Mi bebé extraterrestre de Stasia Black

Mi bebé extraterrestre de Stasia Black

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***SOLO HOY Las Guerreras Maxwell, 7. Atrévete a retarme De Megan Maxwell

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Luego de siglos de soledad, por fin encontró su hogar: junto a ella.

Ezo es un extraterrestre fascinado por todo lo referente al planeta Tierra. No ve el día en que aterrice a experimentarlo todo: la pizza, los chocolates y el coqueteo. Luego de una vida entera solo en su antiguo planeta, por fin tendrá un lugar al cual llamar hogar.

Para cuando aterriza, una hembra ya ha sido escogida para él. Ana lo espera desde que sale del transbordador. Es hermosa, alegre y parece tan ávida de conocerlo a él como él a ella.

No sabía que la felicidad existía.

Todo va viento en popa…

…hasta que de pronto ya no.

Porque Ezo no es un hombre libre. Debe cumplir con su misión de la cual depende toda su raza, y llevarla a cabo podría significar tener que abandonar a su hermosa Ana.

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Capítulo 1
Ana
Miro alrededor del hangar de aviones vacío. Aún no hay señales de él. Solo veo un suelo de concreto y un enorme techo oxidado. Este lugar no se ha utilizado en más de cincuenta años.
Los Draci dispusieron reparar ciertos paneles del techo de hojalata discretamente; de tal forma que los satélites no pudieran obtener imágenes de lo que en ocasiones pueda aterrizar aquí.
Hablando de aterrizajes… Saco el teléfono para ver la hora: las dos en punto. En realidad, Ezo llega tarde; yo he llegado muy temprano.
Me sobresalto cuando el teléfono comienza a sonar.
Joder, es Juliet. Estoy a punto de ignorar la llamada con el pulgar, pero ¿y si ella o su esposo Shak tienen alguna información sobre el aterrizaje? Frustrada, dejo escapar un suspiro y luego esbozo una sonrisa mientras presiono el botón de responder.
—¿Qué tal, Juliet? —le pregunto con voz alegre.
—Hola, Ana. Solo quería saber cómo iba todo. A Shak y a mí nos gustaría estar ahí si pudiéramos, pero creo que daré a luz en cualquier momento y Shak se niega a separarse de mi lado.
Juliet conoció a Shak hace tres meses y medio, un extraterrestre híbrido del cual quedó embarazada. Aparentemente, los embarazos extraterrestres progresan mucho más rápido que los de los humanos, y Juliet lucía tan encinta la última vez que la vi, que habría jurado que llevaba trillizos y estaba en el último trimestre. Y eso fue hace solo dos semanas.
Pero dado a que este es el primer embarazo humano/draci, nadie tiene idea de cómo saldrán las cosas. De acuerdo a las mejores mentes médicas de ambas razas, las humanas y las draci, el bebé Thrax está sano, y según Juliet, es muy travieso y está listo para conocer el mundo exterior.
—No hay problema —le aseguro a Juliet por enésima vez.
—¿Estás segura de que te parece bien presentárselo a las otras mujeres? La has evaluado, ¿verdad? Es que he visto los reportes del investigador privado y se ven bien en papel, pero has pasado suficiente tiempo con ellas para asegurarte de que… pues… no estén locas, ¿cierto?
—Todas están bien —le digo con voz reconfortante—. Solo tres pasaron la prueba final y Ezo podrá hacer su elección.
Se decidió que no sería justo que Ezo, un extraterrestre Draci al igual que el esposo de Juliet, saliera a intentar embarazar a cualquier mujer al azar sin considerar las consecuencias. Cuando los extraterrestres llegaron por primera vez al planeta para reproducirse con mujeres humanas y así salvar su raza, la cual se había vuelto infértil debido a siglos de manipulación genética, no sabían que el embarazo alteraría de tal forma el cuerpo de las madres.
Los alteraban al extremo.
Tal como pasó con mi mejor amiga Juliet, que tiene unas endemoniadas alas doradas que le salen de la espalda y extensiones de escamas protectoras por todo el cuerpo.
Entonces sí. Todos decidimos que los Draci solo podrían estar con mujeres que estuviesen interesadas en ese tipo de cosas.
—¿Dónde fue que encontraste a esas mujeres? —me pregunta Juliet a pesar de que le he respondido la misma pregunta ya varias veces.
—Son chicas que conozco desde siempre. Nos reunimos algunas veces para jugar videojuegos frikis y hablar sobre una que otra teoría conspirativa. Mira, ¿puedes confiar en mí? Sé que no cuento con las brillantes habilidades sociales de Giselle, o lo que sea, pero te prometo que lo tengo todo bajo control.
Giselle es nuestra otra mejor amiga. Es hermosa y centrada. La típica chica de sociedad que fue a una universidad de prestigio y es voluntaria de organizaciones caritativas y todo ese tipo de cosas. Tal como mi hermana, salvo que Giselle sí me agrada.
—Lo siento —se apresura a decir—. No quiero que pienses que no confío en ti para esto, porque sí lo hago. Está bien, dejaré de molestarte. Escríbeme cuando aterrice. Los veré más tarde cuando pasen por aquí. ¡Feliz emparejamiento!
Con esa última frase, cuelga, y maldición… ahora me siento culpable.
Le estoy mintiendo a mi mejor amiga.
No hay otras mujeres aquí.
Solo estoy yo.
Una ráfaga de aire justo fuera del hangar atrae mi atención. El polvo y la grava se levantan a medida que escucho el ronroneo leve de un motor. El transbordador está aterrizando, es evidente por todo lo que lo rodea, incluso cuando el vehículo en sí no se puede ver. Aparentemente la tecnología de camuflaje es real, ya no es algo que solo exista en los sueños de ciencia ficción.
Mierda. Esto de verdad está sucediendo.
Doy la espalda al transbordador y me muerdo el labio. ¿De verdad voy a hacer esto? Asiento con fuerza. Sí, claro que lo voy a hacer. He pasado toda la vida en un segundo plano. Siempre he sido la tercera en discordia; la hermana menos bonita y realizada.
Aún a espaldas de la pista, me levanto el dobladillo del vestido y sumerjo los dedos dentro de mis bragas. Llevo haciéndolo toda la mañana. Juliet dijo que Shak la olió la primera vez que se conocieron y Dios sabe que necesito toda la ayuda que pueda conseguir.
Una vez que mis dedos están húmedos, saco la mano de las bragas y me doy la vuelta caminando con determinación hacia donde creo que está la pista.
Cuando estoy solo a mitad de camino, una puerta se abre en medio de la nada y de ella sale un hombre.
Demonios. Esperaba que fuera atractivo, pero, vaya, es tan guapo que casi doy la vuelta y echo a correr hacia el auto.
«¡No seas cobarde!»
Ese es mi nuevo mantra. Así que me enderezo, sonrío y me acerco al hombre.
—Hola. —Le extiendo una mano para estrecharla y solo tiemblo un poco—. Soy Ana, tu pareja.
Capítulo 2
Ezo
La mujer humana, Ana, me extiende la mano. Primero la miro con incertidumbre y luego veo sus ojos amistosos.
Es una criatura exquisitamente hermosa, delicada y colorida. No había visto tanto color desde los atardeceres en Draci y eso fue hace más de ciento cincuenta años atrás. Tiene el cabello rosado y la única prenda de ropa que la cubre desde el pecho hasta las rodillas es de color turquesa brillante. Lleva imágenes coloridas en la piel y una pintura facial que acentúa sus ojos grandes y sus carnosos labios rosados.
Vuelvo la mirada a la mano que ha extendido hacia mí. Dijo que es mi pareja. Todo esto ocurre más rápido de lo que esperaba, pero estoy feliz de olerla si ella me lo está ofreciendo, así que la tomo de la mano y me la llevo a la boca.
Extiendo la lengua y le lamo los nudillos, luego desdoblo sus dedos para lamer las intrincadas líneas que se dibujan en la palma de su mano.
—¡Ay! —jadea mientras su olor me sobrecarga todos los sentidos.
Feminidad y sexo; flores y más sexo. Abro los ojos de par en par y dirijo la mirada de nuevo a su rostro. Parece tan sorprendida como lo estoy yo.
Suelto su mano y doy un paso atrás.
—¿No se suponía que debía hacer eso?
—Oh —dice nuevamente, aun respirando con rapidez—. No, estuvo bien. Fue bueno, quiero decir. Creo que es mejor que continuemos con el apareamiento, porque para eso estás aquí, ¿cierto? ¿Para dejar a una terrícola embarazada? Bueno, aquí estoy.
Se ríe y mueve las manos de un lado a otro, tal como lo he visto en algunos de los animadores en los videos que recopilamos para estudiar al planeta de los humanos.
Además de hermosa, es sensata. Asiento.
—Sí. Vamos a aparearnos para poder dejarte embarazada.
Todo el rostro se le ilumina.
—Estupendo. ¿Qué tal dentro de tu trasbordador?
Parpadeo, sorprendido. Tenía entendido que las mujeres humanas eran difíciles de cortejar y de persuadir para que se sometieran al proceso de transformación como el que hizo la pareja de Shak, y que podría ser una tarea larga y delicada.
Pero esta mujer parece tan entusiasmada como lo estoy yo y cuando huelo el aire tras unos segundos, su olor a excitación permanece presente en el aire. Está lista para aparearse, está lista para hacerlo ahora.
—No hay espacio en mi trasbordador. Podríamos ir a una segunda ubicación. —Mi voz suena un poco tensa porque, aunque sé que debería ser un poco más paciente, mis dos penes han descendido solo con su olor. Me imagino quitándole sus extrañas prendas y explorándola aquí mismo en el suelo. Con solo pensarlo se me ponen más duros.
Pero sus ojos solo se abren alarmados ante mi sugerencia y dice «¡No!» antes de moverse y colocar mi mano junto a la suya. Es tan suave; como los pétalos de una flor. Luego tira de mi mano y me empuja contra el trasbordador.
Yo apoyo la mano contra el lector de plasma a un lado de la puerta. Me escanea y luego la puerta se abre rápidamente. Ana me aprieta la mano y, cuando la miro, luce encantada.
—Siempre he soñado con ver una nave espacial —dice con asombro.
—Entonces no sueñes más. —Sonrío, sirviéndome de nuestras manos entrelazadas para subirla a bordo.
Una vez dentro, da vueltas como si tratara de asimilarlo todo a la vez.
—Es tan elegante —susurra deslizando la mano en el interior de pyrthithium.
Luego va deprisa hacia la consola, donde, asombrada, observa el panel de plasma. Mira todo, pero no toca nada de lo que no comprende.
Es curiosa, pero inteligente. Se me hincha el pecho. Tengo una compañera hermosa, inteligente y curiosa. Pedí a los ancestros tener buena suerte, pero esto está resultando mucho mejor de lo que pude haber imaginado. Creo que está a punto de hacer más preguntas sobre el trasbordador, o de la nave espacial como ella lo llama, pero cuando me mira por encima del hombro y me ve observándola, su expresión cambia.
Su sonrisa desaparece. ¿Hice algo para disgustarla? Sin embargo, al instante, se quita las prendas rápidamente y también la ropa interior.
Ahora no lleva nada encima, está completamente desnuda para mí.
Trago saliva mientras las erecciones tensan la tela de las prendas que cubren mi propio cuerpo. Me las puse porque Shak insistió en que son una necesidad aquí en la Tierra. Pero, si mi pareja puede quitarse las suyas tan fácilmente, seguramente yo también puedo. Me toma un poco más de tiempo porque las ataduras no me resultan familiares, pero finalmente me las arreglo para quitarme la camiseta y también los pantalones. He estado estudiando el vocabulario terrestre con diligencia.
Los ojos de Ana se agrandan tan pronto como mis pantalones caen al suelo del trasbordador. Yo hago una pausa y siento un nudo en el estómago. ¿Acaso no le gusta lo que ve?
—¿He hecho algo malo?
—No, no —dice Ana dando un paso hacia mí.
Su mirada se dirige hacia a mis erecciones.
—Me dijeron que me preparara para… —Parpadea rápidamente—. Es que no pensé que…
Deja escapar un breve suspiro y sonríe antes de tenderme la mano de nuevo.
—¿Por qué no vienes aquí? Siéntate en la silla del capitán.
Desearía que hubiera terminado la frase. ¿Para qué le dijeron que debía estar preparada? ¿En qué no pensó? ¿Qué fue lo que pensó? ¿Qué piensa ahora que me ha conocido?
Ella está siendo muy amable, pero yo no quiero solo amabilidad. Quiero un lugar en el que finalmente pueda pertenecer. Sin embargo, ¿qué mejor forma de comenzar que hacerlo con una familia? Y si voy a conocer a mi pareja, seguramente el acto de apareamiento es un buen punto de partida.
Así que hago lo que me pide, incluso si encuentro su petición un poco desconcertante. Me siento en la silla del capitán.
Ana se relame los labios y me mira de arriba abajo. Al principio pienso que me está oliendo, pero luego recuerdo que la lengua humana no es como la nuestra. Ellos usan la nariz para oler, no lo hacen con la lengua. Pareciera una forma triste de vivir la vida, pero supongo que nunca ha conocido nada diferente.
—Me alegra que tu silla del capitán no tenga reposabrazos —dice.
—¿Por qué?
Pero luego comienza a trepar sobre mí y se pone a horcajadas sobre mis piernas, y cualquier otro pensamiento desaparece tan pronto como su piel toca la mía. Me sujeta los hombros con sus diminutas manos y siento su aroma con más fuerza que nunca mientras extiende sus muslos para sentarse sobre los míos. Miro hacia abajo, más allá de los exuberantes pechos que Shak me dijo que esperara, y me centro en mis dos penes, que ahora rozan su reluciente sexo.
«La hembra debe estar mojada antes de que la penetres», dijo Shak.
Bien. No quiero arruinar esto. Alargo la mano y toco sus suaves y extraños pliegues. Mi mano sale húmeda.
No puedo evitar llevarme los dedos a la boca. Es instintivo. Y, por los ancestros… Siento su aroma con más fuerza. Gimo mientras los nervios que ni siquiera sabía que existían cobran vida por la excitación.
Fóllala.
Fóllala ahora.
Fóllala, fóllala, fóllala.
Aquel es un coro repentino que palpita dentro de mi cabeza.
Levantó las caderas casi por instinto y posiciono mi pene inferior en su resbaladizo y cálido centro. Lo que más anhelo es penetrarla, pero Shak me aconsejó que debía hacerlo lento. Me advirtió que debía ocuparme primero del placer femenino. Siempre era primordial.
Pero cuando trato de bajar mi mano para explorar aún más y descubrir su botón de placer, ella me coge de las muñecas y las sujeta a mi lado. Podría zafarme con facilidad, pero lo no hago, pues estoy fascinado. En especial cuando baja la mano para tocarme.
Sus pequeños dedos agarran mi primera erección y me sobresalto por el contacto. Oh, ancestros… Lo acaricia con firmeza. Respiro profundo y siento que podría desmayarme con solo una caricia de su mano.
Recientemente dejé de tomar los medicamentos de supresión y había olvidado lo bien que se siente arder de pasión. Flexiono el abdomen a medida que continúa rozándome hacia arriba y hacia abajo con su mano.
Mierda. Mierda. Es la palabra más sucia en nuestros dos idiomas y mientras la repito en mi mente, me imagino dándole la vuelta a esta pequeña humana y penetrándola por detrás, duro y profundo. Apenas he vislumbrado su culo, pero la idea de ver mi grueso pene hundirse en ella…
Permanecemos cara a cara cuando frota mi erección entre su hendidura húmeda… y luego comienza a metérsela dentro.
Jadeo, tanto por la sensación, como porque no sabía que esto se podía hacer de esta manera. Cara a cara. Shak se olvidó de mencionar esto en sus tutoriales. Y oh… Una descarga eléctrica me recorre la columna mientras ella se hunde en mi erección.
Apretada. Está tan apretada, caliente y húmeda; la forma en que me succiona…Y como estamos cara a cara, puedo ver directamente sus cálidos ojos marrones. Tan solo un momento después que nuestros cuerpos se conectan, empiezo a sentirlo… la última parte que Shak me advirtió. La conexión sagrada.
Me reí cuando usó esa frase. Pero ahora, al sentirlo, no había más palabras para ello.
Puedo sentir tan profundamente a mi pareja, una desconocida para mí hace tan solo cinco minutos. Mi pene está enterrado en lo más profundo de su interior, pero también estoy dentro de su mente.
Mientras se contrae, siento que tiene tantas esperanzas y sueños. Los percibo a través de una densa niebla; solo son impresiones vagas, pero el deseo puro que viene de ella… apenas puedo respirar por la embestida. Y Shak prometió que cuanto más tiempo pase con mi pareja, más claro se volverá.
Aunque no puedo ver ni escuchar con exactitud sus pensamientos, siento cuánto ha deseado esto mi pareja. Pero también siento su sorpresa. Está sorprendida de lo bueno que es. Estaba ansiosa y asustada por conocerme. Pero soy mejor de lo que ella esperaba. La envuelvo con los brazos y la sujeto con más fuerza mientras ella se hunde hasta el último centímetro de mi erección.
Al estar tan cerca de ella, puedo sentir un destello de dolor al atravesarla. Ella nunca ha estado con alguien con un miembro tan grande como el mío. Pero, aun así, sigue excitada. Lo siento por encima de todo lo demás.
¿Ella también podrá verme? Quiero que solo vea lo mejor. Pero solo siento cosas buenas y me concentro en ello, esperando a poder compartirlas con ella.
Ella contrae su cuerpo caliente alrededor de mi pene. Me aprieta y suelta. Ancestros, eso se siente tan bien. Mucho más que bien. Lo saco, flexiono las caderas y empujo para obtener toda la fricción que pueda. Ambos gemimos a la vez.Sonriente, abre los ojos y me mira. Veo mil amaneceres en su sonrisa.
—Debo probarte —le susurro.
Se estremece sobre mí y puedo sentir como el placer brilla a través de nuestra conexión. Y luego, pone sus labios sobre los míos. También me hablaron de esto, pero la sensación sigue siendo extraña.
Sin embargo, tan pronto como mi lengua se conecta con la suya, logro apreciar la superioridad del apareamiento humano en comparación con cómo lo hacen los Draci. Incluso su lengua es suave. Me provoca, la pruebo, y oh, ancestros, cuando las puntas de nuestras lenguas se tocan la electricidad atraviesa nuestros cuerpos cual relámpago en una tormenta.
Me ha devuelto la vida. No me había dado cuenta de que había estado muerto en los últimos dos siglos o tal vez más, hasta ahora, en este mismo momento. Me había mantenido cerrado, como un transporte fuera de servicio. Pero Ana es la vida y follar con ella es la única razón que necesitaré de ahora en adelante.
La cargo en brazos para levantarla de la silla, la cual es demasiado restrictiva, y siento que mi erección está a punto de reventar por el deseo de hacerla mía con fuerza.
Camino hacia la puerta cerrada del trasbordador y la apoyo contra ella. Sujeto su espalda con mi brazo y pongo el otro debajo de su mullido culo. Su piel es tan suave y flexible cuando la aprieto. Luego me envuelve el cuello con los brazos.
Y finalmente tengo el rango de movimiento que necesito. Ahora cuando salgo y vuelvo a embestirla, puedo enterrarme mucho más profundo. Ana grita y aprieta los brazos alrededor de mi cuello, clavándome las uñas en la cabeza. Demonios, está cerca. Cada vez que la penetro, mi ingle crea fricción cerca de su botón. También hay un lugar especial dentro de ella, pero creo que no lo estoy estimulando del todo.
Cierro los ojos para concentrarme y trato de pensar en sus sentimientos, pero la niebla solo se vuelve aún más espesa. No es algo que pueda controlar a mi antojo, sino algo que va a su ritmo. Me estoy distrayendo del placer por pensar demasiado, así que estampo mis labios contra los suyos y me pierdo en su aroma. Cuando vuelvo a embestirla, me giro y conecto las caderas con las suyas. Sus pequeños y dulces gritos entrecortados aumentan de tono.
Ella arquea la espalda, apoyando sus pezones contra mi pecho desnudo mientras aprieta mi pene.
—Oh, cielos, sí —grita en mi boca—. Justo ahí. Sí. Fóllame, Ezo.
Y luego sus caderas se balancean junto a las mías con fuerza mientras busca su placer. La sostengo muy cerca de mí. Es la criatura más caliente que he tenido en mis manos. Quiero más de ella incluso cuando… Ah, cielos, aquí viene.
Me está agarrando y no me suelta. Mierda. Es más que una simple ola de placer, como la que había sentido antes cuando me follaba la mano.
Esto es un tsunami. Se acerca, es tan grande y abrumador… Se acerca. Aquí viene. Sostengo a Ana contra mí, como si se tratara de una balsa salvavidas. Como si la única forma en la que cualquiera de nosotros sobreviviría a esto es aferrándose el uno al otro.
Y luego la ola nos alcanza.
Ana grita y yo gruño. Es un placer tan violento que el dolor me golpea con fuerza, iluminando la base de mi columna; se dispara hacia mis pelotas y luego pasa directamente hacia mi pene, haciendo que vierta mi semen en el hambriento sexo de Ana.
Ella se viene al mismo tiempo, apretándome, gritando, maldiciendo; sus piernas tiemblan, aunque sigue apretándome con ellas.
—Sí, sí, Ana —canturreo, todavía moviendo las caderas y deseando que esto dure para siempre.
Tan pronto como su placer comienza a menguar, yo giro las caderas y la penetro de nuevo. Por los ancestros, eso parece hacerla retroceder.
Un poco de agua sale de sus ojos y baja por sus mejillas y finalmente entierra la cabeza en mi pecho cuando su temblor desaparece de nuevo.
Mis brazos también tiemblan; no por abrazarla, sino por la salvaje e inesperada tormenta de placer. La llevo a un banco bajo en la parte trasera del trasbordador.
Sus ojos están cerrados. Finalmente, me desconecto de ella y la acuesto en el banco. Abre los ojos de golpe en el momento que salgo de su interior.
—Ay —dice mientras parpadea, como si no estuviera segura de donde está después de ir a ese plano alternativo junto a mí. Siento lo mismo, como si durante muchos minutos no hubiéramos estado en la Tierra o atrapados en una nave bajo las estrellas, sino en algún otro lugar por completo. Un lugar donde solo existíamos ella y yo, creado a partir de nuestra pasión.
Mira a su alrededor aturdida.
—Debería poner las piernas en alto.
¿Qué costumbre de la Tierra es esta? Viendo mi confusión, aclara:
— Levantar las piernas durante quince minutos después de tener relaciones sexuales ayuda a que la mujer quede embarazada.
Parece solo una tonta superstición humana, pero si eso hará que mi Ana se sienta mejor…
—¿En qué puedo ayudarte?
Me mira rápidamente y luego se aleja.
—Esto… bueno… ¿tienes algo en lo que pueda apoyar las piernas?
Cojo la bolsa llena de ropa humana que me envió Shak y la coloco debajo de sus muslos, justo como ella me lo indicó. Inmediatamente se relaja y cierra los ojos, lo cual me da la oportunidad de mirarla sin distracciones. Es tan hermosa. ¿Todas las hembras de la Tierra son como ella? No, sé que no lo son. Vi a muchas mujeres terrestres durante mi investigación y ninguna es como Ana.
Ana es la más preciosa de todas.
Y es mía.
La llevaré conmigo y construiré barreras a nuestro alrededor en caso de que alguien quiera quitármela. Nos esconderé en la caverna más profunda que pueda encontrar en este nuevo planeta para mantenerla a salvo.
Porque ella es mía.
Capítulo 3
Ana
—¿Estás seguro de que no estoy embarazada? —le pregunto sin poder ocultar mi decepción mientras Ezo saca y mete la lengua; está agachado olisqueando mi sexo.
Me quedé dormida después de que… Pero Juliet dijo que con ella ocurrió muy rápido. Solo lo hizo una vez y, un par de horas después, escamas doradas aparecieron por todo su cuerpo. Y lo deseo más que a nada que haya querido en la vida.
Por eso no traje a ninguna de esas mujeres. He pensado en ello; realmente lo he hecho. Pero ¿cuáles eran las posibilidades de que este dios extraterrestre me escogiera si tuviera otras opciones frente a él? Nadie suele escogerme. No es mi intención dar lástima, es solo un hecho.
Así que tuve que aumentar mis posibilidades: fui la única chica disponible y me entregué a él tan pronto aterrizó. Quedar embarazada sellaría el trato.
Me observo fijamente los antebrazos como si pudiera hacer aparecer escamas sobre ellos. Pero nada ocurre.
Soy la misma vieja y aburrida humana que siempre he sido.
No tengo nada especial.
—¿Puedo ver más de tu planeta ahora? —pregunta Ezo poniéndose de pie.
Mide unos veinte centímetros más que yo y tengo que estirar el cuello para mirarlo. Está claramente emocionado por explorar y yo me estoy comportando como una perra al hacer que todo esto gire a mi alrededor.
Así que sonrío y le extiendo la mano para coger la suya. Él mira con sorpresa nuestros dedos entrelazados. Joder, ¿por qué acabo de hacer eso? Intento soltarle los dedos, pero él se niega a hacerlo. Es que la conexión y la intimidad que compartimos antes… no fue como el sexo normal.
Al menos no como el sexo que he tenido. Tal vez sea así para Ezo siempre. Juliet no tenía información privilegiada al respecto, ya que su esposo era virgen cuando se encontraron. ¿Era eso normal en las relaciones draci?
Sin embargo, no hay tiempo para pensar en eso en este instante, pues al mirar el rostro emocionado de Ezo no puedo hacer más nada que asentir. Vaya que es guapo. Tiene la mandíbula como los príncipes de Disney y sus ojos son de un sorprendente color azul eléctrico. Podría pasar todo el día mirándolo, pero trato de sacármelo de la cabeza.
—Sí, podemos ir a la ciudad ahora —le digo dándole un pequeño tirón de la mano—. Vamos, mi auto está afuera.
—¿Tu auto? —Se le iluminan los ojos—. ¿Uno de los medios de transporte que se mueven sobre ruedas?…

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