Un Amor En Construcción de Lorraine Cocó

Un Amor En Construcción de Lorraine Cocó

A compartir, a compartir! Que me borran los posts!!

***SOLO HOY ¬ŅUn √ļltimo baile, milady? de Megan Maxwell¬†

Regresa Megan Maxwell con una novela romántico-erótica tan ardiente que se derretirá en tus manos.

Sexo. Familia. Diversi√≥n. Locura.Vuelve a so√Īar con la nueva novela de la autora nacional m√°s vendida...

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Un Amor En Construcción de Lorraine Cocó

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Una comedia rom√°ntica, fresca y divertida (que para dramas ya est√° el mundo).

Jenna Hopper es la dise√Īadora y reformadora de viviendas m√°s famosa, querida y cotizada de la televisi√≥n. Hasta que su novio y compa√Īero en el programa la humilla ante toda la audiencia nacional, intentando acabar con su imagen p√ļblica.

Después de aquello Jenna se recluye en su casa, pero su amiga y ayudante Krysten, no está dispuesta a dejarla hundirse en la miseria y decide obligarla a salir del letargo, poniendo ante ella un reto; un nuevo programa que requiere la colaboración en Reno con un constructor local para la fabricación de minicasas. Un proyecto modesto, sencillo, pero interesante, con el que finalmente Jenna espera recuperar la ilusión.

Lo que no imagina es que su nuevo compa√Īero ser√° Dylan Dalton, un ex militar perteneciente a los Delta Force, que ahora se dedica a la construcci√≥n y que no tiene intenci√≥n alguna de ponerle las cosas f√°ciles. Mucho m√°s cuando odia la televisi√≥n, las c√°maras y cree que ella puede poner en peligro la integridad de su proyecto. Dylan est√° seguro de que podr√° tener a Jenna a raya, pero no cuenta con que, desde el minuto uno la mujer que se entromete en su obra supondr√° un desaf√≠o, romper√° sus esquemas, y har√° peligrar su tranquila vida. Y lo que es m√°s peligroso a√ļn, su duro coraz√≥n.

¬Ľleer¬Ľ

CAP√ćTULO 1
‚ÄĒ¬°Jenna!
La cabeza de Krysten asom√≥ por la peque√Īa apertura de la puerta mientras esperaba una respuesta, pero esta no lleg√≥. Golpe√≥ con los nudillos la madera un par de veces con impaciencia antes de decidir entrar sin esperar. No ten√≠a tiempo para cortes√≠as. Y aunque su amiga le hubiese dicho un mill√≥n de veces que llamase antes de invadir su hogar, no era culpa suya si estaba sorda como una tapia. Aun as√≠, nada m√°s adentrarse, y mientras cerraba la puerta tras ella, volvi√≥ a llamarla a gritos.
‚ÄĒ¬°Jenna! ¬°Vamos! ¬°Si est√°s tirada en la cama, ya puedes levantarte!
Entornó la mirada al no recibir respuesta. El amplio y estiloso apartamento parecía desierto, pero sabía que era imposible que no estuviese allí. Llevaba recluida en su casa doce semanas, desde el incidente. Y no había conseguido que saliese ni tentándola con extravagantes planes, cenas suculentas o sesiones de tratamientos de belleza que antes le habrían hecho estallar la cabeza. Incluso hacía dos semanas hizo saltar la alarma de incendios del edificio, a la desesperada, pero ni siquiera así logró que abandonase su auto impuesta prisión.
Esa ma√Īana, sin embargo, iba con un nuevo plan, una idea a la que llevaba una semana dando forma. Se le hab√≠a ocurrido mientras ojeaba las noticias en su m√≥vil, en el metro, en el transcurso del trayecto desde su casa en Little Italy hasta el Upper East Side, donde resid√≠a su amiga. Normalmente empleaba ese tiempo en ver v√≠deos en Tik Tok y ojeando las √ļltimas novedades de lo que se coc√≠a en Instagram. Pero ese d√≠a un idiota la empuj√≥ cuando estaba a punto de tomar asiento, y al recoger su m√≥vil del suelo debi√≥ tocar la pantalla sin querer. Estuvo a punto de desechar la p√°gina de noticias r√°pidamente en cuanto se acomod√≥ en su sitio, pero entonces se fij√≥ en el protagonista del art√≠culo y detuvo en seco su dedo antes de deslizar la pantalla a la derecha.
Una lectura rápida del artículo, tres minutos de cavilaciones y un par de conexiones neuronales más tarde, tenía el plan perfecto para devolver a la vida a su amiga. Y por muchas excusas que esta le hubiese preparado ese día, no iba a dejar que su plan fracasara. Había tenido que cometer un par de delitos para asegurarse de que así fuera, pero la necesidad apremiaba y ambas se jugaban mucho.
Necesitaba recuperarla urgentemente. Odiaba tener que ponerse dura cuando sab√≠a que estaba sufriendo, pero no pod√≠a seguir vi√©ndola en ese estado. No soportaba a la gente triste y amargada. Lo llenaban todo de un halo gris y deprimente que se cargaba sus buenas vibraciones. Adem√°s, en el caso particular de su amiga/jefa, el tema se convert√≠a en una cuesti√≥n de supervivencia. Llevaba tres a√Īos trabajando para Jenna, los mejores de su vida laboral, pero parec√≠a que todo lo que hab√≠a conseguido en ese tiempo peligraba con cada d√≠a que pasaba, hasta el punto de ver que en pocas semanas se ver√≠a en apuros para pagar el alquiler de su apartamento y tendr√≠a que volver a pedir asilo en casa de su hermana, su cu√Īado y los cuatro terroristas de sus sobrinos.
Sacudió los hombros al sentir un escalofrío que le atravesó la espalda solo con imaginarlo. Ya estaba frente a la puerta del dormitorio de Jenna, y el ansia que la carcomía por contarle su plan hizo que abriese sin llamar, con una energía que estuvo a punto de hacerla puerta giratoria.
‚ÄĒ¬°Jenna! ¬°Te juro que como te pille en la cama‚Ķ!
Hab√≠a imaginado que la encontrar√≠a como tantas otras veces durante las √ļltimas semanas: all√≠ tirada, sobre el colch√≥n, en pijama y con una pinta desastrosa. Pero en lugar de eso se vio imbuida por la m√°s absoluta oscuridad. Achic√≥ los ojos cuando advirti√≥ una peque√Īa luz azulona que se mov√≠a de un lado a otro con rapidez, y sacudi√≥ la cabeza justo antes de presionar el interruptor de la luz, esperando tener que enfrentarse a un intruso, armada solo con su mini bolso.
‚ÄĒ¬°Mierdis! ‚ÄĒexclam√≥ Jenna despoj√°ndose de una visera de pl√°stico transparente que cubr√≠a su cara. Elev√≥ las cejas y apret√≥ los labios despu√©s, como una ni√Īa peque√Īa a la que han pillado robando en una tienda de chuches.
‚ÄĒ¬ŅQu√© diablos est√°s haciendo? ¬ŅDe qu√© vas disfrazada?
La respuesta de su amiga fue intentar ocultar tras su espalda la linternita que le había advertido en la mano un segundo antes. Como si con aquel gesto infantil ella fuese a obviar lo rocambolesco de la escena. Jenna, la más sensata, centrada y juiciosa de sus amigas (hasta hacía doce semanas) llevaba una especie de mono blanco, como los que usaban los del Centro para el control y la Prevención de Enfermedades en las series de médicos que devoraba los jueves por la noche.
‚ÄĒTienes exactamente diez segundos para explicarme qu√© est√° pasando aqu√≠ antes de que llame a tu madre para que te ingrese en alg√ļn sitio de esos a los que vais los pijos cuando sufr√≠s una crisis nerviosa ‚ÄĒle dijo sacando el m√≥vil del bolsito y mostr√°ndoselo para que viera que iba en serio.
Jenna se mordió el labio inferior y puso ojitos de cordero antes de alzar las manos y despojarse de la parte superior del traje, liberando su cabeza.
‚ÄĒNo es para tanto‚Ķ ¬°Lo juro! Solo estaba‚Ķ estaba‚Ķ ‚ÄĒApret√≥ los dientes y los pu√Īos al tiempo. Estaba tan roja como si hubiesen abofeteado su p√°lido rostro sin piedad. Abri√≥ los labios‚ÄĒ‚Ķ buscando muestras biol√≥gicas ‚ÄĒescupi√≥ las palabras a la carrera, como si no quisiese escuchar su propia declaraci√≥n.
La que abrió los ojos desorbitadamente en ese momento fue Krysten.
‚ÄĒ¬ŅMuestras biol√≥gicas? ‚ÄĒLade√≥ la cabeza mientras pronunciaba la frase, sin poder creerlo, pero Jenna afirm√≥ repetidamente con energ√≠a mientras su gesto se contra√≠a en una mueca avergonzada.
‚ÄĒ¬°No estoy loca! ¬°No he perdido la cabeza! Es que despu√©s de encontrar unas braguitas que no son m√≠as en un caj√≥n, yo‚Ķ
Con mirada desquiciada, empezó a negar con la cabeza, como si estuviese sufriendo un ataque. Y tenía que haber sido así porque entre las muchas peculiaridades de su amiga estaba la fobia a los gérmenes. Imaginarla tocando la ropa interior de otra persona era surrealista.
‚ÄĒTen√≠a que comprobarlo. Ese‚Ķ ese pedazo de‚Ķ se acost√≥ con esa‚Ķ con esa‚Ķ
‚ÄĒCon ese zorr√≥n ‚ÄĒtermin√≥ por ella, viendo que la furia que hab√≠a empezado a dominarla, y que hac√≠a que su rostro pareciese ahora incandescente, se le atragantaba en el gaznate.
‚ÄĒS√≠, con‚Ķ esa. ¬°En mi cama! ¬°Mi casa! ¬°Mi hogar! El que he estado pagando con m√≠ esfuerzo, con mi programa, mientras √©l se hac√≠a un nombre a costa del m√≠o y viv√≠a de gorra porque supuestamente respetaba y admiraba mi independencia, mi autonom√≠a, mi capacidad de emprendimiento y mi carrera. ¬°El muy hijo de‚Ķ!
‚ÄĒPerra, cielo. Hijo de perra. Puedes decirlo abiertamente ‚ÄĒapunt√≥ posando una mano sobre el hombro plastificado de su amiga. Apart√≥ la palma al instante, repeliendo el contacto gomoso, y alete√≥ los dedos al tiempo que arrugaba la nariz.
Jenna empez√≥ a sacudir los brazos con rabia, como un pajarillo enfundado en un preservativo blanco y brillante, mientras hac√≠a peque√Īos ruiditos que pretend√≠an ser gru√Īidos, pero que en la finolis de su amiga no eran m√°s que quejidos lastimeros. No lo iba a negar, verla disfrazada con ese mono, la cara enrojecida, el cabello largo y rubio pegado al rostro perlado de sudor, en medio de la escena de CSI que se hab√≠a montado, era rocambolesco. Pero por fin la ve√≠a estallar y hacer algo m√°s que llorar como una mema. Ten√≠a que dejar que sacara su ira, frustraci√≥n y dolor. Ella, de haber estado en el lugar de Jenna, le habr√≠a rajado las ruedas del coche a su ex, le habr√≠a tirado en plena calle un cubo con restos de pescado putrefacto, y subido a las redes sociales las fotos de aquel viaje a las islas griegas en las que tuvo la ocurrencia de ponerse un tanga verde fluorescente. Pero su amiga y ella no se parec√≠an en nada.
Se habían criado en lados opuestos de la ciudad. Jenna había nacido en el seno de una familia adinerada, mientras que ella había aprendido en su barrio que el que la hace, la paga. Y su mente retorcida había imaginado cientos de escenarios en los que humillaba a su exjefe hasta convertirlo en el hazmerreír y la comidilla de todo el mundillo televisivo. Pero Jenna se lo había impedido alegando que ellas eran mejores personas, estaban a otro nivel y no iban a rebajarse a su juego sucio.
Sab√≠a que cre√≠a aquella afirmaci√≥n palabra por palabra, pero tambi√©n que Jenna evitaba a toda costa alimentar el esc√°ndalo en el que se hab√≠a visto envuelta cuando su novio, su prometido, su compa√Īero en el programa de reformas m√°s famoso del momento, la hab√≠a dejado delante de toda la audiencia nacional, en directo, en un programa especial de recaudaci√≥n de fondos. Era un programa en el que su amiga hab√≠a deseado participar durante meses, en el que se subastaban sus demandados servicios como dise√Īadora de interiores. Se hab√≠a hecho eco del evento en todas las redes sociales, prensa y televisi√≥n. La audiencia hab√≠a sido la m√°s alta del mes y ante toda aquella gente, el asqueroso de Kevin la hab√≠a ridiculizado, avergonzado y dejado en directo, por una de las presentadoras del programa, con la que al parecer hac√≠a meses que manten√≠a una relaci√≥n.
Desde entonces, la humillación no la había dejado salir siquiera de casa. Primero, intentando evitar a la prensa sensacionalista que se había apostado las primeras semanas, cámara en mano, en la puerta de su edificio, deseosa de conseguir la instantánea de la destrozada y hundida Jenna Hopper. Y después, cuando las aguas se calmaron, tampoco quiso salir temiendo ser reconocida y vuelta a ridiculizar por cualquiera que hubiese visto el programa o se hubiese reído con alguno de los innumerables memes que se habían hecho a su costa tras el incidente.
Había sido durísimo para ella. Las cosas que había dicho el asqueroso delante de todo el país… Entendía que hubiese necesitado un tiempo para reflexionar, lamerse las heridas y recuperarse. Pero el período de autocompadecerse había terminado. Se lo decía su instinto, su preocupación de amiga, y su cuenta bancaria, que estaba tiritando tras estar tres meses sin ingresos del programa que Jenna había cancelado al romperse la pareja.
‚ÄĒ¬°Est√° bien! No puedo seguir vi√©ndote de esa guisa, y tampoco oli√©ndote, para ser sincera‚Ķ ‚ÄĒdijo tras aproximarse a su amiga y olisquearla como un sabueso. Jenna abri√≥ los ojos, espantada‚ÄĒ. ¬ŅTe extra√Īas? Eso es pl√°stico y estamos a m√°s de treinta grados. Sudas y hueles como una gorrina.
Jenna introdujo la nariz por el cuello del traje y casi se puso azul.
‚ÄĒ¬°Oh, Dios m√≠o! ‚ÄĒexclam√≥ espantada‚ÄĒ. ¬°Voy a darme una ducha!
‚ÄĒMe parece una idea estupenda. Yo me ocupo mientras de quemar el colch√≥n. ‚ÄĒCuando su amiga, que ya iba en direcci√≥n a la puerta, se gir√≥ alzando las cejas como si de repente la hubiese iluminado con la mejor de las ocurrencias, a√Īadi√≥‚ÄĒ: ¬°Era una broma, loca! Pero me deshar√© de √©l sin testigos y haciendo que parezca un accidente. ‚ÄĒLe gui√Ī√≥ un ojo y Jenna sonri√≥, iluminando sus facciones dulces y elegantes.
‚ÄĒEres la mejor amiga del mundo ‚ÄĒdeclar√≥ de repente‚ÄĒ. No s√© si te lo he dicho mucho √ļltimamente, pero sabes que te quiero, ¬Ņverdad?
Sus palabras la emocionaron, y estuvo tentada de ir a abrazarla, pero luego record√≥ que apestaba y se limit√≥ a asentir, tocarla con la punta de los dedos y hacerla girar para guiarla hasta el ba√Īo de la suite.
‚ÄĒPerfecto, recuerda lo que acabas de decirme hasta que salgas de la ducha porque‚Ķ ¬°tengo un plaaaaaan! ‚ÄĒdijo en tono cantar√≠n.
Jenna le brind√≥ una mirada entornada desde el interior del ba√Īo, pero antes de que pudiera preguntarle qu√© se le hab√≠a ocurrido, cerr√≥ la puerta en sus narices y grit√≥:
‚ÄĒ¬°Primero la ducha! ‚ÄĒY cuando oy√≥ segundos m√°s tarde el sonido del agua correr, se mordi√≥ el labio volvi√©ndose a preguntar qu√© clase de arma usar√≠a para matarla cuando descubriese lo que hab√≠a hecho.
CAP√ćTULO 2
Jenna sali√≥ de la ducha y se envolvi√≥ en la mullida toalla blanca que cogi√≥ del toallero. La anud√≥ sobre su pecho y tom√≥ otra m√°s peque√Īa para hacer lo mismo con su cabello, dej√°ndolo recogido asemejando un turbante. Era una operaci√≥n mec√°nica, algo que repet√≠a sin la necesidad de pensar en sus pasos. Y durante unos segundos se dej√≥ llevar por esa inercia apaciguante, hasta que se detuvo en el reflejo del espejo y se contempl√≥ como lo har√≠an los dem√°s si la viesen en ese momento: como una loca desquiciada y hundida.
Apart√≥ la vista y se concentr√≥ en el resto de tareas mec√°nicas que hac√≠a al salir de la ducha cada d√≠a, como su ritual de cremas, desenredar su cabello largo y dorado, y perfumarse. Cualquier cosa que le impidiese pensar en lo que acababa de hacer. Porque hab√≠a que estar muy loca para haberse disfrazado de esa forma y buscar durante horas pruebas biol√≥gicas por toda su casa. ¬ŅQu√© habr√≠a hecho de haberlas encontrado? ¬ŅLa habr√≠a ayudado eso a superar el dolor, la traici√≥n, el sentimiento de fracaso o la verg√ľenza?
El pulso le tembl√≥ al darse cuenta de que si alguien la hubiese visto, la situaci√≥n no habr√≠a hecho m√°s que confirmar todo lo que hab√≠a dicho su ex de ella. La lista de adjetivos para calificarla ante todo el pa√≠s hab√≠a empezado por loca, mani√°tica, perturbada y‚Ķ Se negaba a repetirla al completo en su mente, como las cientos de miles de ocasiones en las que se hab√≠a dejado llevar por el punzante recuerdo en aquellas semanas. Lo curioso era que nunca se hab√≠a considerado una persona con esos problemas hasta que √©l la vej√≥ p√ļblicamente. Y entonces la verg√ľenza y el sofoco de verse juzgada y abochornada le hicieron perder la cabeza.
Hasta ese momento se hab√≠a considerado una mujer fuerte, a la que no le importaba la opini√≥n que ten√≠an los dem√°s de ella. Se hab√≠a sentido segura de s√≠ misma, pero las √ļltimas semanas hab√≠an sido clarificadoras en ese sentido, pues descubri√≥ que siempre le hab√≠a importado la opini√≥n de cuantos la rodeaban, darles lo que esperaban de ella, ser complaciente y perfecta. Imaginaba que era algo que le hab√≠an inculcado sus padres desde ni√Īa, pues as√≠ hab√≠an sido ellos, o al menos la imagen que daban de puertas para fuera. En consecuencia, siempre se hab√≠a esforzado por ser la hija perfecta que encajase en la fotograf√≠a familiar. Su cometido hab√≠a sido sacar las mejores calificaciones en sus estudios, destacar en cuanto hac√≠a y buscar la excelencia.
¬ęNo es mala idea. Vales lo que la gente est√° dispuesta a pagar por ti¬Ľ. Eso le hab√≠a dicho su padre hac√≠a unos d√≠as cuando le confes√≥ que ya no estaba segura de querer seguir con su empresa de dise√Īo. Crey√≥ que √©l, un importante empresario del sector joyero, la habr√≠a animado a no desistir, a luchar, que a lo mejor le habr√≠a brindado las palabras que la animar√≠an a salir de la espiral de verg√ľenza y autocompasi√≥n en la que estaba perdida.
Pero no había sido así.
Elev√≥ la vista y dej√≥ que su mirada se clavase en la de su reflejo, y se pregunt√≥ cu√°nto estar√≠an dispuestos a pagar por ella ahora. Hac√≠a tan solo unos meses era Jenna Hopper, la m√°s cotizada y valorada dise√Īadora de todo el pa√≠s. Los clientes esperaban hasta dos a√Īos para que ella pudiese hacerse cargo de su reforma o la redecoraci√≥n de alguna de sus propiedades. Todos buscaban su esencia, su sello y estilo. Pero ahora‚Ķ Ahora los que la hab√≠an llamado lo hab√≠an hecho para acribillarla a preguntas sobre el programa, interesarse falsamente por su estado o cotillear sobre las √ļltimas noticias que hab√≠a publicado su ex en las redes sociales. Como si saber que era s√ļper feliz, que ahora s√≠ ten√≠a a la novia perfecta y que acababa de comprometerse y firmar para tener su propio programa de televisi√≥n sobre parejas que se enamoraban en directo en dos citas, fuese a hacerle alg√ļn bien a ella.
La √ļnica persona que se hab√≠a mantenido a su lado, inamovible y siempre intentando salvarla de la oscuridad en la que se sent√≠a inmersa, era Krysten. Su alocada, divertida, exc√©ntrica y especial amiga. Hab√≠a sido una suerte que hubiese sido ella la que la hab√≠a pillado haciendo de CSI, porque sab√≠a que jam√°s la vender√≠a ni contar√≠a sus m√°s humillantes secretos. Los hab√≠a guardado desde que se conocieron hac√≠a siete a√Īos, cuando se los confes√≥ completamente borracha durante una fiesta universitaria.
Krysten no se parecía en nada a las amigas que había tenido hasta ese momento; las que había conocido en el club de campo del que era socio su padre, en su escuela privada o las hijas de los amigos que frecuentaban la mansión familiar. Ella era descarada, insolente, hablaba sin tapujos ni dobleces. No había una gota de falsedad en su larguirucho cuerpo. Y desde el minuto uno fue estimulante para ella, como aire fresco que llegaba a su vida para abrirle la ventana a un mundo que hasta entonces había estado vetado para ella.
Por eso le hab√≠a pedido que se convirtiera en su ayudante cuando decidi√≥ emprender y crear su propia empresa de dise√Īo. Necesitaba su dosis de realidad, su facilidad para simplificar las cosas, para olvidarse de las apariencias y su capacidad de trabajo y honestidad. Ten√≠a que haberla escuchado cuando le dijo que no le gustaba Kevin, que le parec√≠a artificial y prepotente. Que escond√≠a un halo de falsa modestia y una hostilidad maquillada de seguridad. Con frecuencia lo hab√≠a acusado de ser un aprovechado, una especie de par√°sito que se alimentaba de su √©xito. Tambi√©n dec√≠a que era un interesado y manipulador. En definitiva, un cuadro. Nunca le hab√≠a ca√≠do bien. Y la animadversi√≥n era mutua, pues Kevin tampoco hab√≠a soportado la presencia de Krysten en su vida. La tachaba de vulgar, descarada y teatral. Dec√≠a que le daba mala imagen y que ten√≠a que deshacerse de ella, como si fuera un cachorro que hab√≠a decidido adoptar para despu√©s aburrirse de √©l.
La guerra entre ambos siempre hab√≠a a√Īadido tensi√≥n a la din√°mica de trabajo, pues se sent√≠a en la obligaci√≥n de defender a uno y a otro delante del contrario para mantener la paz. Cre√≠a que merec√≠a la pena conservar a ambos en su vida y ahora ve√≠a que cuanto le hab√≠a intentado mostrar su amiga era cierto. Aun as√≠, aun estando acertada en todo lo que hab√≠a dicho de su ex, desde la ruptura ni una sola vez le reproch√≥ hab√©rselo advertido. Aunque sab√≠a que, en su fuero interno, se carcom√≠a por hacerlo.
Sonrió al imaginarla estallando y soltando por esa boquita todo lo que guardaba desde hacía casi tres meses en uno de sus apabullantes ataques de sinceridad brutal. No iba a negarlo, esa era una de las cosas que echaba de menos de trabajar con ella. Los momentos en los que se divertían juntas y conseguían que una situación caótica, como las muchas que se daban en una obra, se convirtiese en una anécdota que atesorar.
Suspir√≥ desolada posando una mano sobre el pomo de la puerta antes de abrirla. Tem√≠a que esos momentos ya no se volviesen a repetir. No se sent√≠a ni con fuerzas ni capaz de enfrentarse al mundo, a los juicios y las cr√≠ticas. Se imaginaba m√°s desapareciendo en mitad de la noche, tomando un avi√≥n a alg√ļn rec√≥ndito lugar del mundo donde nadie la reconociese y donde pudiese dedicarse a alguna causa humanitaria.
No era ninguna locura, se dijo saliendo del ba√Īo para empezar a cubrirse con un vestido fresco y holgado, de largo por encima de la rodilla. Y tampoco ser√≠a la primera vez que se embarcaba en una aventura as√≠.
Durante la universidad, varios veranos los hab√≠a dedicado a viajar a pa√≠ses como la India, Etiop√≠a o Camer√ļn para participar en las causas en las que colaboraba su madre recaudando fondos en las muchas asociaciones en las que participaba. Para el grupo de mujeres elitistas con las que se codeaba, no eran m√°s que una forma de entretenimiento y competencia entre ellas. La que m√°s recaudaba era mejor persona. Y por eso, cuando ella decidi√≥ apuntarse personalmente a una de esas causas, ayudando en la construcci√≥n de viviendas en la India, su madre no pudo poner objeci√≥n, pues aquello le hizo subir puntos frente a su grupo de amigas.
Ella, sin embargo, vio la oportunidad de hacer algo m√°s que sonre√≠r y figurar en el ambiente falso y edulcorado en el que hab√≠a crecido. Descubri√≥ que pod√≠a ser √ļtil de verdad, que sus ideas sobre estructuras y aprovechamiento del espacio eran valoradas, y descubri√≥ que quer√≠a ayudar a los dem√°s haciendo lo que m√°s le gustaba.
De ahí nació la idea de su empresa, y ahora todo lo que había conseguido crear se había destruido. No quedaba nada, salvo los contratos de disolución de la empresa que llevaban dos semanas sobre la mesa de su despacho, y que debía firmar y enviar a su ex para no volver a tener nada que ver con él.
No sab√≠a por qu√© a√ļn no lo hab√≠a hecho, tal vez porque esa firma pon√≠a fin a una etapa muy importante de su vida. Una en la que crey√≥ ser feliz y haber alcanzado sus sue√Īos. Pero ten√≠a que hacerlo, afrontar la situaci√≥n y terminar con todo aquello. Contarle a Krysten su plan de marcharse de all√≠ y dejarlo todo no iba a ser f√°cil tampoco, pero en aquel lugar ya no le quedaba nada m√°s por lo que luchar.
Se puso unas sandalias bajas y salió al pasillo en busca de su amiga, sopesando la forma de darle la noticia de su marcha. No lograba imaginar cuál sería su reacción. Si la abrazaría y le daría ánimos para emprender su viaje o la tacharía de loca e intentaría retenerla. Daba igual, se intentó convencer echando un vistazo en el salón; tenía clara su decisión.
Se repitió aquellas palabras, mentalmente, cuando la encontró en la cocina, sentada en uno de los altos taburetes que rodeaban la isla, y sobre esta, una buena cantidad de papeles esparcidos que observaba con interés mientras sorbía su humeante café.
‚ÄĒBien‚Ķ ya has salido ‚ÄĒle dijo bajando la taza para dejarla sobre la superficie blanca de m√°rmol de Carrara, sin haber puesto un platillo debajo para no dejar mancha. Suspir√≥ sacudiendo la cabeza, pero decidi√≥ no decirle nada en esa ocasi√≥n, porque la conversaci√≥n que deb√≠an tener era mucho m√°s importante.
‚ÄĒS√≠, adem√°s de la ducha‚Ķ necesitaba pensar c√≥mo decirte que he estado reflexionando y, tal y como me has estado aconsejando, he decidido tomar de nuevo las riendas de mi destino‚Ķ ‚ÄĒcomenz√≥ a decir caminando hasta la barra de desayuno, y d√°ndole la espalda, empez√≥ a servirse ella tambi√©n una taza de caf√©.
‚ÄĒ¬ŅNo me digas? ¬ŅEn serio? ¬°Joder! ¬°Qu√© alivio! Y yo pensando que iba a tener que llevarte drogada hasta Nevada‚Ķ
‚ÄĒ¬ŅNevada? ‚ÄĒrepiti√≥ girando sobre sus talones con la taza a medio llenar en una mano y la jarra en la otra.
‚ÄĒS√≠, nuestro nuevo destino ‚ÄĒreplic√≥ Krysten con una sonrisa tan enorme que pudo apreciar cada una de sus piezas dentales.
‚ÄĒ¬ŅQu√© se me ha perdido a m√≠ en Nevada? No era eso lo que te quer√≠a decir‚Ķ
‚ÄĒYa supongo que no imaginabas que nuestro siguiente proyecto ser√≠a tan lejos‚Ķ
Jenna hizo una mueca pensando que no lo suficiente, pero antes de que pudiese intervenir, Krysten siguió argumentando, vomitando palabras, enfebrecida e ilusionada con su plan.
‚ÄĒPero es que la oportunidad es √ļnica. Es un proyecto fant√°stico, lleno de desaf√≠os que afrontar, en un nuevo ambiente, con nuevos retos, un nuevo programa de doce semanas, doce cap√≠tulos, y contigo en solitario a la cabeza.
Estiró los brazos como si visualizara su nombre en un gran cartel publicitario. Y Jenna sintió un escalofrío enfermizo que le recorrió la espalda desde el final de la columna hasta la nuca.
‚ÄĒEn cuanto leas las condiciones que he negociado para el contrato ‚ÄĒdijo levant√°ndose y acerc√°ndole algunos de los papeles que segundos antes estaban esparcidos por la isla‚ÄĒ, ver√°s que es una oportunidad insuperable de regresar a la palestra, olvidar todo lo que dijo el imb√©cil de Kevin y volver a hacer brillar tu nombre, demostrando que eres la mejor.
‚ÄĒPero yo no quiero‚Ķ no quiero‚Ķ volver a ser el centro de atenci√≥n.
‚ÄĒEso es una estupidez, eres una estrella. Una persona de esas que brilla e ilumina la vida de la gente, cambi√°ndosela por completo. Es lo que has querido hacer siempre. Y esta es la oportunidad ‚ÄĒvolvi√≥ a insistir Krysten haciendo que parpadeara varias veces al verse acosada por los documentos que coloc√≥ a escasos cent√≠metros de su rostro.
Estaba a punto de apartarlos de un manotazo cuando repar√≥ en el garabato que hab√≠a en el lateral de la primera hoja. Dej√≥ la taza y la jarra en la barra y tom√≥ el taco de folios r√°pidamente. Fue pasando las hojas con ligereza, tan solo comprobando que cada una de las p√°ginas estaba firmada con la misma r√ļbrica. Despu√©s clav√≥ la vista en su amiga con el rostro desencajado y tan blanco como el papel.
‚ÄĒ¬ŅHas‚Ķ has firmado el contrato en mi nombre?
Krysten sonrió afirmando repetidamente, sin el menor atisbo de arrepentimiento en la mirada. Y ella sintió que se mareaba y el mundo se abría bajo sus pies.
CAP√ćTULO 3
‚ÄĒ¬ŅTe vas a desmayar? ¬ŅVomitar? ¬ŅAmbas cosas? ‚ÄĒle pregunt√≥ Krysten inclin√°ndose sobre ella.
Pero Jenna solo era capaz de ver una nube gris aproxim√°ndose a toda velocidad para engullirla como si fuese un tornado amenazando con devorarla y partirla en dos.
‚ÄĒ¬°Joder, Jenna, h√°blame! ¬ŅEst√°s enfadada? ¬ŅMe he pasado?
‚ÄĒHas falsificado mi firma en un contrato, Krysten ‚ÄĒrepuso enfoc√°ndola por primera vez tras parpadear repetidamente, como si quisiese despertar de una pesadilla.
Jenna vio a su amiga alzar las cejas mientras apretaba sus carnosos labios con fuerza, después encogerse de hombros y fruncir el gesto en una mueca, mientras ladeaba la cabeza sopesando sus palabras, para terminar por morderse el labio inferior con fuerza hasta temer que se haría sangre. Cuando Krysten se ponía nerviosa era así, como una feria con todas las atracciones al máximo de revoluciones. Y no podía parar.
‚ÄĒJoder‚Ķ dicho as√≠‚Ķ ‚ÄĒfarfull√≥ la morena con gesto desencajado.
‚ÄĒ¬ŅY c√≥mo quieres que lo diga? ¬°Es lo que has hecho! Has falsificado mi firma y me has comprometido a hacer un trabajo para el que no estoy preparada ‚ÄĒdijo casi sin resuello.
Jenna dej√≥ caer los papeles al suelo y pos√≥ una mano en su frente. Krysten entonces se llev√≥ el pulgar a los labios y empez√≥ a morderse la u√Īa con ansiedad. Una man√≠a que hac√≠a tres a√Īos que hab√≠a conseguido superar y que en ese momento, apareci√≥ espont√°nea, fruto de la culpa.
‚ÄĒLo he hecho, ¬Ņverdad? Es lo que he hecho. ¬°Joder! ¬°Voy a ir a la c√°rcel! ¬°Merezco ir a la c√°rcel! Soy la peor amiga del mundo, la peor del ranking de peores amigas que existen. ¬ŅC√≥mo me ha podido parecer siquiera una buena idea? A ver‚Ķ es‚Ķ es que no quiero perder mi piso y quedarme en la calle, irme a vivir con mi hermana y terminar mis d√≠as en su s√≥tano mohoso que est√° lleno de muebles viejos y la colecci√≥n de mi cu√Īado de rascadores de espalda, que atesora en vitrinas como si fueran las joyas de la corona.
Jenna arrugó la nariz ante aquella visión.
‚ÄĒ¬ŅStuart colecciona rascadores de espalda? ‚ÄĒNo pudo evitar preguntarle Jenna, alucinada.
‚ÄĒS√≠, y patitos de goma. Pero eso no es lo importante. Es que he sido ego√≠sta, manipuladora y la peor clase de persona del mundo. Quer√≠a sacarte de una vez de la depresi√≥n de la ruptura y volver a trabajar juntas, pero no lo ten√≠a que haber hecho as√≠, por muy desesperada que estuviese. Es que cuando vi que no sal√≠as de casa ni haciendo saltar la alarma de incendios del edificio‚Ķ
‚ÄĒ¬ŅLa alarma de incendios? ¬ŅDe qu√© est√°s hablando?
Jenna la mir√≥ con gesto de no entender una palabra, y Krysten se dio cuenta de que su amiga ni se hab√≠a enterado del suceso. Tampoco era el momento de reafirmar lo loca que estaba cont√°ndoselo en ese instante, as√≠ que sacudi√≥ la mano como si con aquel gesto borrase su √ļltima frase y sigui√≥ hablando.
‚ÄĒNo tiene importancia, cr√©eme. Lo √ļnico que cuenta es que voy a arreglarlo, ¬Ņvale? Llamar√© a los productores y hablar√© con los responsables del proyecto, asumir√© mi culpa y las consecuencias de haber cometido este delito‚Ķ
‚ÄĒEspera, fiera. ¬ŅQu√© es eso de que ibas a irte a vivir con tu hermana? Odias a tu hermana.
‚ÄĒOdiar‚Ķ odiar‚Ķ no es que la odie. Es que me cae muy mal, pero habr√≠a podido con ello. Mira, lo bueno de todo esto es que ya no voy a tener que irme con ella porque tendr√© una celda para mi solita en Rikers.
‚ÄĒ¬°No hagas locuras! No vas a ir a ninguna prisi√≥n. Y deja de hablar atropelladamente, que no consigo entender nada de lo que dices. Expl√≠came qu√© es esa locura de irte con tu hermana.
Krysten resopl√≥ y mir√≥ a otro lado. No ten√≠a que haber dicho nada. No quer√≠a que Jenna se sintiese culpable por su situaci√≥n. Ella ten√≠a todo el derecho a cerrar su empresa y cesar la actividad, sin darle ning√ļn tipo de explicaci√≥n. Pero sab√≠a que en cuanto le contase su estado, eso ser√≠a exactamente lo que conseguir√≠a.
‚ÄĒNi se te ocurra mentirme. T√ļ no. Nunca lo has hecho y espero que no empieces ahora ‚ÄĒle dijo Jenna con gesto serio.
Krysten bufó. Su amiga acababa de entrar en el modo jefa y era mejor obedecer.
‚ÄĒNo es nada, tarde o temprano lo habr√≠a conseguido solucionar‚Ķ
‚ÄĒPor favor, intenta ser breve ‚ÄĒla interrumpi√≥.
‚ÄĒEst√° bien‚Ķ Estoy sin blanca ‚ÄĒdeclar√≥ a bocajarro.
Jenna la mir√≥ perpleja y frunci√≥ el ce√Īo sin entender.
‚ÄĒArruinada, sin un c√©ntimo, a punto del desahucio, de que me pongan de patitas en la calle‚Ķ
‚ÄĒYa lo he entendido. Pero ¬Ņc√≥mo?
‚ÄĒCari√Īo, llevo tres meses sin ingresar un d√≥lar en la cuenta. Hac√≠a poco que hab√≠a cambiado de apartamento. Uno mejor, m√°s grande y mucho m√°s caro. Era cuesti√≥n de tiempo que terminase con mis reservas.
Krysten, tal y como había temido, vio transfigurarse el rostro de su amiga, que se descompuso volviendo a parecer que se había quedado sin una gota de sangre.
‚ÄĒNo pasa nada. Ha sido culpa m√≠a, he estado esperando a ver si las cosas se solucionaban, cuando me ten√≠a que haber dado cuenta de que necesitabas m√°s tiempo y haber buscado otro trabajo. Y eso ser√° lo que haga desde hoy mismo. No tienes que preocuparte por esto‚Ķ
Krysten sigui√≥ hablando, pero Jenna hab√≠a dejado de o√≠rla porque su mente empez√≥ a unir piezas, recordar que su amiga hab√≠a estado yendo al menos dos veces al d√≠a para estar con ella, llevarle comida, proponerle planes, o simplemente acompa√Īarla mientras ella lloraba sin parar. La hab√≠a cuidado y en ning√ļn momento ella hab√≠a ca√≠do en que, con la cancelaci√≥n del programa, la dej√≥ sin sustento. Krysten pod√≠a argumentar lo que quisiera para no hacerla sentir responsable de su situaci√≥n, pero lo era. Hab√≠a sido una ego√≠sta, solo centrada en su dolor, como si fuera el maldito ombligo del mundo. Como si lo peor que te pudiera pasar en la vida fuera que un imb√©cil integral te abandonase.
Se sinti√≥ como una est√ļpida.
‚ÄĒY en cuanto al contrato, tampoco tienes que preocuparte por eso. ‚ÄĒLa oy√≥ decir con voz ahogada. La observ√≥ agacharse para recoger los papeles que ella hab√≠a dejado caer al suelo‚ÄĒ. Hoy mismo lo solucionar√©. Llamar√© a‚Ķ
‚ÄĒNo llamar√°s a nadie ‚ÄĒle dijo con determinaci√≥n quit√°ndole la documentaci√≥n de las manos.
‚ÄĒJenna, ¬°no! ‚ÄĒKrysten intent√≥ arrebat√°rselos, pero ella los alej√≥ de su alcance.
‚ÄĒD√©jame ver al menos lo que he firmado. Con tu olfato es muy probable que hayas conseguido mejores condiciones que si lo hubiese hecho yo misma.
Krysten baj√≥ el brazo y la observ√≥ clavar la vista en los papeles. De eso pod√≠a estar tranquila. En los tres a√Īos que llevaba trabajando con su amiga, hab√≠a repasado mil veces los contratos que redactaba para sus servicios y los vinculantes con la cadena de televisi√≥n. Sab√≠a lo que deb√≠a evitar y lo que ten√≠a que exigir. Y por encima de todo, lo que m√°s le preocupaba era el bienestar de Jenna y mantenerla a salvo.
‚ÄĒ¬ŅEs una causa ben√©fica? ‚ÄĒpregunt√≥ pasando un dedo por las l√≠neas que describ√≠an el programa.
‚ÄĒS√≠, es un proyecto para ayudar a la reinserci√≥n en la vida civil de soldados y exmilitares tras volver de servir en zonas de conflicto. Para muchos es complicado conseguir una vivienda, establecerse y lograr reencauzar sus vidas laborales.
‚ÄĒInteresante‚Ķ ‚ÄĒFue la respuesta de Jenna, que sigui√≥ leyendo con atenci√≥n.
‚ÄĒUna empresa local, junto al Centro de Veteranos del Ej√©rcito de Nevada, ha recaudado fondos para el proyecto de minicasas. Necesitaban el √ļltimo empuj√≥n, pues no hab√≠an conseguido todo el dinero que precisaban para ejecutar todos los proyectos. Y entonces pens√© que nosotras pod√≠amos negociar con la cadena televisiva que ellos asumieran la financiaci√≥n de la mitad del proyecto a cambio de los derechos para la filmaci√≥n de las reformas. Ser√≠an un total de doce semanas, y t√ļ colaborar√≠as con la empresa local en el dise√Īo y supervisi√≥n de la construcci√≥n de las minicasas.
Jenna seguía alucinada leyendo cada detalle, lo bien atados que estaban todos los puntos del contrato, cuando escuchó a Krysten carraspear antes de querer intervenir de nuevo, pero alzó una mano para detenerla, pues por primera vez en meses se sintió atraída, casi podía decir que ilusionada, con un proyecto. Los dedos empezaron a hormiguearle con impaciencia. Si hubiese tenido su Ipad a mano, con total seguridad habría empezado a esbozar algunas de las ideas que surcaban su mente, mientras leía los perfiles de las familias a las que podrían ayudar.
Krysten solo consiguió mantenerse en silencio apenas diez minutos más antes de interrumpir su lectura y cavilaciones.
‚ÄĒS√© que nunca has hecho algo parecido. Lo tuyo son los grandes proyectos, no las minicasas. Es un trabajo sencillo, sin la repercusi√≥n medi√°tica a la que est√°s acostumbrada. No hay celebrities, ni presupuestos abrumadores, pero es un reto. La oportunidad‚Ķ
‚ÄĒ¬°Lo har√©! ‚ÄĒproclam√≥ interrumpi√©ndola.
No lo iba a negar, estaba aterrada. Una parte de ella seguía aferrada a la idea de mantenerse en un perfil bajo en redes. No quería exponerse ni volver a ser enjuiciada, que hablasen de ella y le recordasen todas las cosas de las que la había acusado Kevin, pero no era una cobarde. No podía seguir escondiéndose si tenía la oportunidad de ayudar a toda esa gente. Volvió a recorrer los rostros de las fotos que adjuntaba el informe del proyecto y sonrió. Después elevó la mirada decidida.
‚ÄĒLo haremos. T√ļ y yo.
‚ÄĒ¬ŅEn serio? ‚ÄĒrespondi√≥ Krysten dejando que la ilusi√≥n hiciese brillar sus expresivos ojos verdes.
‚ÄĒTotalmente. Solo me queda por saber una cosa ‚ÄĒdijo sintiendo que, de repente, le sudaban las palmas de las manos. Ignor√≥ el hecho de estar a punto de sufrir una crisis de ansiedad, parecida a la que se deb√≠a sentir a punto de tirarse en paraca√≠das frente a un desfiladero, y pregunt√≥‚ÄĒ: ¬ŅCu√°ndo nos vamos?
CAP√ćTULO 4
‚ÄĒSe√Īor Dalton, ¬°no puede entrar ah√≠! ¬°No lo haga! El coronel est√° en una reuni√≥n‚Ķ
Las palabras angustiadas de la secretaria no tuvieron efecto alguno en Dylan, que no se lo pens√≥ y, asiendo el pomo de la puerta del despacho del presidente de la asociaci√≥n de veteranos, irrumpi√≥ como un toro desbocado. All√≠, tal y como le hab√≠a advertido la secretaria, lo encontr√≥ frente a su mesa, acompa√Īado de otras tres personas.
‚ÄĒ¬°Dalton! No esperaba verlo hoy, ¬Ņten√≠amos una cita? ‚ÄĒle dijo el hombre apenas sorprendido con su presencia.
No le extra√Īaba, el coronel Jenssen y √©l eran viejos conocidos. Si hab√≠a hecho lo que le hab√≠an contado, ten√≠a que estar esperando que fuese hasta all√≠ a pedirle explicaciones.
‚ÄĒCoronel, ya sabe que no. Pero tambi√©n intuyo que aguardaba mi visita. ¬ŅO cre√≠a que aceptar√≠a que vendiera mi proyecto a cualquiera, qued√°ndome de brazos cruzados?
Jenssen clavó en él su mirada oscura como la noche, en contraste con su cabello tan blanco como la nieve, y el gesto le hizo retroceder en el tiempo más de una década. Aun así, no pensaba retirarse. El tema era demasiado importante para él, y ya no estaba bajo su mando en el ejército. Al parecer, su exsuperior también pensó en ese detalle, pues tras dejar salir el oxígeno de sus pulmones lentamente por la nariz en un gesto de resignada aceptación, asintió.
‚ÄĒEst√° bien. Se√Īores, necesito unos minutos con el Mayor Dalton. ¬ŅNos dejan a solas?
Como si sus palabras fuesen el pistoletazo de salida en una carrera, los presentes se levantaron al instante y con diligencia abandonaron la peque√Īa mesa de juntas y el despacho. En cuanto estuvieron solos, el coronel le se√Īal√≥ una de las sillas desocupadas, invit√°ndolo a sentarse. Y √©l acept√≥, aun con las mand√≠bulas apretadas. Estaba tan furioso, que no tard√≥ en devolver la mirada p√©trea al hombre ante √©l, y expresar su enfado.
‚ÄĒ¬°No puede hacerlo! ¬ŅC√≥mo ha podido pensarlo si quiera? ¬°Es mi proyecto! ‚ÄĒSu tono fue cortante, √°spero y cargado de frustraci√≥n. El coronel no tuvo m√°s que advertir el brillo endiablado de sus ojos grises para saber que apenas lograba contener su enfado.
‚ÄĒDalton, s√© que lleva meses trabajando en esto, que ha sacrificado tiempo, recursos y muchas horas de sue√Īo para sacarlo adelante, pero no ha sido suficiente‚Ķ
‚ÄĒ¬°Lo ser√°! Solo necesito un poco m√°s de tiempo. Conseguir√© el respaldo de m√°s empresarios de la zona, del ayuntamiento‚Ķ Lo que haga falta. Pero no vender√© las vidas y tragedias de esas personas al mejor postor.
Jenssen se llevó una mano a la barbilla, cubierta con una pulcra y bien cuidada barba, y volvió a clavar en él su mirada oscura antes de levantarse de la silla y acercarse a su escritorio, del que tomó una carpeta de cartón marrón. Dylan la reconoció al instante como la que él mismo le había entregado hacía once meses. Era la idea y plan estratégico para la puesta en marcha de su proyecto de ayuda a veteranos del ejército.
‚ÄĒHijo, siento tener que dec√≠rselo, pero este no es su proyecto ‚ÄĒhizo una peque√Īa pausa antes de lanzar la carpeta a la mesa. Esta aterriz√≥ frente a √©l, abierta, esparciendo sobre la superficie de madera las fichas de las familias a las que quer√≠a ayudar‚ÄĒ, es el de ellos. De cada una de esas personas. Familias que llevan meses esperando para poder comenzar una nueva vida.
Dylan recorri√≥ los rostros de aquellas fotograf√≠as que ten√≠a memorizadas al mil√≠metro. Tal y como el coronel hab√≠a reconocido, hab√≠a pasado el √ļltimo a√Īo trabajando sin descanso para ayudarlos. No hab√≠a nada que le importase m√°s que esas personas y el inicio de la nueva vida que les hab√≠a prometido. Por eso no pod√≠a aceptar que esa vida comenzase exponiendo sus experiencias y dolor. No lo iba a consentir.
‚ÄĒMe niego a pensar que esta sea la √ļnica forma. No los exhibir√© como si fueran atracciones de feria ‚ÄĒse√Īal√≥ apartando la mirada del informe y levant√°ndose de la mesa.
‚ÄĒNo puedes negarte ‚ÄĒlo tute√≥, hecho que dio m√°s √©nfasis a sus palabras‚ÄĒ. Est√° hecho. Firm√© el contrato con la cadena ayer mismo.
La incredulidad y enfado transformaron el gesto de Dylan, que bajó el rostro y cabeceó, pasándose una mano por el cabello corto, hasta llegar a su nuca, que presionó para liberar la tensión.
‚ÄĒNo puede estar hablando en serio ‚ÄĒdijo furioso‚ÄĒ ¬ŅCree que sigo estando bajo su mando? ¬ŅQue puede tomar todas las decisiones as√≠, sin m√°s?
Jenssen volvi√≥ a reconocer ese brillo en su mirada, mientras le lanzaba las preguntas como dardos. Y tuvo la certeza de que cada una de esas palabras estaba te√Īida de reproches del pasado que hab√≠an compartido. Sent√≠a que siguiese llevando esa pesada carga, que no hubiese conseguido superar las heridas de su alma, pero no estaban hablando de ellos, de lo que hab√≠an vivido, o de las consecuencias de sus actos. Ya no estaban en guerra, ni defendiendo a su pa√≠s, no luchaban por sus vidas, sino por las de otras personas. Entend√≠a que quisiera protegerlos. Estaba en su misma situaci√≥n. Se sent√≠a responsable de cada uno de sus veteranos, hubiesen estado bajo su mando o no. Y si para ayudarlos ten√≠a que hacer algunas concesiones, lo har√≠a.
‚ÄĒ¬ŅNi siquiera se le ocurri√≥ preguntarme a m√≠ o a las familias antes de venderlos de esta forma?
‚ÄĒ¬°No los he vendido! Me he asegurado de que todos vayan a ser tratados con respeto. Ninguno se ver√° obligado a hablar de nada. Pero no pueden esperar m√°s. Y eso es algo que pareces no entender. Siempre has sido terco, orgulloso y‚Ķ
‚ÄĒNo se corte coronel. Sabe que lleva muchos a√Īos deseando repetirme esas palabras.
El duelo de miradas se reinstaló entre ambos, mientras los recuerdos más dolorosos de sus historias compartidas se filtraban en sus mentes, devolviéndolos al pasado por unos segundos.
‚ÄĒNo ‚ÄĒsentenci√≥ finalmente el coronel‚ÄĒ. Le reitero que no se trata ni de usted, ni de m√≠. Se trata de ellos. De todos ellos. De mantenerlos a salvo. Necesitan esas casas, hogares, esperanza‚Ķ
La mirada del coronel se ti√Ī√≥ de tristeza y Dylan entorn√≥ la suya.

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SOBRE LORRAINE COC√ď

Es autora de ficci√≥n rom√°ntica desde hace veinte a√Īos. Nacida en 1976 en Cartagena, Murcia. Ha repartido su vida entre su ciudad natal, Madrid, y un breve periodo en Angola. En la actualidad se dedica a su familia y la escritura a tiempo completo.

Apasionada de la literatura rom√°ntica en todos sus subg√©neros, abarca con sus novelas varios de ellos; desde la novela contempor√°nea a la paranormal, suspense,¬†new adult, contempor√°nea o¬†chick lit. Lectora inagotable desde ni√Īa, pronto decidi√≥ dejar salir a los personajes que habitaban en su f√©rtil imaginaci√≥n, primero escribiendo poes√≠a y m√°s tarde a trav√©s de la novela y el cuento.

En mayo de 2014 consigui√≥ cumplir su sue√Īo de publicar con la¬†editorial Harlequ√≠n Harper Collins¬†su serie¬†Amor en cadena, que consta de ocho t√≠tulos. En septiembre de 2015 public√≥¬†Se ofrece musa a tiempo parcial, galardonada en 2016 como mejor comedia rom√°ntica en los¬†Premios Infinito. En 2015 recibi√≥ el¬†Premio P√ļrpura¬†a la mejor autora rom√°ntica autopublicada. En 2018 recibi√≥ el¬†premio NORA de rom√°ntica, concedido por compa√Īeros escritores, y lectores. En 2019 result√≥¬†finalista del PLA, Premio Literario de Amazon¬†de habla hispana, con su novela¬†La coleccionista de noches vac√≠as, seleccionada entre m√°s de dos mil cuatrocientas novelas de treinta pa√≠ses.

Con m√°s de treinta novelas publicadas con gran √©xito desde sus inicios, Lorraine sue√Īa con seguir creando historias y viajar por todo el mundo, recogiendo personajes que llevarse en el bolsillo.

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