Donde Nacen Las Leyendas

Donde Nacen Las Leyendas

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Donde Nacen Las Leyendas de Fran Atienza

El 26 de Noviembre de 1970, uno de los satélites norteamericanos en pruebas mostró en una de sus fotografías rutinarias al globo terráqueo una extraña sombra al oeste del Océano Atlántico. Tras ser examinada exhaustivamente por la NASA en el centro espacial John F. Kennedy, en Cabo Cañaveral, se reveló la existencia de una isla ubicada justo en el centro del denominado Triángulo de las Bermudas, que cubre un área geográfica de aproximadamente 1,1 millón de kilómetros cuadrados, y cuyos vórtices están en las Bermudas, Puerto Rico, y Melbourne (Florida). Donde se producen misteriosas desapariciones desde mediados del siglo XIX. Múltiples medios publicaron la información de este nuevo suceso. Doscientos efectivos entre militares, científicos, y periodistas zarparon hacia la isla en una fragata desde la Base Naval de Guantánamo. Horas después, se perdería el contacto. A la mañana siguiente, una avioneta de reconocimiento partió en su búsqueda desde la base aérea Patrick, en Cabo Cañaveral. Lo último que se supo de los pilotos es que entraron en una gigantesca área cubierta por densa niebla en la que volaron sin rumbo hasta que el aparato, ya sin combustible, se precipitó al océano. Este hecho acrecentó más el misterio que giraba en torno al enigmático triángulo de las Bermudas. Casi un mes después. Una nueva noticia impactó los medios de comunicación. Rodeado por una extraña y densa niebla, un buque, alcanzó la costa de Florida con solo varios tripulantes a bordo que afirmaban proceder de aquella isla que se había dado por inaccesible e inhabitada. Los dos misteriosos visitantes, ante la expectación de los medios llegados al lugar declararon que la isla se encontraba allí desde siempre, oculta por densa niebla la hacia invisible para el resto del mundo. Confirmaron que la fragata enviada anteriormente había alcanzado sus costas, pero que sus tripulantes, ya en la isla, desaparecieron en extrañas circunstancias días después. Estas afirmaciones, hicieron correr de nuevo ríos de tinta que recorrieron los Estados Unidos de América, albergando en ellas muchas incógnitas. Los visitantes habían logrado trazar una cierta ruta marítima desde su isla hasta Melbourne. Pareciera que esa ruta solamente se podía navegar con seguridad en ciertos momentos. Al regresar, dada la peculiar geografía de la isla, solo se le podía acceder a pie y a través de una angosta senda que ascendía por un desfiladero. Los escasos habitantes que la poblaban, llamaban a su isla, Etterna.