que a veces, solo a veces, el cielo acompa√Īa con sus l√°grimas a quienes han sufrido una gran p√©rdida. Al menos a ella le pareci√≥ de tal forma. Los sue√Īos, se dijo, todos ellos hab√≠an muerto, al igual que sus esperanzas. Esos anhelos que una vez crey√≥ que se volver√≠an realidad. No importaba; la vida se le iba a paso lento, escurri√©ndose de forma dram√°tica como el agua entre los dedos. Desvi√≥ la mirada hacia la derecha y vio la vieja fotograf√≠a que guardaba como un tesoro. Hab√≠a algo en ella que no le era posible describir con simples palabras, y hubiera sido hip√≥crita hacerlo en ese instante; aun as√≠, lo intent√≥. Fue masoquismo quiz√°s, ella no lo supo entonces, y tampoco le interes√≥. Quer√≠a sentirse viva otra vez, con motivos para seguir adelante. ‚ÄĒChris ‚ÄĒsusurr√≥. Anhel√≥ poder devolver el tiempo para estar a su lado al menos durante un minuto. Nada m√°s uno, rog√≥, y repetirle lo mucho que lo amaba. Besarlo, sostenerle la mano mientras √©l se entregaba al sue√Īo eterno. Incluso pensar en eso se hac√≠a desgarrador. Se pregunt√≥, sin dejar de observar cada detalle de la fotograf√≠a, los motivos que tuvo la muerte para arrebatarle todo cuanto ten√≠a de la forma m√°s cruel. No lo supo, mas tuvo claro lo que perdi√≥: le arrebataron la vida entera en un instante. Aunque nada se pod√≠a hacer, porque el destino era as√≠ de injusto. No era posible regresar el tiempo para evitar los terribles eventos que le hab√≠a tocado experimentar. De eso se trataba estar vivo, asumi√≥. Cuando el dolor es tan intenso es usual que la l√≥gica sea relegada a un segundo lugar. Nada tiene sentido cuando el coraz√≥n est√° roto y el alma no consigue motivos. Nada interesa cuando respirar se convierte en una tarea casi penosa y las l√°grimas queman la piel. Era una pregunta sin sentido y, a pesar de ello, Emma se la plante√≥ varias veces: ¬ę¬Ņpor qu√© a m√≠?¬Ľ. La respuesta no lleg√≥; por el contrario, se hizo distante como ese cielo nublado que no le ayudaba en nada. Recorri√≥ con la yema de los dedos el rostro de aquel ni√Īo encantador que la protegi√≥ de todo el que quisiera hacerle da√Īo, ese con el que comparti√≥ mil y una experiencias maravillosas, el que le am√≥ sin medidas y se convirti√≥ en su otra mitad. ‚ÄĒChris… Christian… ¬ęDame una raz√≥n ‚ÄĒpens√≥‚ÄĒ, por favor. Solo una¬Ľ. No la hubo, no lleg√≥ en eso pocos minutos, y Emma crey√≥ que no lo har√≠a nunca. Aspir√≥ y contuvo el aire hasta que pareci√≥ hervir en sus pulmones. Los recuerdos no ced√≠an en el ataque a su mente fr√°gil. Sent√≠a un malestar hondo, pero no era f√≠sico. Espir√≥. Emma consider√≥ lo injusto que era el destino. ¬ŅPor qu√© Chris hab√≠a tenido que irse as√≠? Tal vez era su culpa. Al pensarlo de ese modo, las ganas de avanzar le faltaron. Otra vez dese√≥ la muerte, pero ten√≠a claro que su deber era luchar contra la desgracia costara lo que le costase. No pod√≠a fallarle al rendirse; no quer√≠a decepcionarlo, no a √©l. No sin dar una pelea digna antes. ¬ęRegresa¬Ľ. Si tan solo Christian hubiera podido o√≠rla, si tan solo √©l hubiera podido responderle como antes, cuando todo estaba bien. ¬ęChris, quiero verte¬Ľ. ‚ÄĒYa es hora. ‚ÄĒLa voz de Ava, su hermana menor, le sac√≥ del horroroso laberinto que representan sus pensamientos‚ÄĒ. Tenemos que… ¬ŅEmma? Te estoy hablando. Aunque la oy√≥, prefiri√≥ permanecer en silencio, con el retrato en sepia arrugado dentro de la mano, aferrado a su pecho porque ah√≠ Christian estaba m√°s cerca y, por ende, no volver√≠a a perderlo; porque ah√≠ hab√≠a estado desde hac√≠a unos a√Īos y… Los motivos se le acabaron. Ava, no obstante, continu√≥ vi√©ndola, esperando en silencio a que su hermana respondiera. Cuando se dio cuenta de que no lo har√≠a, decidi√≥ insistir, y dijo: ‚ÄĒHermana, nos esperan abajo. Ya es hora de… Emma se dio media vuelta, la vio distante, despu√©s se lami√≥ los labios y lade√≥ la cabeza. Eso siempre funcionaba con los extra√Īos, esper√≥ que con su hermana tambi√©n. ‚ÄĒLo s√© ‚ÄĒrespondi√≥ en voz baja, interrumpi√©ndola. Emma consider√≥ que su hermanita hab√≠a madurado hasta convertirse en una muchacha hermosa, la versi√≥n femenina de David, su padre: alta, bonita y con unos maravillosos ojos grises. Ambas hab√≠an heredado eso de √©l, pero Emma se parec√≠a m√°s a su difunta madre. ‚ÄĒNuestro padre ha dicho que ‚ÄĒhabl√≥ de nuevo‚ÄĒ… que tus viejos amigos vendr√°n para el sepelio. De hecho, ya llegaron algunos. Est√°n esperando por ti en la parte de abajo, junto a √©l. ‚ÄĒEmma afirm√≥ con un movimiento de cabeza. Ava continu√≥ con esa misma entonaci√≥n latosa‚ÄĒ: Gabriel y sus hermanos llegaron anoche, al igual que Debra, Michelle y ese chico raro…, el de los rizos…, ¬°Ra√ļl! Por otro lado, Dylan y Tyler, y Sebastian y Lily se ir√°n directo al cementerio y… Reece viene en camino, creo que estaba en Toronto de vacaciones con su mujer. Lo escuch√© bastante conmovido por lo que ha pasado, te envi√≥ sus condolencias. Dijo que… ‚ÄĒ¬ŅReece, dijiste? ‚ÄĒEmma intervino asombrada‚ÄĒ. ¬ŅReece Green? Durante la infancia, y buena parte de la adolescencia, ella lo hab√≠a querido. Pero eso fue hasta que Christian lleg√≥ para mostrarle lo que significaba amar y ser correspondido con la misma pasi√≥n. Se pregunt√≥ c√≥mo se encontrar√≠an √©l y su esposa Julie, imagin√≥ que mejor que ella, ya que ten√≠a entendido que ambos esperaban un beb√©. A pesar de vivir en el mismo pa√≠s, llevaba mucho tiempo sin verlos. Ava call√≥. Resopl√≥ viendo hacia arriba, cansada, y respondi√≥ momentos despu√©s: ‚ÄĒS√≠, el mismo Reece idiota de siempre. Emma se limit√≥ a suspirar. ¬ęAl menos t√ļ eres feliz, ¬Ņverdad? Encontraste a la mujer correcta y pronto ser√°s padre. Al menos t√ļ eres feliz¬Ľ, pens√≥ coloc√°ndose el abrigo lila, que sol√≠a usar casi siempre, y se solt√≥ el cabello, el cual cay√≥ con suavidad sobre sus hombros estrechos. Era curioso que el sol no hubiera salido. Quiz√°s lo imaginaba, pod√≠an ser ideas de su mente, mas le pareci√≥ que el mismo Reino Celestial lamentaba la p√©rdida de uno de los mejores hombres que el mundo hubiera visto nacer: Christian Dunne. Eso, todo lo que representaba la situaci√≥n en s√≠, le record√≥ un viejo poema que nunca le gust√≥. Era demasiado f√ļnebre, cruel y real. ‚ÄĒVamos ‚ÄĒdijo. Tom√≥ con suavidad la mano de su hermana y sali√≥ de la habitaci√≥n tratando de verse lo m√°s calmada posible. ¬ęQu√©date silenciosamente en esa soledad que no es abandono, porque los esp√≠ritus de los muertos ‚ÄĒque existieron antes que t√ļ en la vida‚ÄĒ te alcanzar√°n y te rodear√°n en la muerte (…), por lo tanto, permanece tranquilo¬Ľ, pens√≥ mientras bajaba las escaleras. Incluso lo recordaba a perfecci√≥n. Si Christian continuara con vida seguro le dir√≠a que era bastante fatalista. Quiso saber c√≥mo no serlo en una situaci√≥n como esa. No hubiera querido tener que atravesar tan lamentable proceso ni tener que enfrentar la cruda realidad que le golpeaba la cara, pero era su deber. Agradec√≠a a su padre que se hiciera cargo de todo el papeleo y las llamadas. Ella no habr√≠a podido, ¬Ņc√≥mo hacerlo cuando quien estaba en aquella caja de madera era su prometido? Y, en ese instante, sus √ļltimas palabras le volvieron a la cabeza como un eco: ¬ęS√© feliz. Si yo ma√Īana no estuviera, quiero que me prometas que lo ser√°s, que volver√°s a re√≠r, que cumplir√°s tus metas. Que no dejar√°s la reposter√≠a, por mucho que David te diga que est√°s perdiendo el tiempo. Emma, quiero que… Emma, si ma√Īana llegase a faltarte, quiero que ames con m√°s intensidad, que no te encierres en tu mundo solitario, que no vuelvas a ser esa muchachita que se escond√≠a de todos por temor. Quiero que vivas, por ti y por m√≠¬Ľ. Eso hac√≠a, a pesar de que lo √ļnico que deseaba era suicidarse. Tan pronto como se encontr√≥ con los hermanos McAdden, Emma sonri√≥ con la misma delicadeza de siempre, haciendo su mejor esfuerzo, repiti√©ndose: ¬ęque no se note, que no se note¬Ľ. Aun as√≠, Gabriel tosi√≥ para llamar su atenci√≥n y la observ√≥ durante unos instantes con esos impasibles ojos verdes, que en un pasado parecieron arder como el propio infierno, hasta que consigui√≥ ponerla nerviosa. ‚ÄĒNo necesitas fingir que est√°s bien ‚ÄĒdijo severo, para sorpresa de los presentes, mas con suavidad‚ÄĒ, Emma. Y ella se derrumb√≥. Emma Davies llor√≥ en silencio, desconsolada, deseando poder ser invisible. Gabriel se acerc√≥ y, despu√©s de acariciarle el cabello, le abraz√≥ con fuerza. Emma le enterr√≥ los dedos en la espalda, a pesar de eso, √©l no se movi√≥ ni dej√≥ escapar ning√ļn sonido. Le permiti√≥ desahogarse en su pecho mientras era visto con asombro por Karl y Tessa, sus hermanos mayores. Gabriel pocas veces daba muestras de afecto. El chofer de la familia inform√≥ que el autom√≥vil se encontraba listo. Emma se alej√≥ de Gabriel y, luego de sonre√≠rle agradecida, se limpi√≥ las l√°grimas. √Čl se limit√≥ a mover la cabeza en se√Īal de aprobaci√≥n. En silencio, el grupo de personas abandon√≥ el sal√≥n con direcci√≥n al cementerio.

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