Pueblo Sin Nombre de Zorro Blanco

Pueblo Sin Nombre de Zorro Blanco

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***SOLO HOY ¬ŅUn √ļltimo baile, milady? de Megan Maxwell¬†

Regresa Megan Maxwell con una novela romántico-erótica tan ardiente que se derretirá en tus manos.

Sexo. Familia. Diversi√≥n. Locura.Vuelve a so√Īar con la nueva novela de la autora nacional m√°s vendida...

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El pueblo no era ni demasiado grande ni demasiado peque√Īo, no estaba demasiado cerca del mar ni demasiado cerca de las monta√Īas. Sus gentes no eran ni demasiado tristes ni demasiado alegres y en √©l la vida no transcurr√≠a ni demasiado despacio ni demasiado deprisa.

Tob√≠as lo hab√≠a descubierto por azar: un anuncio, una casa, un huerto trasero, no demasiado lejos del pueblo ni demasiado cerca de √©l. Nada m√°s verla le encant√≥, sus muros de piedra, sus techos de vigas de madera, su tejado de tejas r√ļsticas cubiertas por los l√≠quenes acumulados durante a√Īos. Fruto de largos, fr√≠os y h√ļmedos inviernos, seguidos igualmente de largos, c√°lidos y secos veranos, hac√≠an de la casa una postal t√≠pica de tantos pueblos blancos que hay repartidos por la geograf√≠a de aquel pa√≠s.

¬°Sin duda perfecta! Fue la primera frase que se pase√≥ por su mente nada m√°s verla. Perfecta y barata pues, ¬Ņqui√©n querr√≠a mudarse a aquel pueblo, no demasiado grande ni demasiado peque√Īo, no demasiado importante ni demasiado insignificante?

Pues alguien como Tob√≠as, que trata de huir de su pasado y busca un nuevo comienzo. Aunque a veces la vida nos ense√Īa que no hay que huir del pasado, sino afrontarlo, aceptarlo y cambiar nuestro presente, que es el √ļnico tiempo sobre el que podemos actuar…

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Prólogo
Vig√©sima novela que publico, ¬°ah√≠ es nada! Y seguramente el lector o lectora se preguntar√°: ¬Ņc√≥mo puedo tener tanta producci√≥n literaria? Pues muy sencillo, llevo a√Īos escribiendo y tengo algunas novelas como se suele decir ‚Äúa medio acabar‚ÄĚ, de modo que cuando publiqu√© El Extra√Īo Caso de Mr. Bottom, pues retom√© Pueblo Sin Nombre.
Si hay algo que me gusta de la presente obra es su comienzo:
‚ÄúEl pueblo no era ni demasiado grande ni demasiado peque√Īo, no estaba demasiado cerca del mar ni demasiado cerca de las monta√Īas. Sus gentes no eran ni demasiado tristes ni demasiado alegres y en √©l la vida no transcurr√≠a ni demasiado despacio, ni demasiado deprisa.‚ÄĚ
Y es que, ¬Ņqui√©n no ha deseado alguna vez en su vida retirarse a un lugar as√≠? Sobre todo en los dif√≠ciles tiempos en que vivimos, si es que esto es vivir, donde la angustia que nos transmiten los medios de comunicaci√≥n, con sus alarmantes noticias, el trabajo mon√≥tono, los d√≠as iguales, hacen que la desaz√≥n crezca en nuestro interior.
En este sentido Pueblo Sin Nombre, narra un nuevo comienzo para Tobías, que decide establecerse en él debido a su pasado. Un pasado que se desvelará más adelante y que marcará un hito en la obra.
Pues eso espero yo, que esta obra sea como un retiro moment√°neo del tedio del d√≠a a d√≠a, para que el lector o lectora que se asome a ella tenga sue√Īos calientes y h√ļmedos, y tal vez atisbe un rayo de esperanza‚Ķ
Zorro Blanco.
1
Pueblo sin nombre
El pueblo no era ni demasiado grande ni demasiado peque√Īo, no estaba demasiado cerca del mar ni demasiado cerca de las monta√Īas. Sus gentes no eran ni demasiado tristes ni demasiado alegres y en √©l la vida no transcurr√≠a ni demasiado despacio ni demasiado deprisa.
Tob√≠as lo hab√≠a descubierto por azar: un anuncio, una casa, un huerto trasero, no demasiado lejos del pueblo ni demasiado cerca de √©l. Nada m√°s verla le encant√≥, sus muros de piedra, sus techos de vigas de madera, su tejado de tejas r√ļsticas cubiertas por los l√≠quenes acumulados durante a√Īos. Fruto de largos, fr√≠os y h√ļmedos inviernos, seguidos igualmente de largos, c√°lidos y secos veranos, hac√≠an de la casa una postal t√≠pica de tantos pueblos blancos que hay repartidos por la geograf√≠a de aquel pa√≠s.
¬°Sin duda perfecta! Fue la primera frase que se pase√≥ por su mente nada m√°s verla. Perfecta y barata pues, ¬Ņqui√©n querr√≠a mudarse a aquel pueblo, no demasiado grande ni demasiado peque√Īo, no demasiado importante ni demasiado insignificante?
Tras alquilar la casa, pregunt√≥ por un local en el centro del pueblo para poner un negocio, el tratante del pueblo sonri√≥, pues aquel extra√Īo extranjero, sin ser demasiado extravagante tampoco era demasiado normal. Los negocios en el pueblo eran pocos y apenas subsist√≠an con los habitantes de este y los turistas por all√≠ no ven√≠an ni se les esperaba, siempre hab√≠a sido un pueblo sin demasiados monumentos ni demasiados adornos.
Sus √ļnicas edificaciones dignas de admiraci√≥n eran su iglesia, hecha en piedra, como s√≥lo las sab√≠an hacer antes, no demasiado grande ni demasiado peque√Īa, lo justo para los devotos que la visitaban los domingos para ir a misa. Y una casa se√Īorial de la familia m√°s adinerada del pueblo, los Marqueses de Villa Verde, aunque este no era el nombre del pueblo sino de la villa o sea de la casa donde √©stos habitaban por generaciones.
El tratante local, pues all√≠ nunca lleg√≥ a abrir sus puertas ninguna inmobiliaria moderna, era Modesto, por √©l pasaba todo lo que estaba en venta en el pueblo, ya fueran casas, tierras, o incluso herencias. A pesar de tener pocos estudios, no ten√≠a un pelo de tonto y sab√≠a tratar con la gente, con m√©todos como los de antes, cerrando los tratos con un apret√≥n de manos y empe√Īando su palabra, pues esa iba a misa, aunque √©l nunca hubiese pisado la iglesia nada m√°s que lo imprescindible, bautismo, primera comuni√≥n, boda, las fiestas de guardar y cuando tocaban las campanas el repique de difuntos para despedir a alg√ļn paisano que hab√≠a pasado a peor vida.
El √°vido tratante ya se deber√≠a haber jubilado, o al menos lo deb√≠a haber hecho hac√≠a a√Īos. Pero por aquello de dejar el negocio familiar a alguno de sus hijos lo hab√≠a aguantado para el peque√Īo, quien puso fe en √©l y comenz√≥ a anunciar las propiedades que compraban y vend√≠an en Internet. Ante el asombro y estupor de Modesto, que nunca quiso ni quer√≠a entender de esas cosas de la tecnolog√≠a. As√≠ fue como Tob√≠as descubri√≥ la casa y este anuncio fij√≥ su destino, como tan s√≥lo el azar y la casualidad saben atar a los hombres con sus caprichos y antojos.
Aunque insisti√≥ a aquel simp√°tico extra√Īo que poner un negocio all√≠ no era cosa f√°cil, la insistencia de Tob√≠as, que presionaba sin palabras, hizo desistir a Modesto de su empe√Īo de aconsejarle mejores inversiones y aprovech√≥ la ocasi√≥n para deshacerse de la casa de una viuda que ya se iba a la ciudad para vivir con su hija tras dejar su marido este mundo y pasar al de m√°s para all√°.
Tras ver la casa Tob√≠as vislumbr√≥ su negocio, como si ya la hubiese adecentado y preparado as√≠ que, ante la extra√Īeza de Modesto, le confirm√≥ que tambi√©n se la quedaba y cerrando el nuevo trato con otro apret√≥n de manos Tob√≠as se fue a dar un paseo por los caminos que circundaban el pueblo.
All√° por donde pasaba era objetivo de todas las miradas, despertaba comentarios y levantaba el √°nimo a los habitantes de un pueblo donde casi nunca pasaba nada. Algunas mujeres en corrillo que volv√≠an del campo lo miraron extra√Īadas, y √©l las salud√≥ con cortes√≠a poco acostumbrada por aquellos rudos lares, pues no eran los habitantes muy finos que digamos y los modales de Tob√≠as, aparte de destacar, no eran nada corrientes.
Los paisajes le fascinaron, se pas√≥ caminando casi toda la tarde y cuando cay√≥ el Sol, para dar paso a una Luna en cuarto creciente, Tob√≠as volv√≠a medio perdido, en busca de su casa, pues cuando la luz fue dejando paso a las tinieblas y su memoria empez√≥ a flaquear, temi√≥ no ser capaz de encontrar de nuevo su casa. Finalmente, la providencia se apiad√≥ de √©l e iluminada por la mortecina farola en parte y por la media Luna, apareci√≥ se√Īorial ante sus ojos, con sus paredes blancas parec√≠a tener cierta luminiscencia ante tan reflectivo color.
Introdujo la vieja llave, de esas que ya no se fabrican y la desech√≥, sonando los cerrojos internos como golpes secos y largos y finalmente empuj√≥ la encajada puerta y esta se abri√≥. Pas√≥ al interior y extendi√≥ una esterilla en espacio di√°fano del sal√≥n, pues a√ļn no hab√≠a muebles, sac√≥ de su mochila un par de velas y las encendi√≥ coloc√°ndolas a su izquierda y a su derecha.
Acto seguido extendi√≥ un peque√Īo pa√Īo que hac√≠a las veces de mantel, y sobre este parti√≥ el pan tierno que hab√≠a comprado en una de las tiendas del pueblo, sac√≥ su fiambre y con la navaja multiusos abri√≥ el pan para colocarlo en su interior. Sac√≥ tambi√©n una botella de vino que hab√≠a comprado y se sirvi√≥ en un peque√Īo vaso de aluminio que llevaba en la misma mochila y puso tambi√©n una gran manzana amarilla en un extremo del mantel, reserv√°ndola para postre.
Con el hambre que tenía aquellos humildes alimentos le parecieron un manjar de dioses. Y mientras arrancaba unos bocados a aquel tierno y crujiente pan, miró a su alrededor, al techo iluminado débilmente por las velas, con sus vigas color marrón y el blanco espacio entre ellas, se fijó en la vieja chimenea que sin duda había calentado muchas noches de frío invierno a sus anteriores habitantes.
Entonces record√≥ que el rico pan se lo hab√≠a vendido Rosa la panadera, con la que intercambi√≥ unas amables palabras, extra√Īada ella por su presencia en el pueblo.
‚ÄĒ¬ŅY qu√© le trae por aqu√≠? ‚ÄĒle pregunt√≥ la panadera.
‚ÄĒPues la vida, pretendo instalarme una temporada aqu√≠, tienen un pueblo muy bonito ‚ÄĒafirm√≥ Tob√≠as.
‚ÄĒSupongo que s√≠, pero para una que lleva toda su vida en este pueblo, a veces llega a ser claustrof√≥bico no salir m√°s que para ir a la capital a hacer algunas gestiones.
‚ÄĒBueno, uno nunca sabe lo que tiene hasta que lo pierde ‚ÄĒafirm√≥ Tob√≠as tras escuchar el lamento de la panadera.
‚ÄĒSi, supongo que eso es cierto ‚ÄĒsi emigrase como mis padres me acordar√≠a todas las noches al acostarme de estas calles y los paisajes que hay en los alrededores.
Sin duda Rosa era una buena mujer, Tob√≠as se fij√≥ en que llevaba anillo, su marido ser√≠a quien durante la noche hac√≠a el pan y ella la que por las ma√Īanas lo vend√≠a mientras √©ste recuperaba horas de sue√Īo perdidas.
Más tarde durante su paseo por los caminos del pueblo, se encontró con un corrillo de mujeres que salían a caminar, por aquello de que es saludable moverse, todas murmuraron sin excepción al ver a aquel pintoresco caminante, mochila al hombro y sin que ninguna acertase a adivinar su procedencia.
Amablemente las salud√≥ y estas le correspondieron entre murmullos y se alejaron volvi√©ndose para seguir cuchicheando. Tob√≠as sonri√≥ para sus adentros, cu√°n curiosa es la gente ante un extra√Īo, necesitamos identificarlo, averiguar sobre √©l, tal vez sea el miedo a lo desconocido, tal vez un mecanismo ancestral de defensa de la tribu en la que todos ante un extra√Īo colaboraban para saber de sus intenciones.
Por √ļltimo, vio a una pareja, esta se escondi√≥ furtiva entre los √°rboles, un chico y una chica, que no quer√≠an ser descubiertos as√≠ que Tob√≠as respet√≥ su deseo y no fue a su encuentro.
Un largo día, tal vez no demasiado excitante pero tampoco demasiado tranquilo, ahora necesitaba descansar, pues en pocas horas el sol saludaría de nuevo a la Luna allá por el punto opuesto del horizonte cuando eclipsara a la otra poco después de su aparición, como amantes condenados a verse de lejos y nunca de cerca estar.
Tobías extendió su saco de dormir sobre la esterilla donde antes estuviera sentado cenando en el suelo y se metió en él, entregándose al descanso, dejándose llevar por los susurros de las hadas que transporta el viento, mecido por el crujir de miles de hojas en el exterior.
2
Un nuevo comienzo
Al día siguiente llegaron los de la mudanza, con su camión descargaron los pocos enseres que Tobías poseía y con ellos puso un poco de mobiliario y un toque de humanidad en aquellas vacías estancias, aunque a Tobías le gustaba la sobriedad de la casa vacía, pero ver en ella algo como una mesa y unas sillas o su vieja cama, le reconfortaron y le hicieron sentirse finalmente en su hogar.
Tras sacar algunas cosas de las cajas, Tob√≠as sali√≥ a dar un paseo de nuevo por los alrededores y portando un viejo libro de flora de la regi√≥n se dedic√≥ a buscar hierbas en las que ten√≠a inter√©s: tomillo, romero, c√°√Īamo y otras m√°s raras que ya conoc√≠a de haber le√≠do el libro pero que no hab√≠a probado a√ļn.
De vuelta al pueblo fue a comprar el pan de cada día y allí de nuevo Rosario le recibió con su amable sonrisa. Al ver su zurrón se interesó por lo que allí llevaba y Tobías tuvo a bien mostrarle algunas de las hierbas de las que había cortado algunos manojos.
‚ÄĒSon para hacer aceites esenciales ‚ÄĒle aclar√≥ a la sorprendida Rosario.
‚ÄĒ¬°Ah, qu√© interesante! ‚ÄĒdijo la sorprendida panadera.
‚ÄĒLos aceites esenciales se ponen en la piel y alivian todo tipo de males en el cuerpo, cuando tenga algunos probados puedo regalarle alguno, pero antes debe decirme qu√© males le aquejan.
‚ÄĒ¬°Uf, pues principalmente las piernas, paso tantas horas de pie que sufro de la circulaci√≥n por las pantorrillas! ‚ÄĒse quej√≥ la amable panadera mostr√°ndole sus piernas bajo el blanco delantal.
‚ÄĒ¬°Perfecto Rosario, pues preparar√© un aceite esencial para ti!
¬ŅEn serio lo har√≠a? Muy agradecida Tob√≠as, si me alivia mis molestias nunca m√°s pagar√° por mi pan.
‚ÄĒMe parece un trato justo Rosario, me esforzar√© por aliviar tus males.
Rosario se qued√≥ tras el mostrador, como si ya le hubiese hecho ese preciado remedio, tan agradecida como si lo hubiese recibido de antemano, y Tob√≠as estuvo contento de ayudar a su primera clienta potencial, aunque a√ļn no supiese c√≥mo iba a hacer tal cosa.
Tras el frugal almuerzo fue a la casa que alquiló en el centro y allí planteó la reforma que quería, para el amplio salón al que se accedía desde la puerta, decidió ampliar la ventana y poner una cristalera grande, allí pondría un escaparate donde mostraría sus aceites esenciales en bonitas botellas de vidrio sobre sábanas blancas, lo quería todo blanco allí dentro y quería que la luz inundara la estancia a voluntad para lo que planteó unas cortinas de lamas venecianas para poder darles la inclinación apropiada y así también proteger de miradas indiscretas a los clientes que esperasen a ser atendidos.
En los d√≠as siguientes habl√≥ con Modesto, quien todo lo pod√≠a y este le consigui√≥ un par de buenos alba√Īiles que abrieron la pared y colocaron el cristal encargado expresamente a medida de vidrio aislante. Nada m√°s colocarlo puso papel en el mismo para que la gente no viese lo que ocurr√≠a all√≠ dentro y as√≠ darle un aire de misterio a lo que preparaba y a fe que tuvo el efecto deseado. Pronto no se hablaba de otra cosa en el pueblo que el amable Tob√≠as entrando en su negocio y cerrando la puerta tras √©l con su amable sonrisa a los viandantes que se asomaban desde la plaza tratando de fisgar algo de lo que all√≠ se coc√≠a.
Por dentro luego cambi√≥ el suelo, como no por blancas baldosas y encarg√≥ algunos muebles del mismo color, puso un par de altavoces y una c√°lida m√ļsica inund√≥ la estancia. Dos cuartos anexos fueron acondicionados con lo necesario para el oficio que pretend√≠a desempe√Īar, uno con una mesa y dos sillas para clientes tras la que √©l se sentar√≠a en un sill√≥n y otro con una camilla y un mueble donde guardar toallas y enseres que necesitar√≠a para sus tratamientos.
Finalmente lleg√≥ el d√≠a de la inauguraci√≥n. Tob√≠as hab√≠a preparado unas tarjetas de invitaci√≥n, en las que describ√≠a su nuevo negocio: Reflexolog√≠a. Y bajo el nombre de este el suyo propio con un lema para finalizar: ‚ÄúSi tus males tienen remedio tratare de solucionarlos, si no lo logro no tendr√°s que pagarme, por lo que no tendr√°s nada que perder‚ÄĚ.
Y el bueno de Tobías se puso en la puerta ante las miradas atónitas de los viandantes y amablemente fue entregando invitaciones a una consulta a quien se acercó a preguntar, cuarenta invitaciones, justo la semilla que esperaba que floreciera en su nuevo porvenir.
3
Miedo ante ‚Äúel extranjero‚ÄĚ
Pero la gente es desconfiada por naturaleza y pocas mujeres fueron quienes se acercaron a su inédito local en aquel apartado lugar. Pero menos fueron las que se atrevieron a tomar una de sus tarjetas y menos las que cumplieron con la invitación.
Al d√≠a siguiente se fue a la tienda de Rosario, para comprarle su pan de cada d√≠a. Por supuesto dej√≥ una tarjeta para su √ļnica amiga en el pueblo hasta la fecha, esta la acept√≥ con m√°s entusiasmo que determinaci√≥n a usarla y la guard√≥ en el bolsillo de su delantal.
‚ÄĒ¬°Por supuesto que ir√©! ‚ÄĒexclam√≥ agradecida‚ÄĒ. Siempre tengo las piernas hinchadas y doloridas, pues son muchas las hora de pie en este horno.
‚ÄĒTe comprendo Rosario, mira aqu√≠ te traigo lo prometido, tu aceite esencial, lleva varias hierbas maceradas, debes pon√©rtelo por la noche antes de ir a acostarte, aplic√°ndote un masaje con √©l para activar la circulaci√≥n. Y tambi√©n puedes repetirlo al lavarte por la ma√Īana. Aunque si lo deseas para potenciar su efecto puedo ayudarte en mi consulta estimul√°ndote los puntos energ√©ticos a trav√©s de los pies, se llama reflexolog√≠a y junto al aceite har√°n que mejores m√°s r√°pidamente.
‚ÄĒ¬°Estupendo Tob√≠as pues te avisar√©! D√©jame que busque hueco ‚ÄĒagreg√≥ de nuevo la amable panadera.
Pasó todo el día en la puerta de su consulta, dentro también entró y a ratos salía fuera y entregaba tarjetas a quien pasaba por delante. Estos las miraban curiosos, las guardaban, pero ninguno daba síntomas de querer usarlas.
Finalmente, al caer la tarde Tobías, lleno de esperanza cerró. Los siguientes días Tobías dejó de tener visitas, salvo los curiosos que se asomaban al escaparate, la mayoría ellas para ver lo que mostraba en él, y tras este el paciente Tobías esperaba sentada en un cojín meditando, vaciando su mente cuando sus pensamientos internos conseguía acallar y escuchándose por dentro cuando no los podía contener.
Por las ma√Īanas iba al campo y buscaba sus hierbas, por las tardes esperaba paciente en su negocio y por las noches estudiaba en casa y le√≠a cuantos libros pod√≠a.
Cierta tarde estaba Tob√≠as tomando el c√°lido sol en su puerta cuando por ella pasaron tres mujeres mayores, una altiva con la barbilla casi paralela al suelo, de gran porte y serenidad. Otra con miraba al suelo e iba cogida de su brazo evitando las miradas especialmente la de Tob√≠as cuando se fij√≥ en ella y la √ļltima separada un poco con aspecto indiferente, algo ruda en cuanto a su forma de caminar y curiosa por lo que en el escaparate aparec√≠a.
‚ÄĒBuenas tardes se√Īoras ‚ÄĒsalud√≥ Tob√≠as complacido‚ÄĒ. Les apetecer√≠a consultar alguno de sus males conmigo, si puedo les ofrecer un remedio y s√≥lo tienen que pagarme si ven que el remedio surte efecto ‚ÄĒexplic√≥ el amable Tob√≠as.
‚ÄĒBuenas tardes tenga usted, ¬Ņy en qu√© basa sus remedios si puede saberse? ‚ÄĒpregunt√≥ algo insolente la m√°s altiva de las tres.
‚ÄĒPues ante todo en mi buena fe y en lo que creo haber aprendido sobre medicinas naturales para poner en pr√°ctica, nada peligroso, no le pedir√© que beba ninguna p√≥cima ni brebaje de dudosa preparaci√≥n, s√≥lo aceites esenciales que ning√ļn da√Īo har√°n a su piel, todo lo m√°s ponerla tersa e hidratada.
‚ÄĒTal vez la se√Īora quiera consultar sus problemas de lumbalgia con √©l ‚ÄĒsugiri√≥ la que estaba separada de las otras dos.
Por la forma de dirigirse a ella, sin duda parecía servirla y por la forma en que la altiva mujer la miró, sin duda su sirvienta era.
‚ÄĒBueno tal vez lo haga, ¬Ņpero qu√© referencias tengo de este buen se√Īor? Salvo sus palabras adornadas con √°nimo de que pruebe sus servicios.
‚ÄĒLamentablemente ninguna ‚ÄĒrespondi√≥ Tob√≠as‚ÄĒ. Tan s√≥lo su intuici√≥n que a buen seguro creo que no es poca cosa, si se deja guiar por ella seguramente acertar√° en su decisi√≥n. Pi√©nselo tranquilamente y tenga esta tarjeta si quiere puede pasarse y concertar una cita cuando mejor le convenga.
‚ÄĒ¬ŅCita? Estoy segura de que no tendr√© problemas para cogerla ‚ÄĒle solt√≥ con la poca delicadeza de quien acostumbra a decir lo que quiere y cuando quiere.
‚ÄĒCon m√°s raz√≥n, imagino que igual quiere guardar discreci√≥n en su visita ‚ÄĒreplic√≥ Tob√≠as perspicaz sabiendo que la primera clienta es la m√°s suspicaz.
Y las tres siguieron su camino y cuando se alejaban, aquella joven, cogida del brazo de la que parecía su madre le miró y en su mirada Tobías encontró tristeza y ya no pudo dormir aquella noche intentando descifrar lo que a lo mejor aquellos ojos quisieron contarle. Sólo podía cerrar los suyos y verlos de nuevo en su retina, tal vez la que necesitara ayuda fuese ella y no la altiva madre.
4
Primera sesión con Rosario
A la ma√Īana siguiente, cuando fue a por su pan de cada d√≠a, Rosario le dijo que a lo mejor se pasaba por la tarde, despu√©s de misa, ya que acompa√Īaba a su madre. √Čl le dijo que, aunque fuese domingo, para √©l era un d√≠a como otro cualquiera un buen d√≠a para atender a una amiga. Esta le sonri√≥ y en eso quedaron.
Se fue a su consulta y esperó. Pasada la misa sintió tocar a la puerta, levemente, como si quisiera no alarmar a quien dentro esperaba. Allí estaba Rosario, sin su madre y vestida sin su habitual uniforme de panadera, Tobías pensó que levemente maquillada, pero tan levemente que casi no se notaba.
‚ÄĒBueno Tob√≠as, me parece que tienes muy buen gusto para la decoraci√≥n ‚ÄĒdijo ella sentada frente a su mesa de despacho.
‚ÄĒGracias, me resulta raro verte sin tu uniforme de panadera, ya me hab√≠a acostumbrado a verte con √©l y te veo distinta son √©l.
‚ÄĒSi quieres la pr√≥xima vez vengo con √©l ‚ÄĒrio Rosario.
‚ÄĒ¬°No, te sienta mejor el pelo suelto y un vestido bonito como el que hoy traes! ‚ÄĒle sonri√≥ Tob√≠as.
‚ÄĒGracias ahora a ti ‚ÄĒr√≠o ella de nuevo‚ÄĒ. Bueno, pues soy tu paciente por lo que veo, ¬Ņdebo llamarte doctor?
‚ÄĒDebes llamarme Tob√≠as, el t√≠tulo de doctor ni lo tengo ni lo quiero ni lo pretendo. Vamos a pasar a la otra habitaci√≥n si te parece.
El hombre siguió a la mujer, Rosario era muy bella, sin duda más bella vestida de domingo que con su delantal de panadera de cada día. Se había perfumado sutilmente, con la delicadeza con la que intuía que era grosero abusar de las esencias.
‚ÄĒ¬ŅQu√© tal el aceite? ¬ŅLo has probado? ‚ÄĒse interes√≥ Tob√≠as.
‚ÄĒS√≠, huele un poco fuerte y da sensaci√≥n de calor cuando lo usas ‚ÄĒadvirti√≥ Rosario.
‚ÄĒSiento lo del olor, pues son hierbas arom√°ticas las que empleo en su elaboraci√≥n, por dem√°s, el calor es para actuar y activar la circulaci√≥n de tus piernas.
‚ÄĒNo pasa nada, el olor no me molesta, huele bien y el calor, pues es agradable.
‚ÄĒEst√° bien ‚ÄĒdijo Tob√≠as‚ÄĒ. Te voy a examinar las piernas, si eres tan amable me pondr√© a tu lado y te pedir√© que te descalces.
Rosario obediente, mostró sus piernas bajo su falda. Blanquitas y delicadas, como la harina que él trataba. Esta se dejó observar y acariciar con delicadeza por las suaves manos del hombre y pensando que tal vez se viese algo más de lo corriente, entre sus muslos, los cerró al advertir que él estaba tal vez mirando de soslayo.
‚ÄĒEspero no incomodarte ‚ÄĒdijo Tob√≠as.
‚ÄĒ¬°Oh no! ‚ÄĒdijo ella poni√©ndose colorada.
‚ÄĒTe duelen las pantorrillas, ¬Ņc√≥mo por aqu√≠? ‚ÄĒdijo Tob√≠as tocando aquellas partes‚ÄĒ
‚ÄĒ Si, justo ah√≠, de pasar tantas horas de pie, imagino. Tu aceite me produce calor y me alivia un poco la verdad.
‚ÄĒBueno el aceite te hace bien, pero si me lo permites puedo aumentar el efecto con un masaje de pies y de tus pantorrillas.
‚ÄĒ¬°Hum, vale! ‚ÄĒafirm√≥ decidida.
‚ÄĒ Est√° bien pasemos a la sala donde tengo la camilla de masajes ‚ÄĒdijo levant√°ndose e invit√°ndola a entrar.
Esta pasó y él le indicó.
‚ÄĒQu√≠tate las medias y si√©ntate en la camilla, si eres tan amble.
‚ÄĒPantys ‚ÄĒdijo ella corrigi√©ndolo.
‚ÄĒPues eso pantys ‚ÄĒreplic√≥ √©l desde abajo.
Rosario se subi√≥ la falda y se baj√≥ los pantys con cuidado para no ense√Īar m√°s de lo que hubiese sido decente.
Tobías se sentó en un taburete regulable en altura, bajo un sistema de tornillo que girándolo permitía ponerlo a la altura requerida. Ella tenía los pies colgando así que apoyó su planta en su rodilla y en silencio tomó su aceite y lo echó profusamente en sus pies y pantorrillas, para no manchar su falda le pidió que la subiera un poco, pues pasaba de sus rodillas. Esta lo hizo, descubriendo así la mitad de sus suaves muslos, blancos y bonitos, como el resto de sus delicadas piernas.
Entonces Tob√≠as vislumbr√≥ un peque√Īo tri√°ngulo blanco entre sus muslos, lo que a todas luces eran sus braguitas. Rosario, con su sexto sentido femenino, lo advirti√≥ y juntando las piernas las cerr√≥, ocult√°ndolo a la indiscreta vista del masajista. Pero ninguno de los dos dijo nada al respecto.
Comenzó su masaje desde los pies mirándola de frente y esta descubrió las cosquillas que tenía, así que les fue difícil continuar, de modo que pasados unos minutos ya consiguió poder tocarle la planta del pie y aunque ella se tapaba la boca de las cosquillas que le producía, al menos mantenía el pie quito.
‚ÄĒ¬ŅNo hay una se√Īora de Tob√≠as? ‚ÄĒpregunt√≥ de repente.
‚ÄĒNo, hoy en d√≠a no ‚ÄĒasinti√≥ √©l sin parar su masaje por las pantorrillas ya.
‚ÄĒ¬ŅPero la hubo? ‚ÄĒcontinu√≥ interes√°ndose.
‚ÄĒSi, claro, ¬Ņno ves que soy mayor? ‚ÄĒreplic√≥ como recalcando lo evidente de sus pesquisas.
‚ÄĒ¬ŅY ni√Īos?
‚ÄĒSi, una ni√Īa, es mayor, pero hace tiempo que no las veo.
‚ÄĒ¬ŅY por qu√©?
‚ÄĒPorque la vida a veces nos lleva por otros caminos ‚ÄĒrespondi√≥ secamente‚ÄĒ. ¬ŅY t√ļ, no tienes hijos?
‚ÄĒNo ‚ÄĒasinti√≥ Rosario, que sinti√≥ como su pregunta era casi una afirmaci√≥n‚ÄĒ. A√ļn no han llegado ‚ÄĒa√Īadi√≥ con cierta amargura.
‚ÄĒLlegar√°n ‚ÄĒafirm√≥ Tob√≠as notando lo agrio del asunto para ella.
‚ÄĒOjal√° tuviese la misma seguridad que t√ļ al afirmarlo ‚ÄĒse lament√≥ de nuevo ella‚ÄĒ. ¬ŅPor qu√© no ves a tu hija?

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