Una nueva vida de K.L. Shandwick

Una nueva vida de K.L. Shandwick

A compartir, a compartir! Que me borran los posts!!

***SOLO HOY Y ahora supera mi beso de Megan Maxwell 

Regresa Megan Maxwell con una novela romántico-erótica tan ardiente que se derretirá en tus manos.

Sexo. Familia. Diversi√≥n. Locura.Vuelve a so√Īar con la nueva novela de la autora nacional m√°s vendida...

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Una nueva vida de K.L. Shandwick pdf

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¬ŅQu√© te sucede cuando amas a alguien con todo tu coraz√≥n, pero ese amor no tiene ad√≥nde ir?

El rompecorazones, Cole Harkin, contó sus bendiciones con una hermosa esposa y la emoción de la pareja por un primer bebé en camino.
Justo cuando pensaba que su mundo estaba completo, Cole se siente devastado y abrumado cuando su futuro es arrancado bajo sus pies.

Con pocas opciones en el asunto, Cole tiene que enfrentarse a vivir¬†otra vida¬†… Una vida muy diferente a la que pensaba que √©l y Grace hab√≠an planeado.

Un romance de segunda oportunidad para padres solteros que sigue el viaje inspirador de Cole a través del dolor y la pérdida.

 

¬ęAnother Life es una historia bellamente construida de Cole Harkin tratando de reconstruir su vida cuando el destino le da lo mejor de su vida y el golpe m√°s cruel al mismo tiempo¬Ľ.

‘ADVERTENCIA – debe tener Kleenex para leer este libro.¬†Desde las primeras p√°ginas hasta el √ļltimo cap√≠tulo estuve en una monta√Īa rusa emocional que me hizo llorar.¬†Una historia desgarradora y unos personajes bellamente escritos hacen de este libro una obra maestra.’


Capítulo uno
Ly las l√°grimas nublaron mi visi√≥n cuando mir√© la √ļnica marca negra en la pared inmaculada frente a m√≠. Estaba de rodillas, con la mente entumecida por las noticias preocupantes que hab√≠a escuchado y sus posibles consecuencias. Para distraerme, record√© lo que hab√≠a sucedido justo antes de esa noche, y las im√°genes comenzaron a fluir ante mis ojos.
Justo antes de esa noche
Mis piernas doloridas se sentían como plomo, pero mi fortaleza mental persistió, alimentada por la energía vibrante de los fanáticos que cantaban. De vuelta en el escenario, me detuve bajo el calor abrasador de cincuenta focos. Estaba casi exhausto, mi cuerpo estaba de pie gracias a la adrenalina pura que desataba la reacción de la multitud delirante.
Una gota de sudor corría por mi rostro y mi corazón comenzó a latir con fuerza cuando vi a Fletch agarrar su lubina negra y brillante.
Más gotas salieron volando de mi cabello oscuro empapado en sudor mientras asentía con la cabeza a mi baterista Scuds, luego me inclinaba hacia adelante, sacando el viejo y confiable Fender de su soporte.
Después de levantar la correa gastada de la guitarra por encima de mi cabeza, agarré una toalla apoyada contra la instrumentación y me froté la cara y el cabello vigorosamente.
Lo tiré detrás de mí, agarré el conector, lo conecté a la guitarra y me di la vuelta, mostrando mi sonrisa de estrella de rock experimentada a nuestros seguidores más ávidos.
¬ę¬ŅC√≥mo?¬Ľ Los empuj√© con mi mano alrededor de su oreja, fingiendo no escucharlos. Ellos rugieron en respuesta. ¬ę¬ŅQuieres mas?¬Ľ Grit√© en el micr√≥fono. Sin duda quer√≠an m√°s. Se produjo una reacci√≥n salvaje. Sonre√≠ y comenc√© a asentir ante sus respuestas positivas.
Hab√≠an pasado casi dos horas desde que los apasionados fan√°ticos de nuestra m√ļsica se pusieron de pie con la primera nota que tocamos, pero esperaron pacientemente despu√©s de que dejamos el escenario, confiados en que su dedicaci√≥n ser√≠a recompensada con una √ļltima pieza. .
Dirigí mi mirada nublada al mar de cabezas hacinadas en condiciones asfixiantes en un lugar con capacidad para dieciséis mil, pensando en la suerte que tenía. Mi corazón acelerado dio un brinco mientras me embriagaba con la admiración de la multitud, luego luché por unos segundos, mi garganta apretada por una ola inesperada de emoción que trató de abrumarme. Escuchar el rugido ensordecedor de agradecimiento al final de una gira siempre me sorprendió.
Los organizadores ya estaban cabreados porque se nos hab√≠a acabado el tiempo y, adem√°s, ten√≠amos otro compromiso despu√©s de esa actuaci√≥n. Pero, ¬Ņqui√©nes √©ramos nosotros para negarle a esa multitud amante del rock su √ļltima canci√≥n? Levant√© la mano y mi coraz√≥n se aceler√≥ cuando los fuertes v√≠tores y silbidos de j√ļbilo cesaron repentinamente y la audiencia se calm√≥.
La capacidad de silenciar instant√°neamente a una masa de personas siempre me hizo vacilar. El silencio amplific√≥ mi conciencia de su ansiosa anticipaci√≥n mientras conten√≠an la respiraci√≥n antes de que comenzara la √ļltima canci√≥n.
Salir a escuchar el canto del cisne siempre fue un momento especial. Sobre todo porque sabíamos que todos esperaban la canción con la que empezó todo, la canción que había guiado a SinaMen por el camino del éxito.
La solicitud de un bis era un momento com√ļn para una banda famosa como la nuestra, pero esa √ļltima actuaci√≥n fue un evento a√ļn m√°s significativo para m√≠ porque marcar√≠a el final de una era.
Reflexionando sobre el significado de la actuaci√≥n que estaba a punto de realizar, me gir√© para mirar de nuevo a mi bella esposa, Grace, que esperaba pacientemente entre bastidores. Mi ce√Īo se arrug√≥ por un momento con preocupaci√≥n cuando sus ojos se encontraron con los m√≠os.
Grace rara vez se quejaba de nada, as√≠ que la hab√≠a estado observando de cerca durante las √ļltimas dos semanas. La gira le hab√≠a pasado factura a su embarazo, pero ella era una mujer terca que se negaba a dejar de viajar para quedarse conmigo.
Completar la gira de SinaMen frente a una audiencia tan entusiasta me hizo sentir a√ļn m√°s agradecido por mi vida como m√ļsico. Las incre√≠bles oportunidades que me dio a veces me dejaban sin aliento. Esta noche no fue la excepci√≥n, y aparte de un peque√Īo esfuerzo m√°s antes de regresar a casa, me sent√≠ aliviado de que Grace hubiera llegado al final de nuestro recorrido sin complicaciones.
También estábamos contentos con el beneficio adicional de terminar la gira en nuestro país, lo que habría evitado un largo viaje de regreso al final de esas tres semanas pesadas. Actuar en once estadios con entradas agotadas y cuatro llenos, con entrevistas en televisión y radio, no nos había dejado un momento para recuperarnos.
Al reavivar mi carisma, me puse a√ļn m√°s en sinton√≠a con la palpitante audiencia al poner todo mi coraz√≥n en la canci√≥n. De esta manera aument√© a√ļn m√°s su entusiasmo y los dej√© cantar el coro apunt√°ndolos con el micr√≥fono.
Su respuesta se convirti√≥ en un coro pegadizo que cubri√≥ cada una de nuestras palabras como si fueran estrellas de rock. Cuando la canci√≥n lleg√≥ a su fin, no bajamos el tel√≥n. En cambio, toda la banda se reuni√≥ al frente del escenario e hizo una reverencia al un√≠sono. Volv√≠ a mirar a mi encantadora esposa con una mezcla de alivio y emoci√≥n por haber llegado al √ļltimo concierto.
Después de limpiarme la cara nuevamente, arrojé la toalla mojada a la multitud y fui golpeado por una cacofonía de sonido que comenzó desde la parte trasera del auditorio. Miré a una joven rubia falsa que había agarrado mi toalla y se la había llevado a la cara.
Mujeres y hombres intentaron conmigo todo el tiempo; segu√≠a siendo un misterio para m√≠ por qu√© alguien se volv√≠a loco por mis camisetas o toallas usadas. Lo √ļltimo que quer√≠a en el mundo era un trozo de tela empapado en el sudor de alguien que no fuera mi esposa.
Ser cortejado por groupies y fanáticos me molestaba hasta la médula. Yo era un hombre casado, y aunque lo soporté y me reí de eso cuando estaba soltero, ahora solo quería a Grace. Ella era mi alma gemela, la mujer perfecta para mí y, como todos decían, mi media naranja.
De hecho, cuando la conoc√≠, Grace me hizo dar vueltas la cabeza al dejarme sin aliento y, antes de que me diera cuenta, se hab√≠a convertido r√°pidamente en todo mi mundo. Parec√≠a imposible que ya hubieran pasado dos a√Īos desde nuestro matrimonio, porque cada d√≠a con ella se sent√≠a como una fiesta.
Por eso ese concierto fue a√ļn m√°s especial para nosotros. Grace y yo est√°bamos encantados de ser padres y nos tomamos un a√Īo de descanso de la banda en previsi√≥n de la llegada del beb√©.
Grace estaba radiante y feliz cuando me vio caminar por el escenario con una amplia sonrisa en su rostro. A veces me bastaba con mirarla para casi hacerme correrme en mis jeans por lo sexy que era. Incluso después de todo ese tiempo, la consideraba la mujer más hermosa que había conocido.
Se veía increíble con ese pelo largo, salvaje y oscuro, esa condenadamente linda nariz de botón y esos enormes ojos almendrados y, desde que estaba embarazada, esa enorme barriga redonda.
Mi corazón dio un brinco cuando Grace caminó hacia mí, sus labios rojo rubí enmarcando esa hermosa boca y un brillo en sus enormes ojos grises brillantes. Nunca me había sentido más enamorado de Grace que en ese momento.
¬ę¬ŅEst√°s bien, beb√©? ¬ŅNo deber√≠amos ir a casa a la cama?¬Ľ.
‚ÄúNo seas tonto, Cole. Estoy bien, amor. Y luego, la presentaci√≥n est√° a punto de comenzar. Cumplir con este √ļltimo compromiso ¬ę, respondi√≥ ella, sacudiendo la cabeza. ¬ęEl lugar no est√° lejos, est√° a diez cuadras, m√°s o menos, y tenemos que quedarnos all√≠ como una hora, ¬Ņno?¬Ľ pregunt√≥, mirando su reloj. ¬ęDos secuencias de media hora, ¬Ņdijiste?¬Ľ
Usando sus formas persuasivas, Grace me convenció de asistir a la fiesta de presentación de una nueva banda que recientemente había firmado un contrato con nuestro sello. Sabía que si seguía insistiendo, ella se pegaría más. Pensando que era mejor hacer una aparición que causarle más estrés discutiéndolo, decidí cumplir mi promesa de asistir.
Una nueva vida de K.L. Shandwick
Observ√© el lugar mal iluminado y de aspecto destartalado y respir√© aliviado al ver que mi esposa segu√≠a sentada all√≠ donde la hab√≠a dejado. Llevaba un fabuloso vestido ajustado, a pesar de su barriga. Ese color blanco brillante la diferenciaba de cualquier otra persona en la habitaci√≥n. Con o sin ese vestido, Grace a√ļn se destacar√≠a.
Los hombres nunca miraban dos veces a mi esposa; bastó una mirada y quedaron petrificados por su estado. Normalmente estaba a mi lado, pero ahora que estaba embarazada me preocupaba que los acontecimientos del día la cansaran. Además, debido a las fuertes vibraciones del equipo, lo había estacionado lo más lejos posible del escenario.
La hab√≠a hecho sentar dentro de una gran cabina al otro lado de la pista de baile, donde sab√≠a que estar√≠a a salvo del resto de la multitud y, despu√©s de mirarla, al verla todav√≠a all√≠ me desped√≠ de mis tres compa√Īeros de banda y atraves√© la pista de baile. para alcanzarlo.
El descanso musical fue bienvenido, y sentí que toda la tensión abandonaba mi cuerpo cuando la banda de heavy metal anunció un descanso de quince minutos.
El nuevo grupo, Stone Gorge, no eran los mejores m√ļsicos que hab√≠a escuchado, pero eran lo suficientemente decentes como para mantenernos durante la primera parte de su actuaci√≥n. Como era una fiesta de lanzamiento exclusiva, estaba la prensa y el sello discogr√°fico hab√≠a exigido que nuestra banda estuviera all√≠ para apoyarlos.
En general, no me hubiera importado asistir a un evento así, pero en esa ocasión el bienestar de mi esposa tuvo prioridad. Después de ese largo día, solo quería llevarla a casa.
Cuando me acerqué a Grace, ella levantó la vista y cuando sus hermosos ojos se encontraron con los míos, una sonrisa curvó sus labios. Una sonrisa también floreció en mis labios, que se ensancharon a medida que me acercaba.
Entrecerré los ojos con sospecha cuando vi que estaba hablando con una renombrada groupie rubia y flaca llamada Bekki. La había visto de vez en cuando saliendo con Scuds, pero por suerte era una mujer con la que nunca me había acostado.
Bekki estaba tan inmersa en la conversación que no se dio cuenta de que yo estaba detrás de ella. Mi mandíbula se apretó con frustración cuando capté algunos de sus comentarios y me di cuenta de qué se trataba la conversación.
¬ęOh, Dios, si tuviera un tipo con un buen trasero como el tuyo en mi cama, nunca saldr√≠a de ella¬Ľ, estaba confesando.
Como no ten√≠a idea de qui√©n estaba hablando, decid√≠ detener los chismes. ¬ę¬ŅAh, de verdad? ¬ŅQui√©n es el chico afortunado? ¬Ľ Mi voz era sarc√°stica cuando mir√© a Grace y contuve una sonrisa.
Mirando por encima de su hombro, Bekki me vio y se qued√≥ sin aliento, luego trag√≥ saliva e hizo una mueca de verg√ľenza.
Moviéndome para ver mejor tanto a ella como a Grace, mis ojos parpadearon hacia la mujer. Por la forma en que inmediatamente apartó la mirada, supe lo avergonzado que estaba. Volviendo la atención a mi esposa, la vi estremecerse. Fue en ese momento que lo entendí. No era sólo una charla entre dos mujeres. Bekki estaba expresando una opinión y, a juzgar por su reacción al verme, supe que estaba hablando de mí.
Sin responder al comentario de Bekki, Grace se ri√≥ entre dientes y sacudi√≥ la cabeza. ¬ęTu tiempo es terrible¬Ľ, me amonest√≥, mir√°ndome, pero el brillo en sus ojos me hizo saber que estaba halagada por los comentarios envidiosos de la groupie. La cara morada de Bekki y su mirada baja eran reacciones raras de alguien que normalmente era tan descarado.
¬ęAh, no deber√≠a haber escuchado eso, ¬Ņverdad?¬Ľ Pregunt√©, haci√©ndole saber a la groupie pervertida que sab√≠a que el comentario que le hice a Grace estaba destinado a m√≠. ¬ęPero ya que me enter√©, no podr√≠a estar m√°s de acuerdo contigo¬Ľ, respond√≠ mientras deslizaba mi brazo alrededor del hombro de mi esposa.
Inclin√°ndome sobre ella, presion√© suavemente mis labios contra los suyos, sin apresurarme a apartarlos. ¬ęBuen consejo. Grace, deber√≠as escuchar a Bekki‚ÄĚ, dije en broma, burl√°ndome del comentario de la mujer.
El alivio cruzó la mirada preocupada de la groupie que puso los ojos en blanco, como si estuviera más enojada consigo misma que conmigo. Le sentaba bien, no debería haber babeado así por el marido de otra mujer.
¬ęEres horrible¬Ľ, me rega√Ī√≥ Grace de nuevo, pero escuch√© el sarcasmo en su voz y supe que le divert√≠a tanto la verg√ľenza de Bekki como que no quer√≠a dejar la conversaci√≥n.
Enderez√°ndome, mir√© a Bekki quien, sin embargo, sigui√≥ mirando hacia otro lado. Me llam√≥ la atenci√≥n que la mujer estaba perdiendo su belleza, aunque era comprensible, dado el estilo de vida rockero que llevaba. A lo largo de los a√Īos, la ni√Īa hab√≠a renunciado a toda su energ√≠a, y se notaba.
¬ęSi nos disculpan, he venido a invitar a mi hermosa esposa a bailar¬Ľ, expliqu√©, extendiendo teatralmente mi mano a Grace. Despu√©s de darle la mano, la ayud√© a levantarse y la llev√© a la pista de baile.
¬ęEso fue muy malo de tu parte, Cole¬Ľ, se ri√≥ entre dientes Grace. ¬ę¬ŅY por qu√© estamos en la pista de baile si no hay m√ļsica?¬Ľ iglesias
¬ę¬ŅQui√©n necesita m√ļsica cuando tiene un √°ngel en sus brazos?¬Ľ ¬ŅSon arpas las que escucho?¬Ľ Grace mir√≥ hacia el techo sonriendo ante mi cortejo banal. Acercando su peque√Īo cuerpo al m√≠o, con nuestras manos cerca de mi coraz√≥n, presion√© mi mejilla contra la de ella.
¬ęNo puedo bailar sin m√ļsica¬Ľ, insisti√≥, ri√©ndose.
Imperturbable, lo pens√© por un momento. Te gustan Halestorms, ¬Ņverdad? La canci√≥n Here’s to Us ?¬Ľ Ella asinti√≥, confundida, y luego sacudi√≥ la cabeza en protesta silenciosa. ¬ęAqu√≠ est√°. Bailaremos esa canci√≥n. Olv√≠date de estos vagos, tendremos nuestra propia discoteca personal. ¬ŅQu√© opinas?¬Ľ
¬ęEres demasiado dulce y rom√°ntico para ser una estrella de rock¬Ľ, declar√≥, con una mirada que indicaba cu√°nto me adoraba.
¬ęS√≠, pero no hables de eso,¬Ľ susurr√© con complicidad, gui√Ī√°ndole un ojo. ¬ęSolo porque soy una estrella de rock puedo decidir bailar con mi mujer en una habitaci√≥n llena de gente sin m√ļsica, y nadie parpadear√°¬Ľ.
La sonrisa que Grace me dio fue casi despectiva, como si no me creyera. Entrecerrando los ojos, miró alrededor de la habitación, observando a todos, uno por uno, y cuando terminó sentí que su cuerpo se relajaba, prueba de que tenía razón.
Mirándolos, me di cuenta de que muchos estaban drogados, y supe que si alguien se desvestía, hacía el ridículo bajándose los pantalones o competía en una competencia de camisetas mojadas, a nadie le importaría.
Bailamos lentamente con las notas de la canci√≥n que sonaba en nuestras cabezas, cant√°ndola mentalmente, y un par de veces, olvid√°ndola, la cant√© en voz alta. ¬ę¬ŅQuieres conseguir una habitaci√≥n?¬Ľ Le susurr√© al o√≠do de Grace despu√©s de un par de minutos. Era poco m√°s de medianoche y, a pesar de mi pregunta, segu√≠amos tocando las notas de esa canci√≥n en nuestras cabezas.
Al principio Grace no respondi√≥, estaba decidida a ver todo el concierto, pero yo sab√≠a que, solo cinco semanas antes de la fecha prevista, estaba teniendo problemas para dormir. Necesitaba descansar porque ten√≠a que luchar con un dolor insoportable y una indigesti√≥n. Y cuando no estaba aquejada de estas dolencias, su sue√Īo se interrump√≠a continuamente por las ganas de orinar.
¬ę¬ŅEs esta una propuesta indecente?¬Ľ pregunt√≥, bajando los ojos como si quisiera ser t√≠mida.
¬ęSiempre lo es, beb√©¬Ľ, respond√≠, acariciando su espalda. Luego coloqu√© una mano en la base de su cuello para acercarla. Le di un beso cari√Īoso en la frente y luego retroced√≠ para mirarla.
Ambos nos reímos cuando deslicé mi mano en la de ella y se la dirigí a los chicos de mi banda para decirles buenas noches.
‚ÄúMaldito seas, Cole‚ÄĚ, protest√≥ Scuds cuando me inclin√© para abrazarlo, ‚Äúdentro de un rato nos dir√°s que solo vendr√°s de gira si Grace tambi√©n puede venir. No, espera, eso ya lo hiciste‚ÄĚ, brome√≥, sacudiendo la cabeza.
¬ęYa. No olvides que a lo largo de los a√Īos he visto todos tus intentos de encontrar una chica como Grace. Espera hasta que sea tu turno y veremos qu√© tan bueno eres para controlar estos sentimientos, si lo encuentras¬Ľ.
¬ęLleva puestos los pantalones¬Ľ, tosi√≥ Moz, y Fletch sonri√≥. Suspir√© y lo mir√© como diciendo: esto es todo lo que tienes.
¬ęVamos, m√≠rala. Este peque√Ī√≠n est√° listo para ser horneado, dale un respiro‚ÄĚ, dijo Fletch, como si fuera a venir a mi rescate se√Īalando el vientre de Grace.
¬ę¬ŅComprendido? √Čl es el √ļnico aqu√≠ que entiende la importancia de este momento‚ÄĚ, asent√≠.
Estaba feliz con lo mucho que hab√≠a cambiado. Cuando conoc√≠ a Grace, era quiz√°s la √ļnica chica que no esperaba conocer y la √ļnica a la que nunca quise dejar. Nuestra relaci√≥n se basaba en la confianza y Grace siempre hab√≠a querido que yo fuera realmente yo mismo y no el l√≠der de la banda que ten√≠a que estar a la altura de las expectativas de la audiencia. La gente era libre de pensar y juzgar como quisiera, pero maldita sea si les permit√≠a influir en lo importante que era para m√≠.
Grace abraz√≥ a los ni√Īos uno por uno, y ellos le desearon lo mejor, luego nos dirigimos hacia la puerta justo cuando Stone George tom√≥ sus lugares detr√°s de los instrumentos.
Mientras conduc√≠amos a casa en el asiento trasero del sed√°n negro, Grace se acurruc√≥ contra m√≠, con la cabeza apoyada en mi hombro, y suspir√≥ feliz: ¬ę¬ŅC√≥mo viv√≠ sin ti?¬Ľ.
‚ÄúNo tengo idea, beb√©. No debe haber sido f√°cil para ti‚ÄĚ, respond√≠, tratando de mantener mi tono serio.
Levantando la cara para mirarme, se ri√≥. ¬ęEres un idiota, ¬Ņlo sabes?¬Ľ
¬ęS√≠, pero soy un idiota con un buen trasero¬Ľ, se√Īal√©, tomando la descripci√≥n de Bekki de m√≠, y Grace se ech√≥ a re√≠r.
¬ęLa cara que puso esa pobre chica¬Ľ, murmur√≥, reflexionando sobre lo que acababa de pasar, y fue mi turno de re√≠r.
Tiene suerte de que est√©s seguro de ti mismo. Si un tipo me hubiera hecho ese comentario sobre ti, lo habr√≠a dejado. Cualquiera que no sea yo que fantasea con acostarse contigo no merece seguir viviendo‚ÄĚ, le dije.
¬ęOh, amo al hombre de las cavernas que amenaza con salirse de ti de vez en cuando¬Ľ.
¬ę¬ŅS√≠?¬Ľ Pregunt√©, fingiendo tomarla en serio.
¬ęDiablos, s√≠, √©l es sexy¬Ľ, dijo.
¬ę¬ŅQu√© tan sexy?¬Ľ
¬ęMmm¬Ľ, murmur√≥, ri√©ndose mientras analizaba mi pregunta, y me tom√© un momento para simplemente mirarla. El embarazo la hab√≠a hecho radiantemente hermosa y la forma en que la luz de la luna enfatizaba sus rasgos me enfermaba. Mis ojos se posaron en sus labios carnosos y luch√© contra el impulso de besarla mientras esperaba su respuesta. ¬ęEn una escala de uno a cinco, tal vez cuatro¬Ľ.
Despu√©s de respirar hondo, suspir√©, fingiendo decepci√≥n. ¬ę¬ŅS√≥lo un cuatro?¬Ľ ¬ŅY qu√© debo hacer por un cinco? pregunt√© en voz alta.
¬ęCanta para mi. No tienes idea de c√≥mo me afecta tu voz, Cole Harkin. La piel de gallina no es suficiente para explicar lo que me hace tu sello caliente. Todo lo que s√© es que quiero arrancarte la ropa¬Ľ.
Inmediatamente comencé a cantar el viejo éxito de Joe Cocker You Can Leave Your Hat On , lo que provocó que ella se riera a carcajadas y luego me incliné hacia adelante sosteniendo su barriga.
La risa dio paso a la ansiedad, y frunc√≠ el ce√Īo.
¬ęJes√ļs, ¬Ņest√°s bien?¬Ľ
¬ęS√≠¬Ľ, dijo, frot√°ndose la parte inferior del vientre mientras enderezaba la espalda en el asiento. ¬ęEs mejor que este angelito salga lo antes posible¬Ľ, murmur√≥.
Después de eso nos sentamos en silencio y la sostuve cerca de mí, frotándole el brazo. Afortunadamente, cuando cruzamos las puertas de la casa, el dolor parecía haber disminuido.
‚ÄúDios m√≠o, no me mires por favor. Soy un desastre‚ÄĚ, murmur√≥, dejando caer su bolso de dise√Īo al suelo al ver su reflejo en el espejo del vest√≠bulo.
‚ÄúNo seas tonta, beb√©. Todav√≠a me siento muy atra√≠do por ti, y nunca lo hab√≠a estado tanto. ¬°M√≠rate a ti mismo! Tu cabello ‚ÄĒdije, agarrando un pu√Īado de su sedoso cabello oscuro y salvaje y pasando mis dedos por √©l. La bes√© en la mejilla y agregu√©: ¬ęSin mencionar cuando veo esta hermosa cara con estos jodidamente sexys labios y esta fant√°stica barriga¬Ľ. Dej√© de hablar, abrumado por las emociones, y tuve que besarla.
La pasión se apoderó de mí tan pronto como su lengua tocó la mía, y mi corazón se aceleró. A medida que el fuego comenzó a extenderse por mis venas, mi agarre se hizo más fuerte y mi pene se puso rígido en mis jeans.
Un suave gemido erótico se extendió de mi boca a la de ella, y con los brazos extendidos, considerando su vientre, agarré su trasero con ambas manos.
¬ęDios m√≠o, ¬Ņno tienes una habitaci√≥n?¬Ľ Matty, nuestra ama de llaves, hab√≠a entrado en el pasillo e inmediatamente sali√≥ corriendo hacia la cocina.
‚ÄúJes√ļs, Matty, ¬Ņquieres comprarte un par de ruidosos zuecos y dejar de aparecer tan de repente? Adem√°s, es de noche. Deber√≠as estar en la cama ‚ÄĒgrit√© tras ella. Grace se ri√≥ y apret√≥ mi brazo.
¬ęBasta, la har√°s sentir inc√≥moda y decidir√° irse¬Ľ.
¬ę¬ŅTu crees? Esa mujer vive para hacerme sufrir. ¬ŅD√≥nde m√°s podr√≠as recurrir a tu empleador como lo haces conmigo?
‚ÄúBueno, tiene raz√≥n. Deber√≠amos subir al dormitorio ‚ÄĚ, sugiri√≥ Grace, pero de repente se inclin√≥ nuevamente por el dolor.
¬ę¬ŅEst√°s bien?¬Ľ Le pregunt√© mientras me inclinaba con ella, abraz√°ndola fuerte.
¬ęJoder¬Ľ, maldijo, incapaz de darme una respuesta, mientras se frotaba el vientre y respiraba, tratando de evitar el dolor. Cuando el dolor pas√≥, respir√≥ hondo y se enderez√≥. ¬ęVaya, esto fue genial¬Ľ.
¬ę¬ŅTenemos que ir al hospital?¬Ľ Pregunt√©, mis manos envueltas protectoramente alrededor de ella.
¬ę¬ŅPor qu√© tengo dolor? ¬ŅQuieres que se r√≠an de nosotros?¬Ľ. ella respondi√≥ en un tono pr√°ctico. En mi opini√≥n, hab√≠a tenido m√°s de una punzada en los d√≠as anteriores.
¬ęNo quiero que sufras¬Ľ.
¬ęEntonces no deber√≠as haberme dejado embarazada¬Ľ. Grace sonri√≥ y se alej√≥ de m√≠, pero apenas lleg√≥ al sexto escal√≥n antes de agacharse de nuevo. Se volvi√≥ para mirarme y se encogi√≥ de hombros. ¬ęTal vez un viaje al hospital no sea una mala idea despu√©s de todo¬Ľ.
Capitulo dos
D.Despu√©s de tomar las llaves que Stuart, uno de los empleados dom√©sticos, hab√≠a dejado all√≠ en el bolsillo vac√≠o del pasillo, llev√© a Grace de regreso a la puerta principal. Ya hab√≠a empacado sus maletas, en previsi√≥n de la hospitalizaci√≥n, y las hab√≠a cargado en los ba√ļles de los tres autos que usamos. Despu√©s de ayudarla a subir al lado del pasajero, me deslic√© detr√°s del volante, con el pecho apretado.
Mientras sal√≠a por las pesadas puertas que brindaban cierta privacidad a nuestra casa, pens√© que tal vez Stuart deber√≠a haber conducido, pero no estaba l√ļcido y no se me hab√≠a ocurrido ir a llamarlo. Afortunadamente, la preocupaci√≥n por mi esposa me hab√≠a obligado a beber solo agua durante toda la noche.
Grace le envió un mensaje de texto a su partera, luego dejó caer su teléfono celular en la bolsa grande y lo colocó sobre la alfombra del auto; luego fue presa de otra contracción. Una vez que pasó su malestar, tuve un momento de tranquilidad para hablar con ella.
¬ęTreinta y cinco semanas est√° bien de todos modos, ¬Ņverdad?¬Ľ Presionando mi pie en el acelerador, apart√© mi mirada nerviosa de la lluvia que ca√≠a sobre el parabrisas para mirar a Grace con preocupaci√≥n. Los limpiaparabrisas parec√≠an girar a un ritmo m√°s r√°pido y ruidoso de lo habitual mientras esperaba su respuesta. Obviamente estaba preocupada, ya que se hab√≠a perdido las dos √ļltimas citas con el m√©dico mientras viaj√°bamos, pero cuando le mencion√© esto, insisti√≥ en que ella y el beb√© estar√≠an bien.
Hasta la semana treinta y tres el embarazo había ido como se esperaba, salvo las molestias de orinar constantemente y algunos dolores que me había asegurado que volverían a la normalidad una vez que nos acercáramos a la fecha del parto.
Cuando Grace me miró, sus hermosos ojos grises, generalmente brillantes, estaban nublados por el dolor, y su apariencia no me tranquilizó en absoluto. Sus manos se cerraron sobre su vientre hinchado, el dolor que sentía era visible en los rasgos de su rostro mientras se frotaba el vientre con las manos.
¬ęS√≠, tres semanas m√°s y se habr√≠a finalizado, as√≠ que creo que nuestro beb√© deber√≠a ser…¬Ľ Otro tir√≥n doloroso se apoder√≥ de ella, que ya jadeaba, destrozando la esperanza de consuelo que estaba desesperado por. Mi pecho se apret√≥ a√ļn m√°s, mi ansiedad se intensific√≥ porque, en su estado, aparte del parto, ver a Grace doblarse de dolor era lo que m√°s me preocupaba.
Agarrando el volante, me di cuenta de que mis palmas sudorosas se aferraban desesperadamente, la ansiedad amenazaba con tomar el control, luego me di cuenta de cuán profundamente estaba respirando para mantener a raya el dolor. Me impresionó el intento de mi esposa de administrar el trabajo.
Con el paso del tiempo, Grace comenzó a gemir de dolor; mi corazón se llenaba de angustia cada vez que lo hacía. Las náuseas venían por oleadas y yo trataba de ahuyentarlas porque no era el momento y, aunque habíamos hablado muchas veces del parto, yo no estaba preparada. Ver sufrir al amor de mi vida fue un infierno. Aunque era necesario para dar a luz esa nueva vida que habíamos creado.
Mientras pasaba otra contracci√≥n, se me ocurri√≥ otro pensamiento. ¬ęLa oficina de la partera respondi√≥ a tu mensaje, ¬Ņno?¬Ľ
Grace extendió la mano, arrastró su enorme bolso lleno de mierda hasta su regazo y comenzó a hurgar en él. Finalmente, tomó su teléfono celular y dejó caer la bolsa al suelo.
La pantalla azul del celular se iluminó instantáneamente, iluminando la oscuridad dentro del auto. Después de sacudir la pantalla, Grace se acercó el teléfono a la oreja y supe que había recibido un mensaje de voz.
¬ęS√≠¬Ľ, apenas pudo decir antes de que otra contracci√≥n la detuviera. Me sent√≠ aliviado, feliz de que una persona experimentada le diera la bienvenida a Grace a nuestra llegada.
Mir√© el reloj digital en el tablero. Eran las 3.21 de la ma√Īana. Al lado estaba la fecha, 7 de enero, y not√© que hasta ese momento esa fecha no hab√≠a tenido ning√ļn significado para m√≠. Una ola de emoci√≥n me hizo pensar que ese iba a ser el mejor d√≠a de mi vida. El d√≠a que naci√≥ mi primer hijo y el d√≠a que comenzar√≠a una nueva vida para Grace y para m√≠.
Pasaron otras siete contracciones, con tres minutos de diferencia, antes de llegar a la entrada del Memorial Hospital. Después de deshacerme de nuestro enorme SUV sin estacionamiento, pasé corriendo junto al capó y abrí la puerta con tanta energía que el auto se tambaleó. Tomé a Grace por los brazos y le hablé en un tono amable y alentador.
¬ęAqu√≠ bebe. Lo est√°s haciendo muy bien, estamos aqu√≠. No pasar√° mucho tiempo antes de que el m√©dico te examine y te d√© algo para el dolor. Y de todos modos, cuando lo haga, trata de no contarle nuestra charla entre almohadas y s√°banas‚ÄĚ, brome√©, tratando de aliviar la tensi√≥n mientras camin√°bamos hacia el hospital.
Grace se burló de mí por mi comentario, pero tan pronto como entramos en el pasillo, otra contracción dolorosa la inmovilizó. Agarró la larga manija de metal de la puerta para mantenerse en pie, y una amable enfermera de mediana edad apareció de la nada con una silla de ruedas. Lo ayudé a sentar a mi esposa tan pronto como el dolor le dio un respiro.
¬ęParece que estamos a punto de hacer una adici√≥n costosa a la familia¬Ľ, brome√≥, y agradec√≠ el intento de calmar el alma de Grace.
¬ęOye, t√ļ eres ese Cole, eh…¬Ľ
¬ęS√≠, pero yo no soy la atracci√≥n principal aqu√≠, ¬Ņde acuerdo?¬Ľ Le advert√≠, mir√≥ a mi esposa y asinti√≥.
Cuando pas√≥ la en√©sima contracci√≥n, Grace mir√≥ a la enfermera y maldijo por lo bajo. ‚ÄúEsta ni√Īa puede tener lo que quiera, sin dudarlo. Solo quiere estar aqu√≠ ya¬Ľ. Grace dej√≥ escapar otro gemido y se dobl√≥ sobre s√≠ misma con las manos juntas sobre su vientre, y rec√© para que todo terminara pronto para ella.
Tomamos el elevador hasta el quinto piso, donde nos esperaba una partera con una carpeta en la mano. Sus peque√Īos ojos brillantes se abrieron con sorpresa cuando me reconoci√≥. Frunc√≠ el ce√Īo y le di una mirada de advertencia para evitar que hiciera una escena. Lo √ļltimo que necesitaba mi esposa era un admirador m√≠o que me halagara mientras ella sufr√≠a.
‚ÄúEl Dr. Kane te est√° esperando, Grace. Si quieres seguirme, te ayudar√© a acomodarte y le dir√© que has llegado. Hay papeles que firmar, se√Īor Cole, pero podemos encargarnos de ellos despu√©s de pensar en Grace¬Ľ. Seguro, pens√©, asintiendo con la cabeza. Nada era tan importante como el bienestar de Grace.
Ya llev√°bamos unos minutos en la habitaci√≥n y la matrona roci√≥ un poco de gel en el est√≥mago de Grace y la conect√≥ a la ecograf√≠a. Una ola de emoci√≥n me subi√≥ a la garganta cuando el sonido regular de los latidos del coraz√≥n de nuestra hija llen√≥ la habitaci√≥n. No era ning√ļn secreto que est√°bamos esperando una ni√Īa; Grace se lo hab√≠a dicho a todo el mundo.
Noté que el equipo había comenzado a registrar una serie de líneas onduladas en el papel que salía de la bandeja de abajo. Luego, la enfermera hizo una pausa para verificar los signos vitales de Grace antes de volverse hacia nosotros y sonreír.
‚ÄúGrace, tu presi√≥n en este momento es perfecta. Esto‚Ķ‚ÄĚ, dijo se√Īalando las dos l√≠neas que se estaban grabando, ‚Äú‚Ķ la l√≠nea de arriba es el latido de tu beb√© y como puedes ver aqu√≠ flota. Significa que ella est√° despierta y movi√©ndose en este momento. El resultado final nos dice que sus contracciones son cada tres minutos, lo cual es regular y eso es exactamente lo que queremos ver¬Ľ.
¬ę¬ŅEs este el latido del coraz√≥n del beb√©?¬Ľ Pregunt√©, se√Īalando la l√≠nea dibujada.
¬ęS√≠¬Ľ, respondi√≥ el m√©dico con una sonrisa. ¬ęLa frecuencia card√≠aca de su beb√© aumenta con cada contracci√≥n, lo cual es perfectamente normal¬Ľ. Le sonre√≠ embelesado.
Hablando del parto con Grace, la partera nos informó que le darían una dosis de esteroides para ayudar a que los pulmones del bebé maduren para el nacimiento.
Justo cuando el m√©dico termin√≥ de hablar, el Dr. Ken entr√≥ en la habitaci√≥n, con el aspecto de alguien que acaba de salir del plat√≥ de cine: el costoso estetoscopio alrededor del cuello y una bata blanca inmaculada que cubr√≠a su ropa de dise√Īador. Ten√≠a cabello rubio brillante, piel sin imperfecciones y dientes blancos perfectos. Demasiado atractivo para un hombre que deber√≠a haber tocado a mi esposa.
Aunque respetaba su profesión, odiaba que fuera tan guapo, ya que le permitían explorar las partes más internas del cuerpo de Grace. Para mantener a raya mis celos, tuve que recordarme que tenía razones clínicas para hacerlo.
Hablando de lo que hab√≠a pasado en las horas previas, trascendi√≥ que Grace no estaba segura de si el saco amni√≥tico que proteg√≠a a nuestra peque√Īa se hab√≠a roto, habiendo notado ligeros goteos con cada contracci√≥n.
Luego de examinar el abdomen de Grace, el Dr. Ken confirmó que la cabeza del bebé ya estaba en su lugar y nos informó que le colocaría un tampón en la vagina para verificar que el bebé no corría riesgo de infección. Mi boca se apretó con tensión ante el solo pensamiento.
La partera empacó un kit de examen en un carrito y lo hizo rodar hasta la cama mientras el médico se lavaba las manos. Después de secarlos, se puso un par de guantes y se sentó en un taburete al pie de la mesa, y Grace se colocó más abajo para prepararla para el procedimiento.
Despu√©s de haber higienizado la parte, le explic√≥: ‚ÄúEstoy usando un esp√©culo y una vez que haya tomado una peque√Īa muestra para tener un cultivo de g√©rmenes, tambi√©n har√© una peque√Īa prueba con un hisopo para verificar la presencia de l√≠quido amni√≥tico. . Esto es importante porque tu beb√© es un poco prematuro y una ruptura temprana del saco amni√≥tico puede significar un mayor riesgo de infecciones‚ÄĚ.
Mi mirada se fijó en el sofá, mis ojos preocupados y preocupados se movieron de lo que el médico estaba haciendo a la cara de Grace, mirándome fijamente, su expresión de dolor, buscando consuelo.
¬ęLo est√°s haciendo muy bien, beb√©¬Ľ.
El cuerpo de Grace se relajó y suspiró ante el estímulo cuando mi mirada volvió a enfocarse en el rostro del joven doctor. Una arruga arrugó su frente y entrecerró los ojos, luego los abrió mucho en mi dirección. Cuando sostuvo mi mirada por un segundo más de lo normal, supe que algo andaba mal.
¬ęEnfermera, ¬Ņpuede acercar la luz, por favor?¬Ľ pregunt√≥, volviendo a concentrarse en un punto entre las piernas de Grace.
La comadrona, que esperaba detrás de él, jadeó, sorprendida por su tono cortante. Dando un paso adelante, reposicionó la luz y cuando sus ojos se centraron en Grace, noté una mirada de preocupación en ambos. Un suave suspiro se deslizó en su aliento y los ojos del Dr. Ken se posaron en ella.
¬ę¬ŅQue pasa?¬Ľ Pregunt√©, inmediatamente consciente de que algo andaba mal.
‚ÄúEstoy recolectando muestras para enviar al laboratorio para cultivo. Una vez hecho eso, responder√© todas sus preguntas ‚ÄĚ, dijo el m√©dico silenci√°ndome.
Escuchar el latido del coraz√≥n de nuestra peque√Īa ni√Īa acelerarse instant√°neamente en protesta por su discurso me distrajo de Ken, pero cuando volv√≠ a mirarlo, estaba entregando las muestras a la enfermera. Se levant√≥ r√°pidamente, volvi√≥ a poner todo en la bandeja, se quit√≥ los guantes de goma y los tir√≥ a un cubo de basura con pedal de acero.
De espaldas a nosotros, se lav√≥ las manos, luego se volvi√≥ y dijo: ¬ęDame unos minutos para completar los formularios para el laboratorio y volver√© para hablar contigo¬Ľ.
Grace no parecía preocupada en absoluto por el examen y, después de que el médico salió de la habitación, siguió respirando entre contracciones. Como ella no hizo preguntas, me convencí de que era mi ignorancia lo que me hacía pensar que algo andaba mal, pero después de quince minutos mis temores aumentaron nuevamente debido a la persistente ausencia del médico.
Entre las contracciones hubo momentos de normalidad durante los cuales Grace y yo hablamos sobre algunos temas prácticos que abordar después del nacimiento de nuestra hija, pero a medida que pasaba el tiempo me sentía cada vez más frustrado y cuanto más tardaba el médico en regresar, más mis dudas crecieron.
Al ver a Grace continuar sufriendo, mi pecho se contrajo, agudizando la conciencia de cada una de mis respiraciones. Nunca hab√≠a sufrido de ansiedad, pero sab√≠a que probablemente eso era lo que estaba pasando, considerando lo in√ļtil que me sent√≠a. Estaba acostumbrado a controlar situaciones incontrolables.
Mirando hacia atr√°s en todo lo que hab√≠a presenciado desde nuestra llegada al hospital, la √ļnica nota positiva fue el latido regular del coraz√≥n del beb√© y las constantes contracciones que, a pesar del dolor de Grace, nos acercaron m√°s y m√°s a su precioso nacimiento.
La puerta de nuestra habitación se abrió lentamente y el doctor hizo su entrada. La forma renuente en que arrastró los pies hacia la cama casi me asustó. Me sentí vacilante y asustado en su presencia. El hombre alegre, amable y extremadamente seguro de sí mismo nos había abandonado y en su lugar había un joven de aspecto abatido. Que esos dos fueran la misma persona era casi imposible de creer.
Sentí un aura de humildad en lugar del comportamiento habitual con el que el médico inspiraba respeto, y había algo más en su estado de ánimo que no pude definir en ese momento.
Mientras se dejaba caer suavemente sobre la cama, la puerta se abrió de nuevo y la enfermera que había ayudado a Grace volvió a entrar en la habitación. La mujer mantuvo la mirada fija en el suelo y sentí su renuencia a estar allí.
Sentados en silencio, esperamos a que pasara la contracción de Grace. Mi corazón estaba a punto de estallar de miedo cuando vi al Dr. Ken respirar profundamente.
Tragó saliva un par de veces y cerró los ojos como para indicar que lo que tenía que decir era algo doloroso para él y muy relevante para nosotros.
La frustración y la angustia peleaban en mi estómago, atándolo con fuerza, y luché duro para encontrar una paciencia que hasta entonces nunca pensé que poseía. Era eso o era un nivel de miedo sin precedentes por nuestro futuro. No había nada más que me impidiera decir una palabra.
¬ę¬ŅQue pasa?¬Ľ pregunt√© finalmente, cuando la espera me hab√≠a abrumado.
Su mirada preocupada permaneció fija en la mía, y parecía que había pasado una eternidad cuando el joven doctor finalmente encontró el coraje, parpadeó y respiró hondo. Por el preámbulo de esos segundos, entendí que las que iba a decir no eran palabras de consuelo.
Escaneando la habitación, buscando cualquier cosa que hiciera que nuestra situación fuera real, todo lo que pude ver fueron los monitores que mostraban a Grace y la salud del bebé; en comparación con lo que la partera había explicado antes, nada había cambiado. Cuando pasó la enésima contracción, Grace me sonrió tranquilizadoramente a mí y luego al médico ya la partera.
De repente me di cuenta de lo joven que era la partera y de lo alterada que parecía. Mi corazón casi se sale de mi pecho por el miedo y la agitación, e instintivamente supe que cualquier cosa que nos dijeran nos cambiaría para siempre.
Mientras rezaba en silencio para que todo estuviera bien, inesperadamente la puerta se abrió de nuevo y entró un hombrecito calvo.
Por un momento pensé que era un pediatra, vestido con su bata verde de laboratorio. No tenía idea de por qué. Tal vez porque mi mente estaba tratando de admitir esa verdad tácita de que algo andaba mal.
De pie junto a la partera, el nuevo miembro del equipo médico también evitó mi mirada. Estaba a punto de preguntarle quién era cuando el Dr. Ken se aclaró la garganta y atrajo mi atención nuevamente.
¬ęGrace¬Ľ, le dijo para llamar la atenci√≥n de mi esposa.
Mir√°ndome con nerviosismo, el hombre volvi√≥ a repetir el nombre de mi esposa. ¬ęGrace, Cole…¬Ľ Hizo una pausa y trag√≥ saliva; su vacilaci√≥n hizo que mi coraz√≥n latiera irregularmente.
En mi cabeza le grit√© que sacara lo que estaba mal, mientras mi coraz√≥n intentaba ignorar las se√Īales de preocupaci√≥n que hab√≠a visto en sus ojos. La sangre comenz√≥ a palpitar en mis o√≠dos y esperaba que el ruido fuera lo suficientemente fuerte como para ahogar cualquier noticia potencialmente negativa. Yo ya estaba en estado de shock y todav√≠a no sab√≠a por qu√©.
Los ojos adoloridos de Grace se abrieron, alarmada por el tono firme del doctor. Su mirada fue de mí a Ken y luego de regreso a mí. Mi mano alcanzó automáticamente la de ella y la apreté con fuerza.
‚ÄúCuando te visit√©, Grace, not√© algo preocupante. Hay algunos cambios en tu cuello uterino, hice algunas muestras para el laboratorio y ahora estamos esperando la opini√≥n del experto‚ÄĚ.
¬ę¬ŅDe qu√© se trata? ¬ŅQu√© ocurre? ¬ŅNecesita antibi√≥ticos? ¬ŅDe una intervenci√≥n? Dios, ¬Ņla ni√Īa tuvo alguna infecci√≥n o algo as√≠?¬Ľ. Mis preguntas de ritmo r√°pido surgieron sin ning√ļn filtro ni preocupaci√≥n por el estado de √°nimo de Grace. La mirada preocupada en el rostro del doctor aument√≥ mi angustia.
¬ęEn este momento, no tengo ganas de hacer un diagn√≥stico¬Ľ. Hizo una pausa y mir√≥ fijamente a Grace luchando con una nueva contracci√≥n.
Al principio pens√© que no lo hab√≠a sentido porque segu√≠a respirando con dolor como hasta ahora, luego me di cuenta que el m√©dico estaba esperando a que pasara la contracci√≥n. ¬ŅQu√© diablos podr√≠a estar mal? Excepto por las contracciones, Grace estaba bien .
Luchando contra mi impulso de seguir haciendo preguntas, esperé a que Grace volviera a prestarle atención porque ambos necesitábamos estar informados. Cuando la contracción cedió, mi esposa miró al médico con miedo.
‚ÄúGrace, considerando que ya est√°s en trabajo de parto avanzado, nuestra prioridad ahora es ayudarte a dar a luz a tu beb√©. Esto significa que debemos llevarlo a la sala de operaciones de inmediato. Tus par√°metros actualmente son normales, pero no podr√°s dar a luz de forma natural. Tu peque√Īa sufrir√≠a si dejamos pasar demasiado tiempo¬Ľ.
¬ę¬ŅCosa?¬Ľ El tono alto y estridente de mi voz sobresalt√≥ al m√©dico mientras trataba de asimilar la situaci√≥n preocupante que de repente afront√°bamos. La angustia me hizo ponerme en pie de un salto.
¬ę¬ŅQu√© piensas que es? ¬ŅPor qu√© no puede tener un parto natural?¬Ľ. Ignor√°ndome, el doctor centr√≥ toda su atenci√≥n en Grace. ‚Äú¬ŅQu√© le pasa a tu cuello uterino? Grace se hizo un examen de embarazo temprano, ¬Ņverdad, cari√Īo? Insist√≠, gir√°ndome para mirarla por su confirmaci√≥n.
Los ojos de Grace se abrieron como platos, pero otra sacudida la atrapó antes de que pudiera responder. Las contracciones habían cambiado y parecían haberse vuelto casi continuas.
¬ęSus ex√°menes fueron todos normales¬Ľ, agregu√©, mirando de nuevo al m√©dico, quien no respondi√≥. Estaba abrumado por el p√°nico, mi coraz√≥n comenz√≥ a latir a una velocidad insana y arr√≠tmica, mientras mi respiraci√≥n se hac√≠a m√°s baja y m√°s r√°pida. Esto no est√° sucediendo realmente.
¬ę¬ŅMe has o√≠do?¬Ľ Lo intent√© de nuevo.
La mirada de impotencia que me dirigi√≥ el m√©dico me dej√≥ sin aliento. ¬ęEl tiene raz√≥n. Grace se hab√≠a hecho algunas pruebas y los resultados ahora eran normales‚ÄĚ, confirm√≥ con calma. ¬ęPero te pido que conf√≠es en m√≠, Grace no puede pasar por un parto natural¬Ľ.
¡No no no! La presión apretó mi cerebro con tanta fuerza que temí que iba a tener un derrame cerebral. Todo mi razonamiento luchó para evitar que aceptara lo que dijo. Sentí la tensión, muy alta, y fue como si mi cráneo estuviera a punto de estallar.
¬ę¬ŅEs por eso que has tenido tanto dolor √ļltimamente?¬Ľ Le pregunt√©, observ√°ndolo cuidadosamente.
¬ęEs muy posible que los cambios celulares estuvieran en una etapa indetectable cuando se hizo la prueba a Grace, pero s√≠, sin duda se podr√≠a alegar que son la causa de su dolor¬Ľ.
¬ę¬ŅCambios celulares?¬Ľ La angustia en mi voz era evidente.
‚ÄúLo siento, pero no tenemos tiempo para m√°s explicaciones hasta despu√©s de la operaci√≥n. Nuestra prioridad en este momento es hacer que Grace se sienta bien y asegurarnos de que el beb√© nazca con total seguridad. La √ļnica manera de hacer esto es una ces√°rea de emergencia¬Ľ.
Podría haber seguido haciendo preguntas, porque Grace y yo necesitábamos una explicación; pero en términos de prioridades, el médico tenía razón. Grace necesitaba ayuda para traer a nuestra hija al mundo y todo lo demás podía esperar. Pensé que una vez que naciera el bebé, podríamos entender mejor cómo hacer que Grace se sintiera bien nuevamente.
‚ÄúS√© fuerte, beb√©, lo lograremos. Conf√≠a en m√≠, entenderemos lo que tienes y nos aseguraremos de que los mejores m√©dicos del mundo arreglen todo¬Ľ.
Mientras balbuceaba, escupiendo palabras sin sentido en un intento por calmar a Grace, ella concentró toda su energía en controlar el dolor y mantener a salvo a nuestro bebé. Desde que el médico nos había dado esa noticia, Grace no parecía afectada ni una sola vez, mostrando miedo o haciendo preguntas.
¬ęHagamos lo que hay que hacer¬Ľ, dijo Grace al Dr. Ken en un tono inexpresivo. Parec√≠a como si se hubiera separado de todos los dem√°s en la habitaci√≥n.
Después de que Grace accedió a la cirugía, la partera y otro tipo con bata, que sabía que era el anestesista, se acercaron y prepararon a mi valiente y tranquila mujer para el quirófano.
Como la cirug√≠a fue un procedimiento de emergencia y el beb√© a√ļn era prematuro, a Grace le administraron esteroides que eran necesarios para los pulmones de nuestra hija y sin perder m√°s tiempo la sometieron a anestesia total. No se me permiti√≥ asistir al nacimiento de nuestra hija.
Mientras la empujaban a trav√©s de las puertas de la sala de operaciones, tom√© la mano de Grace, me inclin√© y la bes√©. Acariciando su cabello, forc√© una sonrisa cuando mis ojos preocupados se encontraron con los de ella, mi coraz√≥n lat√≠a irregularmente en se√Īal de rechazo.
‚ÄúS√© fuerte, amor. Estar√© aqu√≠ esper√°ndote cuando despiertes. Te quiero mucho. Olvida todo lo dem√°s y solo piensa en ti y en nuestra hija. No te preocupes, encontraremos una soluci√≥n para el resto¬Ľ.
La tensión apretaba mi garganta impidiéndome agregar más, me puse de pie y observé mientras la llevaban a la sala de operaciones, tratando de no llorar. No quería desmoronarme ya que Grace había sido tan valiente.
Todo mi cuerpo se vio envuelto en una ola de dolor mientras veía todo mi mundo tirado sin poder hacer nada en una camilla. Conteniendo la respiración, esperé a que se cerraran las pesadas puertas del quirófano y caí al suelo de rodillas.
Todav√≠a estaba en esa posici√≥n cuando me di cuenta de que mis l√°grimas ya se hab√≠an secado y segu√≠ mirando esa peque√Īa marca oscura en la pared. Una vez aclarado, segu√≠ luchando por entender la expresi√≥n sombr√≠a del rostro del m√©dico y la forma en que hab√≠a tratado de no pensar en lo que le pasaba a mi esposa.
Hab√≠amos venido al hospital para tener un beb√©, para formar una familia. Quedarse solo en el pasillo con m√°s preguntas que respuestas no era lo que se supon√≠a que pasar√≠a. ¬ŅPor qu√© el doctor se hab√≠a negado a hacer un diagn√≥stico, solo para estar tan decidido sobre la cirug√≠a de Grace? ¬ŅC√≥mo podr√≠a una ces√°rea de emergencia ser menos peligrosa para ella y el beb√©?
Cada minuto de espera parecía dolorosamente largo. Mientras estaba sentada allí sola, solo quería que alguien saliera y me encontrara y me dijera que Grace y el bebé estaban bien y que el médico estaba equivocado.
Capítulo tres
¬Ľ Cole?¬Ľ El tono inquisitivo del m√©dico me sac√≥ de mi enso√Īaci√≥n.
Levant√© la vista del suelo y su expresi√≥n preocupada me hizo sentir un escalofr√≠o de miedo por todo el cuerpo. Cuando me puse de pie, se me hizo un nudo en la garganta y un dolor punzante en el pecho casi me ahoga al pensar que hab√≠a algo mal con Grace o con nuestra peque√Īa.
¬ęRespirar.¬Ľ Esta vez el doctor habl√≥ en un tono de voz m√°s suave que antes, lo que me salv√≥ de un inminente ataque de p√°nico. Mis ojos ansiosos escanearon su expresi√≥n fren√©ticamente mientras esperaba que me actualizara.
¬ę¬ŅS√≠?¬Ľ
La angustia nubló el rostro del doctor, quien respiró hondo y luego lo contuvo. Mi corazón se congeló. Apartó la mirada de la mía y sacudió la cabeza. Seguí mirándolo, haciéndome más impaciente.
¬ę¬ŅPodemos sentarnos?¬Ľ pregunt√≥, se√Īalando con la mano una fila de sillas de pl√°stico azul dispuestas a lo largo del pasillo.
Me senté tristemente, sin quitarle los ojos de encima, que se sentó a mi lado. Volviéndose completamente hacia mí, puso sus manos en su regazo y me miró con simpatía. Casi grité por su lentitud.
‚ÄúEn primer lugar, tienes una hija. Ella est√° bien, sus par√°metros son buenos, pero como saben naci√≥ unas semanas antes de tiempo, por lo que la mantendremos en la unidad neonatal en observaci√≥n durante un tiempo. Siempre somos muy cautelosos en los dos primeros d√≠as de vida de los beb√©s prematuros porque esas √ļltimas semanas en el √ļtero marcan la diferencia en la adaptaci√≥n fuera del √ļtero‚ÄĚ.
¬ę¬ŅY Gracia?¬Ľ pregunt√© preocupada.
El m√©dico se pas√≥ una mano por la frente antes de mirarme a los ojos. Con una respiraci√≥n profunda, ella neg√≥ con la cabeza. ‚ÄúNo hay una manera f√°cil de decirlo, Cole. Grace tiene c√°ncer¬Ľ.
Al principio pens√© que hab√≠a o√≠do mal. Entonces el shock se apoder√≥ de m√≠ y mi coraz√≥n se aceler√≥ hasta mi est√≥mago, deteni√©ndose de nuevo. ‚ÄúQu√©‚Ķ No‚Ķ Mierda, te equivocas,‚ÄĚ protest√©, ‚Äúeres un mentiroso. ¬ŅC√≥mo te atreves a decir tal cosa?¬Ľ. Mi tono era agudo, agresivo, y me puse de pie, mi coraz√≥n lat√≠a m√°s r√°pido que nunca. Pas√© mis dedos por mi cabello y apret√© dos mechones en mis pu√Īos.
Mi estómago dio un vuelco y el sabor de la bilis en mi garganta hizo que volviera a dar vueltas. Empecé a alejarme mientras la ira, la agresión y el rechazo inicial se acumulaban dentro de mí, luego me di la vuelta y caminé de nuevo para enfrentar a Ken nuevamente.
¬ęAmigo, acabamos de tener una ni√Īa, no puede estar enferma¬Ľ, me re√≠ de √©l. ‚ÄúEsto es una mierda. No voy a sentarme aqu√≠ y escucharlo. Ha visto la Gracia: es la imagen de la salud. Estamos aqu√≠ para tener un puto beb√©¬Ľ.
¬ęCole, necesito que te sientes porque hay otras cosas que tengo que decirte y es importante que las escuches¬Ľ, le orden√≥ en un tono mucho m√°s severo y bajo.
‚ÄúCuando visit√© a Grace, r√°pidamente me di cuenta de que su cuello uterino no estaba sano. No pude confirmar el diagn√≥stico antes de recibir los hallazgos patol√≥gicos que respaldaban mis suposiciones cl√≠nicas. Sin embargo, en el quir√≥fano, una vez abierto el abdomen de Grace, lo que encontramos fue peor de lo que imaginaba, y sin posibilidad de error¬Ľ.
Por un momento el doctor guardó silencio, luego suspiró profundamente, como si decir lo que tenía que decirme lo estuviera matando, al menos tanto como me estaba matando a mí. La forma en que suspiró inmediatamente me hizo sentir su decepción.
Agarrando mi brazo, ella neg√≥ con la cabeza de nuevo. ‚ÄúCole, lo que quiero decir es que el c√°ncer de Grace es tan extenso y avanzado que es inoperable. No tengo idea de c√≥mo no colaps√≥ antes. Grace todav√≠a tiene algunas semanas, si no d√≠as, de vida¬Ľ.
Me quedé sin aliento, incluso antes de que sus devastadoras palabras arraigaran en mi mente. El susto entonces hizo que mis pulmones se vaciaran de todo el aire que tenían adentro y, en ese terrible momento, me pareció que mi corazón roto había dejado de latir… sin embargo, seguí respirando.
‚ÄúEl tumor se ha diseminado por todo el cuerpo: el recto, la vejiga, la pared anterior del √ļtero, el intestino delgado y el h√≠gado. Probablemente sea la raz√≥n del dolor que ha estado sintiendo en las √ļltimas dos semanas¬Ľ.
¬ęPero en los controles prenatales te dijeron que los dolores son normales hacia el final del embarazo… no importa, ¬Ņcu√°ndo puedes empezar con las terapias?¬Ľ Pregunt√©, todav√≠a aferr√°ndome a la esperanza.
‚ÄúNo, Cole, no pareces entender el punto de mi discurso. No hay terapia. Y estoy hablando con ella ahora, y no en presencia de Grace porque no estoy seguro de c√≥mo y si se recuperar√° de la cirug√≠a¬Ľ.
Girando la cabeza, mir√© hacia el pasillo del hospital y mir√© a la gente del otro lado deambulando, ocup√°ndose de sus asuntos mientras yo intentaba imaginar la pesadilla de mi futuro con una esposa moribunda y una ni√Īa que cuidar. .
Hubo muchas veces en las que pensé que la vida era cruel, pero el horror del que había oído hablar repetidamente nunca llegó a mi puerta principal.
La mayoría de las tragedias le habían sucedido a otras personas, aunque a veces mi corazón también había sufrido, como la muerte de mi padre. Pero en ese momento tuvimos un período de tiempo para adaptarnos.
Su muerte había sido gradual y nos había dado tiempo a mi madre, a mi hermano ya mí para acostumbrarnos a vivir sin él. En el momento de su muerte nos habíamos resignado a su suerte al haberlo visto empeorar y morir. No tenía nada que ver con lo que estaba enfrentando ahora, solo, en ese pasillo estéril del hospital, el destino pendía de un hilo con nuestro futuro a su merced.
‚ÄúGrace ahora ha sido transferida a la UCI y est√° muy sedada. Tu hija, como ya te he asegurado, est√° bien. Podr√°s verlos a ambos tan pronto como los coloquen arriba¬Ľ. Me di cuenta de que no hab√≠a habido las felicitaciones habituales por el nacimiento de un ni√Īo.
¬ę¬ŅHay alguien a quien podamos llamar para que est√© contigo?¬Ľ Como no respond√≠a, mi mente estaba completamente entumecida por esa noticia, el m√©dico habl√≥ de nuevo. ¬ęVamos a la sala de espera y te explicar√© qu√© hacer¬Ľ.
Lo segu√≠, caminando por la mitad del pasillo, luego entramos en una peque√Īa habitaci√≥n. Parec√≠a c√≥modo, las paredes pintadas de un verde que r√°pidamente asoci√© con malas noticias. Era casi id√©ntico al mobiliario del centro de cuidados paliativos en el que hab√≠a acabado mi padre.
Extendiendo la palma de su mano, el Dr. Ken me indic√≥ que me sentara, pero decid√≠ permanecer de pie. ¬ęCu√©ntame¬Ľ, lo inst√©. Una vez m√°s, me inst√≥ a que me sentara y finalmente lo hice.
‚ÄúComo ya te dije, las met√°stasis secundarias y los tumores han atacado muchos de tus √≥rganos. Debido al estado de Grace, tuvimos algunas complicaciones durante la cirug√≠a, pero la beb√© est√° bien, respira sola y tiene temperatura normal‚ÄĚ.
Por un largo momento no pude pensar, la enormidad de esa noticia amenazaba con hacerme perder el control, pero sab√≠a que no pod√≠a permit√≠rmelo. ¬ęDime qu√© hacer¬Ľ, susurr√©, las l√°grimas corr√≠an por mis mejillas, aplastadas por el peso de mi situaci√≥n desesperada.
Grace se est√° muriendo, Cole. Probablemente le quede muy poco tiempo, especialmente ahora que la cirug√≠a ha comprometido a√ļn m√°s su condici√≥n. Estar√° extremadamente d√©bil y una vez que reduzcamos los sedantes, si se despierta, sentir√° mucho dolor¬Ľ.
¬ŅY si se despierta? Poni√©ndome de pie de nuevo, mis pulmones se sent√≠an tan apretados que podr√≠an salirse de mi pecho en cualquier momento. Una ola de miedo y desesperaci√≥n ante la idea de perder a Grace me ahog√≥ en la garganta y tuve esa horrible sensaci√≥n de perder el contacto con la realidad.
¬ęPor favor, dime que eso no es cierto¬Ľ, supliqu√©, mi ira crec√≠a hasta que estaba furiosa por lo injusta que era la vida.
Puso una mano en mi antebrazo, su mirada adolorida. ‚ÄúCole, me gustar√≠a decirte algo diferente, pero no puedo. Grace empeorar√° r√°pidamente a partir de ahora. Estamos haciendo todo lo posible para que se sienta bien. ¬ŅHay alguien a quien podamos llamar para estar contigo?¬Ľ el insisti√≥.
Buscando en el bolsillo trasero de mis jeans, saqu√© mi tel√©fono celular mientras el m√©dico intentaba informarme sobre la buena calidad de los cuidados paliativos. Sus palabras sobre ofrecerle a Grace un buen final eran lo √ļltimo que quer√≠a escuchar, as√≠ que lo ignor√© por completo y llam√© a mi mam√°.
‚ÄúMam√°, soy yo. Te necesito aqu√≠ en el hospital¬Ľ.
¬ę¬ŅGrace tuvo el beb√©?¬Ľ me pregunt√≥ con toda la chispeante emoci√≥n de una futura abuela.
¬ęS√≠, est√° aqu√≠, pero Grace est√° enferma¬Ľ. Termin√© la conversaci√≥n antes de que pudiera hacerme alguna pregunta, puse mi tel√©fono celular en el bolsillo de mi chaqueta y la terrible realidad sobre Grace me golpe√≥ de nuevo en un nivel completamente diferente. La dolorosa verdad contenida en esa informaci√≥n me golpe√≥ con la fuerza de un cami√≥n.
Para ser honesto, no recuerdo las siguientes horas, recuerdo que alguien me empujó en la cara y creo que me desmayé por un tiempo.
Cuando me recuper√©, inicialmente pens√© que hab√≠a tenido un buen viaje, pero desafortunadamente no hab√≠a tenido nada que ver con las drogas durante m√°s de seis a√Īos. Vi un medidor de ox√≠geno en la pared, record√© d√≥nde estaba y me di cuenta de que estaba acostado en una cama de hospital. La pesadilla sobre Grace de la que pens√© que hab√≠a escapado me hab√≠a seguido hasta mi devastadora realidad.
Una nueva vida de K.L. Shandwick
Durante las primeras veinticuatro horas, mi esposa, ahora moribunda, yacía inconsciente en la cama, fuertemente sedada, esperando que se recuperara de la cirugía. Iba y venía, dividida entre la necesidad de estar a su lado y las responsabilidades de un nuevo padre que quería que yo estuviera presente en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales. Afortunadamente, estaba al mismo nivel que el de la UCI para adultos.
Cuando llegó mi madre, la sensación de alivio que esperaba sentir no se manifestó. No había escapatoria del sufrimiento y la angustia que estaba enfrentando.
Estaba convencido de que nadie era capaz de comprender la profunda desesperación que sentía. Fue mi calvario. Solo yo era consciente de lo que sentía mi corazón y decir que estaba amargado ni siquiera podía transmitir cómo me sentía.
Apenas recuerdo fragmentos de los momentos que pas√© en el hospital. Deambul√© de un lado a otro entre Grace, que estuvo l√ļcida durante breves intervalos de tiempo, y la unidad de cuidados para presenciar la interminable rutina de alimentaci√≥n y cambio de pa√Īales del beb√© demasiado peque√Īo e indefenso del que yo era responsable.
Mi √ļnico recuerdo imborrable fue cuando la enfermera de pediatr√≠a coloc√≥ el cuerpo semidesnudo de Layla debajo de mi camiseta, en contacto con mi piel. Durante esos pocos minutos el dolor en mi pecho se hab√≠a disipado temporalmente. Respir√© hondo mientras Layla revoloteaba felizmente absorbiendo mi calor mientras la abrazaba protectoramente contra m√≠. Entonces, cuando sent√≠ su corazoncito latir a trav√©s de su cuerpecito huesudo, me ahogu√© de angustia y volv√≠ a llorar.
A partir de entonces, detuve de raíz cualquier intento de compartir mi dolor. A pesar de los innumerables esfuerzos de mi familia para ayudarme a enfrentar un futuro sin Grace, no podía compartir mi corazón con ellos y prefería cerrarlo. Por un tiempo me negué a vivir, porque sentí que si lo hacía significaría aceptar una vida sin Grace y no estaba preparado ni listo para ello.
Sin embargo, ning√ļn compromiso podr√≠a ahuyentar al asesino silencioso de Grace. Tan dif√≠cil como fue de aceptar, cinco horrendos d√≠as despu√©s de la llegada de Layla a este mundo, mi hermosa esposa, Grace, lo dej√≥. Yo fui un desastre, a diferencia de ella, terriblemente valiente y serena hasta el final, a las 7.48 am cuando su vida fue brutalmente interrumpida.
El Dr. Ken tenía razón: la cirugía había resaltado la extensión del cáncer y la proliferación de la enfermedad que había invadido completamente el cuerpo de Grace. Las palabras de consuelo acerca de que Grace pudo ver a su hija y sostenerla en sus brazos antes de que muriera me enfurecieron. No hubo palabras de pésame que pudieran consolarme y en su mayoría fueron comentarios groseros dictados por la falta de empatía, porque cinco putos días no habían sido suficientes para formar un vínculo con nuestra hija antes de que su madre se fuera para siempre. .
Mientras miraba aturdido el cuerpo sin vida de Grace, era dif√≠cil pensar c√≥mo hab√≠a sido tan descarada y vital en nuestra √ļltima noche juntos. Menos de una semana despu√©s, nuestra felicidad hab√≠a sido borrada para siempre por una forma latente de enfermedad terminal. Y yo estaba furioso con todo el mundo.
Las circunstancias que me habían sucedido eran incomprensibles, pero esa era mi nueva realidad. Nadie podría haber imaginado que en el momento en que Grace estaba agitando ese pedazo de plástico con esas dos líneas rosadas frente a mi cara, su cuerpo ya se estaba preparando para su despedida.
La velocidad de la muerte de Grace no nos dej√≥ el privilegio del tiempo. Ninguna parte de m√≠ fue capaz de aceptar la velocidad con la que me lo quitaron. Ni siquiera hab√≠a habido el tiempo o la claridad para pensar en todas las cosas que quer√≠a decirle. Su muerte me hab√≠a dejado con pensamientos dulces y amorosos que deber√≠a haberle confesado cuando a√ļn ten√≠a la oportunidad.
L√°stima que esos pensamientos solo me vinieron a la mente cuando ella ya se hab√≠a ido, porque eran tan √≠ntimos y sinceros que estaban atrapados en mi cabeza y mi coraz√≥n, sin ning√ļn lugar a donde ir. Nos hab√≠an despojado de lo que muchas parejas dan por sentado: verse cambiar a lo largo de los a√Īos, construir una familia y envejecer juntos.
Sin embargo, lo que m√°s me amarg√≥ fue que Grace nunca ver√≠a a ese precioso ni√Īo por el que hab√≠a dado su vida, privado de la oportunidad de ver florecer la peque√Īa semilla que dej√≥ atr√°s.
Una nueva vida de K.L. Shandwick
‚ÄúLos buitres est√°n al acecho afuera, Cole. Gracias a Dios, mam√° y yo nunca hemos sido el centro de atenci√≥n y por eso no nos est√°n buscando. Aunque vi a un par de fot√≥grafos acechando junto a los ascensores en la planta baja¬Ľ.
El tema de los paparazzi era irrelevante para todo lo que estaba pasando, así que ignoré el comentario de mi hermano Dorian. Prepararnos para dejar el hospital el día después de la muerte de Grace, con nuestro bebé de seis días, fue un duro golpe para el alma. Con el apoyo de mi madre y mi hermano, no tuve más remedio que irme a casa.
Ver a mi madre, que por lo general lucía juvenil, lucir vieja y dolorida, su rostro casi tan dolorido y tenso como el mío, me hizo sentir mal. Había llegado al hospital desde nuestra ciudad natal de Delaware el día del nacimiento de Layla. Recuerdo vagamente que me instó a comer. Completamente absorto en mi dolor, apenas había considerado el impacto que había tenido en ella lo que había sucedido y cómo había sostenido cada uno de mis pasos hacia la muerte de Grace.
No había habido un solo minuto de cada día que Grace o Layla no hubieran tenido a uno de nosotros a su lado. Mi madre había estado allí, recorriendo el mismo camino trágico a mi lado, y apenas me fijé en ella.
Cuando salimos del hospital, se me ocurrió que nunca había pensado en cómo se sentía cada vez que me dejaba por la noche y llegaba a casa preguntándome cómo prepararla para la llegada de mi hija.
La noticia de la muerte de Grace se había difundido por mi notoriedad, como todo lo relacionado con Cole Harkin, el cantante principal de SinaMen. Pero estaba tan asustado que ni siquiera me preocupé por su intrusiva falta de respeto.
Los paparazzi eran un montón de gente insensible, sin sentido de la moralidad ante situaciones que cambiaban la vida de los demás, y la muerte de Grace era una gran oportunidad para ellos. Es por eso que los muchachos de mi banda fueron perseguidos constantemente desde que se dio a conocer la noticia.
Para describir de manera sensacionalista la trágica muerte de mi esposa, los reporteros habían centrado su atención en el tipo de cáncer que la había afectado y especulaban sobre nosotros atribuyéndonos a mi anterior promiscuidad, dando a entender que ese era el motivo de la proliferación de la enfermedad.
Esa conjetura fue un tiro bajo porque estaba limpio. Ir√≥nicamente, nunca hab√≠a estado con nadie sin tomar precauciones, aparte de Grace, y me hac√≠an controles regularmente. Dicho esto, dado que siempre hab√≠a sido leal a Grace en los dos a√Īos que estuvimos juntos, la especulaci√≥n de los medios fue un grave insulto para m√≠. Su malicia hacia el hombre que era pesaba mucho sobre m√≠ y sus juicios sobre m√≠ me resultaban degradantes.
A diferencia de mí, Grace había tenido relaciones sexuales sin protección con varias parejas y estaba usando la píldora cuando la conocí. También había tenido tres relaciones largas.
Demasiado atrapado en mi dolor para luchar solo en ese frente, mi hermano había tomado las riendas, furioso por cómo me estaban atacando a pesar de la situación.
En lo que a m√≠ respecta, me sent√≠ avergonzado por los reporteros que no se hab√≠an centrado en la historia real. Estaba la tristeza t√°cita de una ni√Īa que hab√≠a perdido a su madre y un hombre que hab√≠a perdido a su bella esposa. En su lugar, hab√≠an decidido hacer todo lo posible por el c√°ncer de cuello uterino, culp√°ndome a m√≠.
Una vez afuera en ese día frío y gris, la intrusión y la brutal falta de moralidad de la prensa me mostraron cuando estaba rodeado por un grupo de reporteros hambrientos de chismes. Esperándolo, había cubierto el asiento del automóvil de Layla con un chal de punto blanco para ocultarlo de sus ojos.
Mientras me persegu√≠an, las luces de la c√°mara destellaron y sus preguntas falsas se convirtieron en la cacofon√≠a de un estruendo confuso. A nadie parec√≠a importarle lo devastada que estaba por el impacto de mi p√©rdida repentina o la preocupaci√≥n por la ni√Īa que ten√≠a conmigo. Alguien incluso agit√≥ un cuaderno sucio frente a m√≠ para pedirme un aut√≥grafo.
Abrumándolos, Dorian se desató al dirigirse a ellos con un sinfín de apelativos y toda una gama de términos ofensivos, en mi opinión demasiado amables.
Por mi parte, no prest√© mucha atenci√≥n a su presencia, con la intenci√≥n de asegurar el asiento de Layla en el asiento delantero del auto, concentr√°ndome en escapar de ese infierno y llevar a mi hija a un lugar seguro. La mayor parte del tiempo que pas√© en el centro de atenci√≥n, sab√≠a que estaba siendo escudri√Īada constantemente. Era consciente de que si provocaban una reacci√≥n en m√≠, nos montar√≠an en una nueva historia. Por eso hab√≠a decidido darles la reacci√≥n que se merec√≠an: indiferencia.

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